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ROMPE-BURBUJAS

Publicado: abril 30, 2012 en Cuentos
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Despierta. Luisa se despereza sin abrir los ojos, la asalta un dolor de cabeza detestable y al moverse ha sentido su desnudez. Con alarma abre los ojos, mira alrededor al cuarto oscuro como con asco ¿qué podía haberla llevado a aquel lugar? Un cuarto desastroso, peor cuidado y desierto, amoblado solo por una cama sucia, un espejo empolvado y un suelo plagado de botellas vacías.

Luisa se examina frente a un sucio espejo. Piel cobriza, figura decente, rulos desordenados, pone su mano en las elevaciones de su pecho deseando tener más, como buscando insatisfacciones y encontrándolas en cada tramo que sus manos recorren de su cuerpo, aun el rostro con sus cachetes enormes y su cara cuadrada, odia a su padre por haber heredado su mentón salido y el carácter explosivo. Tiene diecinueve recién cumplidos y los ha vivido en esa posición rebelde de quien se siente incomprendida. Es independiente en su dependencia inconfesada, es arrogante con una sonrisa coqueta y taimada, se presenta malcriada pero se entrega virginal, le gusta que los demás crean que ella sabe algo que ellos no. Rechazada por elección propia, Luisa siempre fue de las que elige el camino menos transitado, la innovadora que todos consideran original, única, especial. Quizá por eso le gustaba Ramona  la simple, Ramona Coqueta pero no-muy-linda. Ramona la amiga timidona a quien no siempre ve. Ramona.

Sonríe a su reflejo. Se transforma al sonreír. Sus dientes bien cuidados, simétricamente perfectos podría decirse si su mordida no fuese un tanto salida. Maldice a su dentista con sus diagnósticos rompe-burbujas y busca en el cuarto su ropa. Al vestirse se pregunta qué ha pasado pero no con tanto ahínco.

Toma un micro, no hay apuro.  Le pica la cola, tiene sed ¿por qué estaba desnuda? Se frota la cara, revisa su bolso y saca una cámara fotográfica, la prende distraída y saca un par de fotos al azar, se pone a verlas y encuentra una inesperada.

Es ella. Sonriendo con la ropa que lleva puesta, solo podía ser una foto de la noche anterior. Y la abraza a Ramona, ligeramente  pero ambas con una sonrisa de esas demasiado sinceras, una sonrisa en los ojos que no deja lugar a dudas. Luisa no se siente preparada para lidiar con ciertas cosas, Luisa no recuerda haber estado la noche anterior con Ramona. Su corazón se detiene. Stop, muerte. Memorias mezcladas. Está segura que se acostó con un chico, está segura que el mugre cuarto era de un chico. Flashes le azotan la cabeza: con Ramona estuvo toda la noche, le dio besos en todos los labios, la acaricio con toda la ternura que le permitió su deseo. Con Ramona estuvo bebiendo antes de eso, estuvo conociendo a quien fuera la ladrona de sus obsesiones, la encontró sola y llorando en un bar por un hombre.

Se baja a dos cuadras de su casa, torturada por la falta de recuerdos “¿Dónde estás amiga? ¿Amor? ¿Cariñito? ¿Cosita? ¿Dónde estás pinche perra maldita?” Mensajes de voz. Definitivamente que noche más loca.  Entra a su cuarto, dormita intranquila, la asalta la duda ¿le daba miedo que sus sentimientos desnudos sean la causa de la desaparición? Recuerda un boliche ¿antes o después de los besos? Después, definitivamente después. Empanadeaban. Se ríe con cierta alegría de colegiala, se baña contenta y casi feliz. El detalle que todo lo arruina es los mil y un mensajes de voz que deja y que nadie responde.

Sus padres vociferan algo de irresponsable. Ella se encierra en su baño, se echa en su tina y juega con su celular. De rato en rato llama, pero nadie contesta. Hace memoria. Un muchacho, se les acerca, ella lo besa, Ramona se queda dolida. Luisa se incorpora un poco en la tina. La sonrisa ha desaparecido de su cobriza piel. Se da cuenta que está enamorada de Ramona. Recuerda. El auto del muchacho, parado en el puente de las Américas, son las 3 de la mañana de un viernes, hay tres personas en el auto. Ramona callada en el asiento trasero del auto del muchacho, Ramona llorosa mientras ella, Luisa, se besa descaradamente con el muchacho. Luisa se hunde un poco en la tina, Luisa escucha el eco de sus pensamientos de aquel momento del muchacho, puros gritos autodestructivos, pura gana de negarse algo. Se sumerge completamente para ocultarse sus  lágrimas a si misma, recuerda escuchar la puerta del auto abrirse, recuerda abrir los ojos sin dejar de besar al muchacho. Ve claramente a Ramona subiéndose a la baranda del puente, vuelve a vivir el puñetazo ene l pecho que sintió cuando la vio saltar sin mucha ceremonia, como empezó a llorar y lo disfrazó todo con gemidos de excitamiento, como el muchacho arrancó el auto y lo dirigió a su casa. Sin preguntarse por Ramona la invisible. Recordó que él era malo y precoz, pero que nunca jamás gozó tanto como con él. Recuerda dormirse ahogando los sollozos en salvajes gritos de éxtasis falso. Piensa en la foto y sus grandes sonrisas, piensa en el dentista que le dijo que su mordida es un poco salida y empieza a odiar al dentista por ser un pinche rompe-burbujas.

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