EL FAN SECRETO (COMPLEJO DE SAN BERNARDO)

Publicado: marzo 3, 2012 en Zopilotadas
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Ahí está la espera

Lo peor de ser un Fan Secreto es el silencio. Los fans regulares se amparan en la seguridad de la lejanía, se prendan de un artista famoso o no-muy-famoso, y disfrutan de su arte, se regocijan ante sus expresiones, se informan de su ideología, se enteran de sus preferencias, se precipitan a su vida “privada” y terminan contentísimos, seguros que este artista los comprende, o que son parecidos. Dos hermanos de pensamiento separados por las adversidades del mundo (Maynard lo expresa mejor en Eulogy http://www.youtube.com/watch?v=9ZteCq5voCc ).

Es cómodo ser un fan regular. Todos lo somos. Todos tenemos nuestras bandas favoritas o un artista que nos conmueve, al cuál respetamos y admiramos, una persona justamente fuera de nuestro entorno, al cual no conocemos y que si llegamos a concocer será de una manera superficial marcada por el embobamiento de la maravilla (“¡Oh por Dios! ¡No puedo creer que este hablando con…!”). El Fan Secreto es parecido pero diferente. Al Fan Secreto le da por ¿admirar? a una persona cercana, algún habitante de sus círculos más cercanos o al menos cercano a sus círculos. El Fan Secreto tiene el descaro de conocer a quién sigue con esa ¿lealtad? del fan regular, pero esto es más difícil porque la interacción constante con el objeto de su ¿admiración? quita el hermoso privilegio de la ignoracia.

El Fan Secreto termina por conocer a quién ¿respeta?, lo escucha hablar apenas a unos metros, le da la mano todos los días, l@ ve tropezar, equivocarse o mentir. Y ahí pierde mucho terreno, en relación al fan regular que goza creyendo al admirado un dios entre mortales. El Fan Secreto está más limitado puesto que se ve obligado a ¿querer? a quién ¿admira? pese a estos traspies que nos hacen humanos, a ¿creer? en este mamarrach@, quién lo ¿conmueve? porque, justamente, algo mueve en él.

El Fan Secreto se ve obligado, entonces, a vestirse con una armadura rota y a soportar los embates de la realidad contra la imaginación, se ve obligado a aceptar a esta persona a quien ¿admira? ¿quiere? ¿respeta? con todo y falencias y se dedica a ser su Fan Secreto de todas maneras. Se acerca  y le da un ánimo silencioso donde le dice cuanto ¿siente? por él/ella sin pronunciar las palabras que lo expresen de verdad, dándole de beber un néctar delicioso que el ¿admirado? bebe con ávidez, conocedor o ignorante de las ¿pasiones? que este Fan Secreto a venido a darle, como un San Bernardo rescatando a un desgraciado de una tormenta de nieve. Y ahí está el punto, el San Bernardo puede lograr rescatar a un extraviado y recibir como toda recompensa una palmadita amistosa en el hocico y el olvido ingrato de los que sobreviven, o a veces hasta un cuchillazo en el corázon para que el rescatado se pueda abrigar con su piel o comer algo que si no se muere de hambre.

El lenguaje de ambos (tanto del Fan Secreto como del San Bernardo) es el silencio. Ambos se callan ante quien ¿admiran?, en el caso del Fan Secreto, o quién rescatan, en el caso del San Bernardo, ambos se dejan utilizar para que sea otro el que este bien, aun a costa de su dolor inexpresado, justamente por su incapacidad de expresarse, aceptando quizá con agrado quizá no, el destino de ¿amar/rescatar? sin ser ¿rescatado/amado?.

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