Reflexiones Escatológicas

Publicado: mayo 28, 2012 en Zopilotadas
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Hablemos de la caca. Pero empecemos por el mítico poema.

De los placeres sin pecar, el más dulce es el cagar,
con un periódico extendido y un cigarrillo encendido,
queda el culo complacido y la mierda en su lugar.

Cagar es un placer;
de cagar nadie se escapa; caga el rey,
caga el papa, caga el buey,
caga la vaca,
y hasta la señoríta más guapa hace sus bolitas de caca.

Viene el perro y lo huele.
Viene el gato y lo tapa.
Total, en este mundo de caca,
de cagar nadie se escapa.
Qué triste es amar sin ser amado,
pero más triste es cagar
sin haber almorzado.

Hay cacas blancas por hepatítis,
las hay blandas por gastrítis;
cualquiera que sea la causa,
que siempre te alcanza,
aprieta las piernas duro,
que cuando el trozo es seguro,
aunque esté bien fruncido, el culo
será por lo menos, pedo seguro

No hay placer más exquisito,
que cagar bien despacito.
El baño no es tobogán, ni tampoco subibaja.
El baño es para cagar y no pa’ hacerse la paja.

Los escritores de baño
son poetas de ocasión,
que buscan entre la mierda,
su fuente de inspiración.

Vosotros que os creéis sagaces,
y de todo os reís,
decidme si sois capaces de cagar
y no hacer pis.

En este lugar sagrado,
donde tanta gente acude,
la chica se pasa el dedo
y el tipo se lo sacude.
Caga tranquilo.
Caga sin pena,
pero no se te olvide tirar la cadena.

El tipo que aquí se sienta
y de escribir versos se acuerda,
¡no me vengan a decir que no es un poeta de mierda!.
En este lugar sagrado,
donde acude tanta gente,
hace fuerza el más cobarde,
y se caga el más valiente.

Ni la mierda es pintura,
ni los dedos son pinceles.
¡Por favor, pendejos,
límpiense con papeles!

Para tí que siempre estás en el baño:
¡Caguen tranquilos.
Caguen contentos;
pero por favor,
caguen adentro!

¡Hoy aquí yacen los restos
de este olímpico sorete,
que lucha de forma estoica,
para salir del ojete!

Estoy sentado en cuclillas,
en este maldito hoyo…
¿quién fue el hijo de mil putas
que se terminó todo el rollo?

Hay actos que nos indignan por muy naturales que sean. Sigamos la línea de quienes quieren pegar un grito si es que alguien dice sexo, o pene, o vagina y todas esas palabras asociadas al acto sexual. Y ese es solo un ejemplo muy común. Cualquier hijo del vecino se da cuenta cuando se censura al sexo, pero no quien sea se altera cuando se omite la mención a un acto tan primariamente placentero como cagar.

Cuando se come demasiado, o sea cuando vamos más allá del simplemente estar saciado, impera una somnolencia deliciosa en los parpados del comensal. No abundemos en los detalles de ese otro placer tan delicado que es comer, más bien hablemos de lo que pasa algunas horas más tarde cuando la digestión ya se ha cumplido. Una vez alguien sabio dijo que no se termina de comer hasta que la digestión se cumple y sales de baño después de haber eliminado la carga. Entrar al cuarto del trono con esas ganas locas de cagar la comilona tiene cierto tinte de urgencia. Solo recuerde como se ha precipitado con un apuro innecesario, y piense en la cara de triunfo, o más correcto sería hablar de alivio, del instante preciso en que se ha sentado a expulsar. No solo es ese pequeño sentimiento de triunfo por haber ganado una pequeña batalla, es también el irremediable alivio de las entrañas, cuando el temblor del estómago cesa y nos deja una sensación de sosiego relajador. Claro que después recuerda que no debe sentirse complacido, que lo acaba de expulsar es justamente algo sucio, pero esos son traumas diferentes. Procure no concentrarse en ese después que arruina el momento, el ahora, pues es un ahora tan complaciente que no debería ser así de despreciado. Rechazar el placer de algo que todos hacemos sólo porque hay una concepción de prohibición de placer respecto a algo tan sucio es ridículo. Y, ojo, que esto no se aplica sólo a hacer caca.

Perderse en el después es el principal problema de no poder disfrutar adecuadamente de cuando se hace caca. Es profundizar, estúpidamente, en esa vergüenza antelada, ese asco normado, esa ilusión de limpieza absoluta tan imposible. He ahí factores que nos previenen de disfrutar algo tan primario como evacuar las heces. Es decir, nadie dice que debes tocarlas, o comerlas.. solo expulsarlas y dejarte llevar por ese deliquio tan básico.

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