Lujuria de Sangre Murphiana

Publicado: marzo 3, 2012 en Zopilotadas
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“Ja Ja”

Ese desgraciado de Murphy y yo no nos llevamos para nada bien. Desde chiquito que el muy grandulón se las ensaña conmigo. Y yo, ni modo ni que hacer pues crecí en una de esas guerras eternas, más por no saber cuándo y por qué comenzaron que por el tiempo que duraron.

Pensemos un poco ¿Cómo contratacar a quién aplica sus leyes en base al fatalismo de lo posible? ¿Es el mismo Murphy inmune a sus propias cochinadas? Después de años de solo defenderme de sus embates invisibles y sus reveses de tenista avinagrado, como que me vino el deseo de atacar. Se me despertó esta lujuria por ver correr sangre del Murphy este.

(Una lujuria de sangre murphiana es equiparable al secreto dolor de la decepción cuando nos enteramos que después del colegio tenemos que seguir la charada en la universidad.)

Pero atacar a un omnisciente como Murphy es difícil. Cada vez que intento que algo salga bien, previsiblemente, sale mal. Y ese es el triunfo del pinche Murphy este. Hacer caer el helado del niño acalorado, esconder las pastillas del anciano desahuciado, hacer pasar trufis a Achumani cuando quiero ir a Irpavi, y solo traer trufis a Los Pinos cuando quiero ir a Achumani. Dicen que eso es nada, pero es peor puesto que con las cosas pequeñas el grandulón de Murphy disfruta más. Es ahí cuando más se retuerce de risa, deleitándose en la manera que nos mordemos los labios y decimos: “Ya, ni que hacer”.

¿Cómo no sentir una ligera comezón cuando las cosas no salen como querías? O, cuando menos, cercanamente a lo que querías. Cuando se nos niegan esos pequeños placeres que hacen a las desgracias llevaderas. Murphy sabe que nunca nos bastan esos miles de entes, invisibles o no, pertenecientes a cualquier Olimpo, a los que encargamos nuestras grandes empresas, a los que ruegas para que te pase algo bueno. Murphy sabe que muchas veces nos ignoran, y al muy pendejo le excita quitar las cosas pequeñas por lo mismo.

Por eso deseo esta guerra. Pero es injusta, pues ¿a dónde podría haber escapado Jesús cuando Dios le ordenó morir? Nos consta que lo intentó pero, como bien sabemos, no lo logró. El error de los que luchan contra lo inevitable es que lo hacen desde el ángulo de evitar. Somos humanos, al fin y al cabo ¿Cómo sabes que es inevitable y qué no? Máximo podemos trampearlo al Murphy y sacarle ganancias a la desgracia. No negarla sino invertir en ella. Así sacarle la enseñanza a lo negativo y no engañarnos con lo positivo, es decir esa horrible mentira de creer que todo es lindo.

 

 

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