Nocturñidades

Publicado: octubre 22, 2012 en Zopilotadas
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Noche y día. Quizá la fuerza de este cambio no se encuentre tanto en el porqué se oculta el sol o brilla la luna. Quizá la fuerza de este cambio opere al nivel de las acciones de las personas. Sobre todo porque la gente misma no nota estos cambios. Y es que están ahí e incluso se habla de ellos, pero la cara de la ciudad cambia drásticamente en cuanto se asoma la noche. Desde la calma falsa de la Belisario Salinas, los puestos del burguero muertos a la luz del día, los boliches en general con ese su silencio que parece anteceder las mil y un tormentas que ocurrirán en sus fueros internos cuando caiga la noche. La mentalidad de la gente, en sí, parece sufrir un cambio. Se sonríe más, se está menos apurado, se deja de temer una inevitable marcha que lo bloquee todo, se espera en la trancadera al trufi que nos lleve a casa, se despierta una sed poderosa que se delata en nuestras miradas y que muchos intentan calmar con alcoholes, drogas o amor. Pero esta es una sed quejumbrosa que reclama una saciedad que jamás tendrá, pues lo que busca es librarse de los velos del día, y no hacemos más que dar otro velo. El de la noche. Pero este velo también le da vigor a los paisajes paceños, cuando se ven grupos que salen a comprar bebidas alcohólicas o se entran a los antes muertos boliches para darles vida con sus insanas peroratas, y sus sedientas gargantas de un líquido que los transporte a la no-preocupación.

 

 

 

Esto es muy notorio en cómo se apostan en las plazas, en puertas y otros boliches dispuestos a darle vida a la noche. Si en el día caminaron agotados, sudaron para ganar el Samsung Galaxy de cada día, pensaron en sus problemas cotidianos y se ahorraron todas las lágrimas… por la noche todo estallará en un proceso de juerga que les quitará el agotamiento, mientras se mueven de un boliche al otro, beben en exceso o amistosamente y suben el tono de la voz al ritmo de un canto que algún DJ se digne a poner. En otros se notará en como tomarán las calles, y todos esos espacios que la gente ignora, transformándolos en una pista de baile, en un bar improvisado o en un espacio para recurrir a los besos. También se notará en como muchos llorarán sin lágrimas o a viva voz, pero llorarán al fin y al cabo.

 

 

A todo esto el alcohol seguirá fluyendo, los mendigos seguirán pobres, el gobierno seguirá trabajando, las oficinas estarán desiertas como sus hermanos los boliches lo estuvieron por la mañana, y las voces de la razón se apagarán cada vez un poco más hasta que se pueda recuperar un poco de la conciencia con algún burguero madrugador, o tal vez solo se atine a pasar de todo para terminar perdiendo el pinche Samsung Galaxy por el que tanto trabajaste.

 

 

El día conlleva ese aire de responsabilidades y secretos en susurros. La noche conlleva ese aire de olvido y secretos revelados. En el monologo de los que habitan la noche, se nota como sus frustraciones y alegrías afloran. En el día estará esa necesidad de la apariencia, de ser funcional y demostrarlo. Trabajar, caminar, saludar, ir a un retrete para ir al baño, beber a ocultas, emborracharse anónimamente en algún boliche práctico que abre los brazos desde las 4 de la tarde. La noche despierta una especie de salvajismo forzado que mueve a la gente a divertirse, lamentarse sin vergüenza, motivarse con sustancias, de repente solo perderte en amores u otros venenos, mear donde a uno le plazca como ignorando la normativización de lo correcto en sociedad, beber en público y a gritos hasta que la cana asome la fea cara.

 

 

Si la gente se pusiera a pensar en cómo son de día, y cómo son cuando salen de noche, notarían mil y un cosas que antes dieron por comunes. De pronto se extrañarían de que los burgueros de las 6 de agosto sean posibles solo por la noche (pues más allá de antojarse ¿Quién podría concebir una guesa al mediodía? ¿No es el almuercito un respetable contrapunto a la doña guesa?), también verán con otro rostro la puerta del equi o del mecca, y recordarán cualquier cosa mientras pasan distraídos por la Belisario Salinas, un escenario que vió borrachos a más de uno, sino a todos nosotros. Quizá hasta nos daríamos cuenta de esa eterna transformación entre el día y la noche, que es tan fuerte que hasta a la misma ciudad le cambia el rostro. Tal vez podríamos vernos en nuestra metamorfosis y podríamos sacar una especie de conclusión, una unión entre nuestro yo rutinario y nuestro yo fiestero, y, claro, nuestro otro yo que está al medio. Pero el día vela para que esa magia se pierda y la noche vela porque esa magia se difumine entre tanto olvido al que deseamos someternos.

 

 

comentarios
  1. omnicida dice:

    Nocturñidades es un portmanteu de Nocturno y Paceñidad. Un paceño es el término usado apra referirse a un nacido en la ciudad de La Paz, Bolivia. Belisario Salinas es una calle de La Paz en cuya extensión hay muchos bares, tanto que se la nombra “Belisario Cantinas” a modo de mofa.

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