LOS INSEGUROS NUNCA LLEGAN A ROMA

Publicado: marzo 6, 2012 en Zopilotadas
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Hay inseguridades que pueden terminar por asesinar lo que nos queda de valientes. Pero, eso sí, las inseguridades son madres de muchas dudas y más de un arrepentimiento. A las inseguridades no se les puede decir “FUCK YOU” así nomás, pues incluso al hacerlo se asoma un pequeño atisbo de reconocimiento de la propia mentira, después de todo no es fácil reconocer las flaquezas en uno mismo y tutearlas con la convicción del deseo de ustearles. A las inseguridades se las tiene arraigadas en algún lugar del ser, se ocultan en plena vista cizañando a las creencias, dinamitando los egos, ocultándose en las certezas y bien protegidas por mentiras que desearíamos que fueran verdades. Una persona, como tú o como yo, es esa que va por la vida verborreando extensos monólogos internos, preguntándose si debió comerse la torta del desayuno antes o después de vomitar, desvelándose por alguna frase malintencionadamente inocente que alguien dijo, repitiendo las palabras de un rechazo, incrédulos ante las aceptaciones, decididos ante sus apariencias pero de nuevo desinflados frente al espejo. Las inseguridades son como los desconsuelos, no se van sin dejar huella.

O cicatrices, si se prefiere el drama. Como sea que se lo llame, es una impresión fuerte el recordar cosas que no hicimos bien o no hicimos para nada solo para ponernos a mirar al suelo (algunos por segundos, otros por minutos) para dedicarnos a sabotear con alguna memoria estúpida, o un pensamiento disfrazado de sentimiento, nuestra regalada gana de hacer algo. Mustios o arrogantes nos apartamos de actos para ceder a los insultos de alguna inseguridad de turno. Arrepentidos nos largamos a odiarla a la Inseguridad (pues siempre hay un iluso que cree que hay una sola, así como está el necio que se cree libre de ellas) y a disfrutar de sus hijas, las dudas y su prima, el Arrepentimiento.

Por supuesto que hay quienes se amparan en la deliciosa femme fatale, la Mentira. Esos que se sienten tan seguros que, aun así, dudan de que alguien pudiese romperle la crisma a sus creencias. Si nos movemos en la lógica de la patraña social, pues obviamente somos todos perfectos copos de nieves, únicos, luminosos, comunicativos y completos. No es que critique a la mentira, sería imposible dado que es la misma mentira la que nos permite continuar con nuestras vidas, pero intentando nombrar a la verdad diré: “todos mienten, y sabemos que nos creemos nuestras mentiras.” ¿Quién mejor que uno mismo para venderse la Más Gran Patraña del Mundo? Hay quienes, con tal de ignorar a sus inseguridades, se compran Chocolates Calientes para el Alma y lo beben con esa forzosa lentitud de no un, si no EL Secreto (a gritos) que les da Paz a sus Vidas, sensación de que nada anda mal, que Dios o Alá o Quién Corresponda los mueve como lindas marionetas. Los humanos preferimos vivir en la mentira de la completitud, en el engaño de la creencia absoluta ¿Quién puede culparnos? ¿No es el mundo un Real tan atemorizante que necesitamos escudarnos en mentiras imaginarias, en símbolos omnipotentes que nos salven de la Verdad con muchas otras verdades? ¿No es verdad que si ese Jesús de la biblia hubiese dicho “que lance la primera piedra quien esté libre de inseguridades”, Magdalena habría perecido 2 minutos más tarde sin más trámite?

Es cierto que la gran mayoría dirá que las inseguridades son algo “malo”, que los inseguros nunca llegan a Roma o alguna sandez de esas. Lo cierto es que tendemos a etiquetar de “bueno” o “malo” muy rápidamente. Hay inseguridades que pasan por prudencia, así como hay inseguros que posan como calculadores. Es un error saltar a etiquetar a las inseguridades, después de todo ¿hay algo absoluto en la vida? ¿Es correcto decir que mi verdad es la tuya y la de todos los demás? ¿O simplemente nos gustaría, pues así lo creemos, que todos pensasen como pensamos? ¿Es tan imperdonable algo como dudar de uno mismo? ¿Puede un humano alcanzar omnipotencialidades sin metamorfosear a las mentiras en verdades? Entonces ¿por qué nos torturan tanto nuestras inseguridades? Simple. Son ellas las que se encargan de limitar el alcance de las mentiras que lanzamos sobre nuestro ego. Pero esa es mi mentira, digo mi Verdad.

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