Archivos para enero, 2013

“Estos son los viajes antes que me perdiera”
– Cerpin Taxt

Foto Antigua
Todos los días escuchamos al menos un poco de música. Sea en el taxi mientras nos movilizamos hacia cierto punto de la ciudad, o en el trabajo mientras nos fatigamos con las vicisitudes de conseguir el dichoso pan de cada día- pues de algo hay que morir, diría Cortázar- e inclusive en nuestras propias casas, intentando escapar al tedio de la náusea que nos queda al digerir el día a día. No es que la vida sea una especie de tortura, simplemente remarco la existencia de un tedio del que nos salva la música y sus misteriosas vibraciones que colman nuestro sentido del oído – y hasta el resto de los sentidos ¿por qué no?- y nos transportan, fuera de (o quizá debería decir ecto, como en los líricos voltianos) donde sea que creamos que está la vida.

Pero casi siempre estamos oyendo más de lo mismo. Afrontémoslo, lo que generalmente se escucha hoy en día, sea en la radio o en los canales televisivos dedicados a la emisión de videos musicales, son tonadas repetitivas poco pensadas y churriguerescas dedicadas a un público que, más que perderse en escuchar y moverse bajo un ritmo, desea idiotizarse en bailes insanos o ritmos repetitivos. Ello no es malo; bailar es una expresión importante y deliciosa. Sin embargo, en todo medio existe la tendencia a la exageración y degradación comercializada. Cada día nuestros oídos son castigados con grupos que no desean pasar de tocar lo mismo todo el tiempo, sin experimentación, sin ninguna variación, sin atreverse a mirar más allá de sus propias narices. Y, lo que es peor, en muchos casos, alimentan a sus oyentes de fantasías sexuales improbables, de ideales románticos anestesiantes y mentirosos que nos alejan del amor y nos acercan a ensueños imposibles que buscan perfección y se alimentan del engaño. Ni siquiera ahondemos en todas las canciones que venden la idea del machismo o de la idolatría al dinero. La moda de hoy invita a todas las anteriores, terroríficamente.

Por supuesto que no se puede aplicar esto a toda banda existente. Ni siquiera podemos decir que la totalidad de la obra de un músico sea una pérdida (excepto de Pitbull, él si apesta en todo), aunque sí se puede decir que estamos plagados por una era musical dedicada al comercialismo y a los anestésicos machistas. Pero en medio de esta epidemia de malas bandas surgieron, y probablemente aun surgen, unas pocas distintas. Como The Mars Volta. Ahora, me encantaría ensalzar a niveles religiosos a la que fue- y es, y será- mi banda favorita, pero no me parece justo simplificar lo que The Mars Volta era con semejante ceguera y actitud lamebotas. Sí, voy a hablar de la manera en que un fan habla. Sí, voy a ensalzar mis sentimientos cuando escucho a esta banda y espero que algún otro fanático que me lea pueda identificarse con lo que siento al escuchar The Mars Volta. Especialmente hoy, 24 de enero del 2013, que escribo esto, día que Cedric Bixler-Zavala anunció que ya no forma parte del dúo que comprendía a The Mars Volta y, por ende, al conjunto que era The Mars Volta Band.

Triste noticia (desgarradora para fans acérrimos como yo) que nos invita a pensar un poco en cómo surgió todo gracias al mismísimo Cedric Bixler-Zavala, como cantante y liricista, y al compositor, director, productor y multi-instrumentalista Omar Rodríguez-López, ex –miembros de la banda At The Drive In, oriunda de El Paso, Texas. Dos singulares personajes quienes mars_volta_guys_by_ImaWreckdecidieron abandonar el creciente éxito de At The Drive In debido a lo que Rodríguez-López llamaría “sofocamiento creativo y una onda muy Nü Punk Rock que no servía para nada”, saltando a fundar un grupo llamado De Facto con su amigo el sonidista Jeremy Ward. De Facto experimentaría con sonidos latinos/salsa y electrónicos y tras la incorporación a la banda de la bajista Eva Gardner y el tecladista Isaiah Ikey Owens, se formaría The Mars Volta.

Empezarían grabando un EP llamado Tremulant, tras el cual sacarían, el 2003, su LP debut, De-loused In The Comatorium (el cual, entrando en la lógica de los comercializados, vendió más de 500,000 copias pese a que el álbum prácticamente no fue promocionado), que recibió muchos elogios por parte de los exigentes críticos del momento. Después sacarían su segundo LP, Frances The Mute, el 2005, el tercero Amputechture, el 2006, el brutal cuarto álbum Bedlam in Goliath, el 2008, el quinto Octahedron, el 2009, y el último disco, Noctourniquet, el 2012.

Lo que atrajo a la gente a este grupo no fueron solo sus ritmos de rock progresivo con un toque de jazz, de punk y un poco de sabor latino o sus letras bizarras y crípticas, sino también el contenido de esas letras, y la energía que transmitían en su música, sin mencionar la improvisada, movida y especial forma en la cual tocaban en vivo. Rodríguez-López con su aparente manera explosiva, creativa, armoniosa y caótica de tocar la guitarra, que esconde a un tirano obsesionado con la perfección en sus parámetros, y de tal manera que era cuerpo del grupo y parte del alma junto a Bixler-Zavala. Ambos sumergidos en un lago creativo donde nos confundían con sus letras al tiempo que nos contaban historias que hacen pensar, quizá en nosotros mismos o en los demás, no importa. Bixler-Zavala sabe cómo llevar su voz a un tono potente y con ella relatarnos las historias que su mente ha creado a través de un lenguaje especialmente tratado. Quizá en la improvisación, quizá en el cuidadoso estructuramiento de los líricos, de nuevo ¿importa? ¿De verdad importa cómo era que estos músicos creaban la música y su letra, tanto como que nos la traían?

Antes de que hoy, 24 de enero del 2013 que escribo esto, me perdiera ante semejante noticia, pude viajar con la música que nos ofrecieron durante 11 años. Como en Ddelousede-Loused In The Comatorium que nos cuenta la historia de Cerpin Taxt y su suicidio. Esta historia está basada en la muerte del difunto amigo cercano de Bixler-Zavala y Rodríguez-López, Julio Venegas que se había suicidado de la misma manera que Cerpin Taxt (monumental momento del disco titulado Televators). En este álbum toda la música está escrita por Rodríguez-López, al igual que los líricos (salvo Drunkship of Lanterns y This Apparatus Must Be Unearthed, en donde recibe la contribución de Bixler-Zavala), pero la historia y el libro de Cerpin Taxt, una obra de mucha complejidad lingüística y plagado de imágenes surrealistas, fue elaborada por Bixler-Zavala con el apoyo de Jeremy Ward, el entonces sonidista de la banda y viejo amigo de Bixler-Zavala y Rodríguez-López. El álbum, en sí, tiene muchos ritmos del estilo latino y una prodigiosa y explosiva guitarra que Rodríguez-López maneja con maestría, además de la contribución de Flea y John Frusciante. En este primer LP de The Mars volta nos podemos perder en la bella tristeza nostálgica de Cicatriz ESP, o la lenta abrumadora vitalidad de Televators (balada en toda regla, hasta por estar fuera de las mismas), sin olvidar el intro que forman Son et Lumiere e Inertiatic ESP que, en palabras de otro fantatico acérrimo como yo, dio una patada en la cara al rock del 2003 anunciando un cambio inesperado que se confirma con la épica conclusión a este primer disco: Take the veil Cerpin Taxt. El gran mérito de este disco estreno fue la capacidad de convertir una novela en música vigorosa al compás de las poderosas orquestas que Rodríguez-López dirige y Bixler-Zavala canta.

En el periodo que siguió, el sonidista Jeremy Ward murió por una sobredosis de heroína, dejando a la banda un hueco y dos diarios. De esos dos diarios nacería el segundo LP, Frances The Mute. Uno de los diarios pertenecía a Jeremy Ward y hablaba de su vida de hijo adoptado, su eterna búsqueda de sus verdaderas raíces, y el otro diario (que había sido halladofrances por Ward) curiosamente tenía un contenido muy parecido al de Ward pese a pertenecer a un completo extraño. Los mitos marsvoltianos (que son muchos) cuentan que tras la muerte de Ward, Bixler-Zavala se encargaría de sacar una historia de ambos diarios, para luego transformar en líricos todo aquello mientras que Rodríguez-López se encargaba de crear música a la cual los líricos se adaptarían (o quizá fue viceversa, no me atrevo a afirmar nada sobre ello). Las canciones de este álbum son de un contenido bastante instrumental, momentos de calma que parece eterna para que sorpresivamente Rodríguez-López nos sorprenda, y maraville, con su explosiva guitarra, al mismo tiempo que Bixler-Zavala nos viola con los contenidos liricos y su voz en falsete pronunciando frases que parecen no tener sentido, pues es necesario contaminarse con ellas, pensarlas y convertirnos en aquello que creemos que expresan para poder hallar un sentido que quizá no exista. A todo lo dicho sumemos a la batería, el bajo, el saxofón, el teclado, la percusión, la trompeta de Flea, los violines y una gama de instrumentos que hacen un disco de rock progresivo-salsa-jazz orquestal. Prueben escuchar los 32 minutos de Cassandra Gemini sin escandalizarse ante los tremores de emoción que nacen de los silencios y de las explosiones instrumentales. Traten de no sentirse apabullados escuchando The Widow. Intenten escuchar todo el album evitando que nazca la pregunta ¿cómo es posible que la salsa, el rock y el jazz combinados suenen tan bien en una estructura de música clásica?

Después vino Amputechture. Disco en el que, en palabras de Cedric, quisieron hacer un: “…comentario sobre el miedo a Dios en lugar del amor a Dios que va mano-a-mano con el Catolicismo… Para mí, la religión es la razón por la cual hay tanto conflicto en este mundo, y pienso que simplemente es tan innecesario creer en este Dios de ojos azules, de blanca barba y de pelo cano. Amputechture es mi manera personal de describir la iluminación, o simplemente la celebración de esta persona que es un shaman y no una persona loca”. Como Cedric expresa, este álbum trata de mostrar su punto de vista sobre la religión, pero no solo criticando a la iglesia que la maneja, sino a los creyentes que la mantienen viva, Bixler-Zavala juega hábilmente con las palabras y crea términos nuevos, rescata palabras que han caído en un lento olvido debido a su poco uso en la rutina y nos obliga a ampliar nuestras mentes, no solo por el vocabulario utilizado en todas sus canciones sino también en el sentido de abrir nuestras mentes a este mensaje que intenta pasarnos.amputechture La música de este álbum causa un fuerte contraste con los anteriores, pues los ritmos son más lentos y menos explosivos pero aun así no dejan de ser sorprendentes y si escuchamos con paciencia logramos sentir de nuevo la energía explosiva y caótica de Rodríguez-López, especialmente en canciones como Tetragramaton, Meccamputechture y Day of Baphomets. Canciones como Vicarious Atonement, Asilos Magdalena y El Ciervo Vulnerado son de un ritmo más lento y letras más significativas propensas a esa pequeña crisis angustiosa de sumergirnos en algo que no comprendemos del todo, al tanto que Vermicide queda como la canción estructurada en un “verso- coro- Verso” que no deja de ser agradable, al tanto que Bixler Zavala se transforma en el alma de la banda puesto que lo que más sobresalta en la mayoría de las canciones es la pasión de su voz y sus líricos, menos en Day of Baphomets donde su voz y la guitarra de Rodríguez-López parecen competir por el liderazgo cuando, en realidad, el show es robado por Juan Alderete y su todopoderoso bajo que todo lo soporta. En suma, Amputechture es el mejor álbum creado por The Mars Volta, pero el más subestimado e ignorado por sus fans.

Más tarde dieron vida al Bedlam in Goliath, álbum que quizá no tiene la misma entereza experimental del Amputechture, pero que, en mi opinión, ningún álbum de su discografía tiene la energía que tuvo este. Es una patada voladora desde la canción de apertura llamada Aberinkualbum-the-bedlam-in-goliathla, cuyo desenlace se asemeja a la locura del disco en general. Es una explosión: energética, musical, cantada, conceptual y hasta emocional; eso se comprueba en la batería de cada canción (llevada brillantemente por Thomas Pridgen) que parece guiar a los demás instrumentos o, a veces, sostenerse por un camino solitario mientras los demás hacen otra cosa, sin que esto haga a las canciones menos armónicas. Metatron, Ouroboros, Cavalettas, Agadez, Wax Simulacra son confirmaciones a esta regla de la constante explosión con descansos aparentes que nos mantienen en tensión, esperando más golpes directos, más patadas voladoras sin darnos cuenta que ya nos encontramos en el suelo sangrantes y medio muertos de golpeados. Si Tourniquet man, Soothsayer, Conjugal Burns e Ilyena son canciones que nos dan la ilusión del respiro (donde no pasa otra cosa que un suspenso terrible y gozoso), Goliath es la canción donde todo se hace obvio, es esa pieza del rompecabezas que nos hace comprender la simpleza de todo el asunto, pero, y por lo mismo, hace obvia la belleza del álbum. Es decir: la complejidad sonando a simpleza ¿Cuántos músicos pueden preciarse de eso? Más de los que uno cree, pero en el panorama de la música actual, pues es una característica muy valiosa. Si a todo esto le añadimos la historia que cuentan los mitos marsvoltianos sobre la oujia que trajo a la banda desgracias e infortunios, podemos considerar que quienes disfrutamos de este álbum hemos podido sumergirnos en una fantasía extraña, como cuando uno es niño y de verdad cree en las cosas.

Todo continúa con Octahedron, esa colección de baladas electrónicas que buscaban definir lo que para ellos era lo aoctahedroncústico. Definiéndose como la banda que busca el cambio, la evolución y las mutaciones, The Mars Volta creó un álbum que forzaba a sus fans a comprender que ellos eran una banda amiga de violar zonas de confort. En especial las propias. Y no importa cuánto se note a un Pridgen, ese Balotelli de la música, buscando refrenar su habitual violencia para acoplarse a las intenciones acústicas, ni que el receso del álbum sea una canción explosiva llamada Cotopaxi, lo que aquí importa es el mensaje alto y claro que mandaron: nos gusta variar, y si para ello debemos hacer pop, so be it. Es un disco admirable cuando uno se pone a analizarlo, nadie presenta al electro-pop, tan masticado hoy en día, con esas ondas oscuras y graves para seguir siendo clasificado como rock progresivo.

El final de todo su legado recibió el nombre de Noctourniquet. Un viaje de rock, hip hop y post punk que ahondaba en las dinámicas musicales de los Volta, pero presentaba un producto que sabía a novedad. Con Deantoni Parks dándole un aire distinto a la batería, los Volta presentaron un álbnoctourniquetum muy esperado, muy retrasado pero que no decepcionó ninguna expectativa. Si bien en el aire ya se olía la muerte inminente, no se podía negar que desde The Whip Hand, Malkin Jewel y Aegis con su estilo hip hopero, el desborde rockero de Dyslexicon y Molochwalker, el delicioso atrevimiento post punkero de Empty Vessels Make the Loudest Sound, In Absentia, Imago y Noctourniquet y el adiós definitivo que, hoy, representa Zed and Two Naughts. Es un disco que, debido a lo que pasó, se ha convertido en casi inefable. Y no porque no podamos hablar del suspenso en que te mantiene escuchar el avance de cada track, o el deleite ante la batería jazzera tocando de esa manera. Se convirtió en inefable porque se lo anunció como el fin de una era. Y, vaya, terminó por serlo.

En sí, The Mars volta fue considerado como un grupo singular. Los mismos fundadores del grupo no deseaban ser etiquetados dentro del rock progresivo, pues decían que la cosa está en hacer música sin preocuparte por las etiquetas que podría recibir esa música que creaste. Sin límites para una canción, que bien puede durar un minuto o media hora, sin aferrarse a la seguridad del éxito de una formula repetitiva donde todas las canciones terminan por ser una copia al gran hit que los hizo famosos, con letras que narran historias de una manera compleja, elaborada, surreal de repente, pero siempre con palabras que no apuntan a sentidos fijos y que- quizá adrede, quizá no- son interpretables de diferentes maneras en cada persona que las escucha. Sin contar con que las palabras proferidas por Cedric son tan dinámicas que Asilos Magdalena significará una cosa hoy, otra mañana. Significantes ricos en significados, algo más común de lo que parece, y aun así difícil de lograr, cuyo mérito recae en lograr hacer obvia su riqueza de significancias. Podría decirse que The Mars Volta fue el resultado del deseo de dos hombres de El Paso, Texas que no quisieron que la música que hacían se volviese repetitiva tan solo por gustar al público o que se vieran limitados por seguir un estilo fijo, sino deseaban que su música implosione en el mundo, sin límites, al tanto que nos contaban la historia de su amigo Julio Venegas, de su amigo Jeremy Ward, del anónimo autor del diario que Ward halló y del mundo que los rodea. Es por eso que The Mars Volta se transforma en una de las pocas bandas que se atrevió a tocar lo que quiso y no lo que los demás pidieron.

Hoy nada más queda que su recuerdo. Quisiera mirar al frente con la esperanza de una reunión, quizá soñar con discos inéditos. Lo cierto es que esa espera es un signo claro de un proceso de duelo que te obliga a estallar por dentro y morir, para luego renacer y darte cuenta que el mundo no es el mismo. Todo se ve igual, pero sabe diferente. La muerte es así, se ensaña con los vivos, los tortura con su presencia y no los deja mirar al frente sin querer derramar una lágrima o dos. Habrán quienes piensen que The Mars Volta era nada más que una banda, buena, mala, rara o como sea que la vivan, no discutiré con ellos. Es más, les daré la razón: no eran más que una banda más en el sinfín de bandas que existen. Una buena banda, sí… pero una banda al fin y al cabo. Pero para quienes crecimos junto con la banda, para quienes esperábamos con ansias cada álbum, que escuchábamos sin descanso sus canciones, maravillándonos en cada ocasión con algo nuevo que notábamos en sus liricos y en su música, para quienes fuimos pasajeros de su Drunkship e hicimos los viajes más increíbles donde encontramos revelaciones sobre la importancia de experimentar e innovar y encontramos, también, cierto sentido en el vigor insano de sus producciones…para quienes cambiamos con, y gracias a, ellos, pues es como perder a un ser querido y encontrarse con las inevitables lágrimas enturbiando las perspectivas del futuro. Es como perderse, desgraciadamente.

Termino estas palabras de adiós a una gran banda recordando la ocasión en que le mandé a Cedric, por Twitter, unos liricos que había encontrado de los Dregtones (otra gran banda que deben escuchar) en internet, preguntándole si es que eran correctos. Nunca olvidaré su respuesta puesto que es uno de los mejores consejos que me dieron jamás: “Nunca confíes en las interpretaciones de los demás”. Y me doy cuenta que todo este panegírico ha ahondado en mi interpretación de la música de los Volta, en una especie de dolorosa terapia para superar el deceso de mi banda favorita. Así que, además de poner el discurso final de Cedric Bixler-Zavala en relación al fin de la banda, los dejo invitándolos a que formulen sus propias interpretaciones de la música que cambió mi vida, quizá en la cándida esperanza de que nadie se pierda la chance de ser revolucionado como yo lo fui alguna vez, o quizá porque quiero que sean muchos quienes lamenten la partida de algo tan grande.

Palabras de Cedric, en Twitter, respecto a la disolucion de la banda:
“Thank you to all Volta fans you deserved more, especially after the way you rooted for us on this album. I tried my hardest to keep it going, but Bosnian Rainbows was what we all got instead. I can’t sit here and pretend anymore. I no longer am a member of Mars Volta. I honestly thank all of you for buying our records and coming to our shows. You guys were a blast to play in front of. We could never had done it without you. My dream was to get us to the point where Jon Theodore and Ikey Owens came back but sadly it’s over. Thank you a million times over for ever giving a fuck about our band. For the record I tried my hardest to get a full scale North American tour going for Noctourniquet but Omar did not want to. I guess a break from Mars Volta means starting another band and ignoring all the support the fans gave us. I tried my hardest, guys. All I can do is move forward with my music and just be happy that Volta ever happened at all. God Damn we had a blast! Thank you again. I just feel really guilty for not even really saying the truth because a hiatus is just an insult to the fans. To all our fans all over the world: thank you for giving a fuck. You all ruled! I don’t think I’ll ever hear “A Fistful Of Dollars” the same. My record will see the light of day soon and I’m excited because it sounds nothing like my previous endeavors. I’m not joking about any of this, I owe it to you guys (all fans) to be serious about this. Thank you to all past members who helped Volta along, as well. We blasted through like a comet and left our mark! If you ever see me in person and want to know why I’ll tell you my side of the story. Finally, Please just be happy that it happened at all, remember all the opposition we were met with for just starting a new band back in 2001.”

finale

Publicado: enero 26, 2013 en Inefable

John Tottenham

I'm so glad

I cannot locate the source of the disturbance
that has blossomed between us.
It seems, possibly, real… untranslatable.
At best it can be mumbled incoherently,
requiring a different language:
one that you can only feel.
And a different form of currency,
in which I lack sufficient means.

Nevertheless, a situation has arisen
that demands my complete attention:
You persevered beyond the numbness,
even after your jaw cramped, to induce
a state of constant sickly anticipation
of something sweet: an impatience to wallow again
in a mutually tacit sense of wonder, to swoon
into a different kind of loneliness,
from which I restlessly await recovery
and the long snarled return to a serene apathy.

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Lyn May

 

Pocos se detienen a pensar en qué dicen los liricos de ciertas canciones. No tengo la menor duda que todos, alguna vez, hemos incurrido en el error de movernos al ritmo que se nos ofrece sin reparar en las palabras que se nos dicen. Como en la estupenda canción de Plastilina Mosh, Mr. P Mosh, que no solo gusta por su ritmo contagioso y divertido, plagado de efectos electrónicos simples y una percusión constante, fuerte y atrapante, sino que termina por convencernos con frases aisladas que suenan divertidas, aun más cuando se ha visto el video donde Alejandro Rosso y Jonás Gonzales se burlan de la vida del mujeriego rodeándose de personas cuya estética posee los elementos de la mujeres “hot”, pero que da más una impresión de un grotesco maravillosamente logrado.

¿En qué palabras nos sumerge esta tragicomedica canción? En el Pachuco King, por ejemplo. Esa figura de la estética de antaño, que nos invita a pensar en un conquistador, un mujeriego de esas épocas antiguas donde el hombre elegante bien podía ser un gangster peliculesco cuyos crímenes horrorosos no se notan detrás de esos trapos amplios y elegantes, de ese traje zoot que de seguro le costó un montón, y que bien lo valía según los mercaderes que lo proclamaban como una gran carnada para atrapar mujeres por su solo estilacho deslumbrante. No olvidemos que un famoso ávido de estos trajes era la Máscara, personaje interpretado por Jim Carrey en la película de 1994, quién era, en esencia, un personaje de mucho estilo, un Casanova caricaturizado.

A este mister P. Mosh se nos lo presenta autoproclamándose el Pachuco King a una señorPachucoita linda (la demasiado moldeada Lyn May, famosa actriz del cine de ficheras de los años setenta), prometiendo un carrazo brillante o luminoso, así como la capacidad de decir las cosas más lindas. Se confiesa un habitante de la noche y sus excesos, que se pasea por ella exprimiéndola hasta los últimos jugos, viviendo no en la vida misma, sino muy cerca a ella, como si vivir para este míster P. Mosh fuese algo más oscuro que para el resto de nosotros mortales, quienes lo miramos y empezamos a envidiarlo ¿Qué varón no desea ser el Casanova del carrazo, las palabras precisas, conocedor profundo de la noche? Y aun peor, este P. Mosh es quien puede mantener soñando a sus presas, dejarlas colgadas en el éxtasis de la incertidumbre, dándoles de beber su sangre para mantenerlas dormidas. Ni más ni menos que anestesiar con la pura esencia de uno ¿Podrá haber mejor lubricante social?

Y, cuando uno menos se lo espera, se está pintando en una posición encima a su presa, juzgándola merecedora de un castigo y, de repente, se está anunciando como el verdugo de los sueños de las señoritas lindas ¿no es un buen Casanova quién invita a soñar, pero no permite que la conquistada duerma? ¿No que Giacomo Casanova disfrutaba creando, o metiéndose, en escenarios complicados? ¿Acaso no nos invita a soñar la imposibilidad? ¿Quién de entre nosotros no estiraría la mano para acariciar un sueño en carne viva?

Pero la verdadera esencia del míster llega con sus advertencias. De alguna manera este perfecto Casanova se delata nefasto, dañino e, incluso, mortífero per0o en ningún momento se pinta como el villano. El machismo ensalza al mujeriego como un hombre muy capaz de ser feliz repartiendo corazones rotos entre la muchachada de jovencitas ilusas. Aplaudido y endiosado, todos los hombres quieren ser, por lo menos una vez en su vida, ese nefasto ser, para las mujeres, que se olvida de toda regla y consigue a la mujer que desea siempre, haciendo parecer a la hazaña como una cosa fácil y rutinaria. Los hombres somos simples en ese sentido, nos gusta saber quien orina más lejos, y adoramos que se difunda cuando resulta ser uno quién se ha levantando por encima de todos los demás que intentaban averiguar a qué lejanías alcanzaba su chorro de orines.

P. Mosh es diferente. Él se atreve a advertir, y con ello a generar más de ese sensual y peligroso misterio que plaga su atractivo. Él le dice a la señorita linda que no lo mire a los ojos donde no hallará la confirmación a todos los sueños que le promete, a las palabras romanticonas que le vende para comprarla. En un arrebato de sinceridad denuncia a sus palabras como vacías, se expone como un arquitecto de sueños suicidas. “Yo soy tu infierno” sentencia dos veces antes de que otro personaje tome palabra y se presente como el verbo del lenguaje del amor (hazaña admirable por sus solas significancias poéticas), el antiguo Pachuco King hasta que todo terminó por la llegada Mr P Mosh y su implacable táctica de Don Juan.

¿Por qué no? Se nos muestra a este Mr. P Mosh como un ser del que tranquilamente podría hablarse como sobrenatural. Él es la gran moda que ilumina al presente, ese ser inquebrantable que ni respirar necesita. Ese ente imposible de encontrar, a menos que sea él quien te busque, aquel cuyo solo contacto causaría la grave consecuencia de quemaduras asesinas que marcarían a la señorita linda de por vida. En suma, el tal míster este, es uno de esos dioses de la conquista amorosa, el don Juan perfeccionado que todo lo puede, que con todas logra y todas lo saben.

Quizá eso hace sorpresivo el vuelco en el discurso de Mr. P. Mosh de advertencias a confesionario, cuando es este mismo míster quién admite que ya no quiere ser así. ¿Podemos llamar enamorado a hjgjquién dice algo tan fuerte como “quiero estar junto a ti”? ¿No es el romántico más grande quien renuncia al excusable egoísmo del enamoramiento, y acepta su destino como el rey de un camino solitario y hedonista que todos desean transitar? “Solo véanme pasar, no me imiten es mortal. No me busquen o si no su calavera va a llegar.”, se lamenta el míster retornando a las advertencias, solo para verse respondido por un coro de advertidas tontitas que se mueren por conocerlo y entregarse a la muerte chiquita que reparte el Casanova P. Mosh.

 

¿Son los liricos de esta canción de Plastilina Mosh la tragicomedia del Casanova que no desea serlo? ¿Es el monólogo de un amargado con su inevitable destino que otros envidiarían con encono? Sí, en mi opinión. Es el lamento de alguien que muchos hombres, si no todos, desean ser. Ahí está la genialidad de estos liricos, del vídeo mismo con su estética grotesca y sus mujeres con manzana de Adán (amén de Lyn May, y su rostro con el que nadie quisiera despertar): burlarse de los deseos neuróticos de los competitivos hombres, quienes sueñan con ser mujeriegos y envidian a Mr. P. Mosh, que todo eso le sale natural y con facilidad y quién, irónicamente, ya no quiere ser así.

 

Mr P Mosh

Publicado: enero 18, 2013 en Inefable

Consejos de Sebald para escribir

Biblioklept

In the fall of 2001—only a few months before his too-early death—W.G. Sebald taught a fiction workshop at the University of East Anglia. Two of the students from the workshop, David Lambert and Robert McGill have revisited their notes from that workshop and have compiled Sebald’s writing advice into a fascinating document, posted at Richard Skinner’s blog.

My favorite section:

On Reading and Intertextuality

  • Read books that have nothing to do with literature.
  • Get off the main thoroughfares; you’ll see nothing there. For example, Kant’s Critique is a yawn but his incidental writings are fascinating.
  • There has to be a libidinous delight in finding things and stuffing them in your pockets.
  • You must get the servants to work for you. You mustn’t do all the work yourself. That is, you should ask other people for information, and steal ruthlessly from what they provide.
  • None of the things you make up…

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Publicado: enero 17, 2013 en Inefable

Tolkien y su mitopoeia…

Writing Is Hard Work

Image courtesy New Line Cinema

Tolkien’s letters are rich with information about J.R.R. Tolkien’s writing process.  I wrote a post last week about Aragorn being Tolkien’s example of an epic hero, and someone posted: “But Frodo Baggins is the hero of the LOTR trilogy, right?”  I would argue that he is not, but only one of three or four characters who together make a great hero for the epic story.  Today I will focus on Frodo.

To begin this post, I thought I would pull a quote from a letter Tolkien wrote to his son Christopher on January 30th, 1945.  In it, he discusses something quite interesting: “There are two quite different emotions: one that moves me supremely and I find small difficulty evoking: the heart-racking sense of the vanished past (best expressed by Gandalf’s words about the Palantir); and the other a more ‘ordinary’ emotion, triumph, pathos, tragedy of the characters.  That I am learning to…

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– Para el famoso Coco Flowers

Es curioso como ciertos lugares recuerdan a uno vivencias específicas. Y no solo al nivel de ver en la cabeza la escena de dicha memoria en imágenes de antaño sino, también, por traer de vuelta olores, sonidos e incluso sensaciones que habíamos pensado olvidadas. De pronto retornan con una intensidad, a veces, poco saludable que nos golpea de pura sorpresa. No todo recuerdo es apreciado, ni toda vivencia es placentera. Los lugares terminan por ser una especie de recordatorio imposible de destruir. No son pocos los que fantasearon con destruir el Montículo o la Recoleta, y no por locos antisociales, solo por desconsolados furiosos. Los caudales de malas memorias que estos lugares causan son inevitables. Pero si son olvidables, ignorables e, incluso, con práctica, aceptables.

 
Al fin y al cabo cada espacio por el que nos movemos es el posible escenario de algún momento especial ¿O acaso, tras la ruptura, no nos duelen las locaciones en que hemos vivido cosas con la ex? ¿No sonreímos, casi idiotamente, al ver el parquecito al que nos llevmentally_by_jeffrey-d4tw9v4aban cuando aún creíamos en seres como Papa Noel, el Conejo de Pascua y todos esos bichos fantásticos? Uno nunca sabe que lugares serán testigos de nuestras vidas y sus cauces. Sea en la dicha o en la desgracia. De pronto un ambiente brindará una confusa mezcla de ambos, o quizá ninguno. Lo cierto es que nadie queda impune ante la vida y sus vicisitudes. Por muchas burbujas en las que se encierre uno.

 
Es curioso como la memoria transforma todo antiguo sentimiento en nostalgia, aún desde el rencor propio de los malos recuerdos. Pero ni así se deja de sentir una picazón de arrepentimiento o un ardor rabioso ante ciertas memorias. El tiempo cura nos dicen, y lo repetimos como si lo creyésemos simulando que una parte de nosotros no desprecia ese conformismo y se frustra ante la perspectiva de tener que esperar a que se pase el dolor. Y nada más impaciente que el dolor, quién exige ser aliviado en cuanto nace ¿o por qué los niños caen en la trampita del “sana sana colita de rana”? ¿No son esas palabras una inocente estafa convertida en bálsamo?

 
Un bálsamo es algo impredecible. Si bien todos tenemos nuestras propias recetas para prepararlos, no es raro que uno nuevo se aparezca para actuar de analgésico mientras esperamos a que el dichoso tiempo le dé por curarnos con el olvido, la aceptación o alguno de esos asuntos existenciales. Sin embargo lo cierto es que el tiempo es otro bálsamo casero al que confundimos con cura para nuestras algias. Si recorrer las calles de la ciudad donde crecí me remonta o, mejor dicho, me transporta atrás en el tiempo, me devuelve a ese instante olvidado en la supuesta linealidad del tiempo, entonces ¿de qué ha servido que el tiempo haya pasado? ¿No se acaba de negar el efecto de este bálsamo con tan solo un recuerdito? ¿De qué ha servido morderme frustrado, esperando que el tiempo me alivie si es que algo tan frágil como la memoria me arruina la terapia? ¿Vale la pena posponer los dolores para que retornen, así, inesperados?

 
No se debe confundir a la paciencia con la espera, ni a la aceptación con el conformismo. Si la herida aún arde es porque todavía no ha curado, y no será el tiempo, por sí solo, quién se encargue de cicatrizarla. Lo más probable es que, incluso, se encargue de añejarla. Añadirle algunos rencores, agrandarla con nuevas derrotas, infectarla con frustraciones o desengaños, abrirla a base de rabia e impotencia, en fin, lo que mejor le calce a nuestras sensibilidades. No olvidemos que al dolor no le importan tanto nuestros aciertos como nuestras fallas, razón por la cual no dudará en alimentarse de cuanto fatalismo encuentre. Incluso si, dejando pasar el tiempo, es olvido lo que logramos, no certificará que las cosas estén mejorando. No por ignorar la herida, evito que la gangrena me robe un brazo. Tampoco por aceptarla. Tan solo aceptar alguna de estas cosas, suena a respirar profundo y decir “de acuerdo”, sin haber cambiado nada.

 
Enfrentar las algias, curar las heridas, asumir los errores, resolver los rencores. Llámese con el romanticismo que se prefiera, en el fondo no se debe perder de vista que acá el dolido es uno, y debe encargarse de sus propias curas. Si uno no se responsabiliza de su herida, no importará cuantos médicos la suturen, ni cuantas enfermeras la atiendan, o cuantos Coelhos lo “autoayuden”, aun peor serán en balde todos los sana sanas que se le hagan. A la herida no le sirve el tratamiento si el paciente no se cuida para que no vuelva a abrirse. Obviando que siempre hay alguno que otro sangrado, a lo largo de la vida, de heridas que creíamos cicatrizadas, no es posible negar que existen quienes se desangran por el mero gusto de revolcarse en su propia sangre y ¿habrá muerte más dolorosamente ridícula que la de un desangramiento por herida mal curada?

 
A medida que pasa el tiempo, los sana sanas pierden su efectividad de manera progresiva. Ya para cuando uno está crecidito, los bálsamos se tornan en cosas complejas y difíciles de conseguir para el paupérrimo efecto que proporcionan. Como con las drogas y medicamentos, nuestros cuerpos terminan por habituarse al efecto y a requerir más y más ¿Quién tiene tanta vida, en este mundo, para depender del tiempo como analgésico o, aun peor, como cura? ¿Quién, que se respete a sí mismo, intenta ayudarse con la patraña de autoayudarse en vez de asumir que el único que puede ayudarse es él mismo, y no un charlatán? ¿Quién desea posponer sus dolores cuando puede detenerlos? No dudo que habrá más de un masoquista que prefiera el dolor tortuoso de la herida gangrenada, así como tampoco dudo que existirán quienes gozan causando estas heridas a diestra y siniestra por el placer de ver sangre chorrear, pero ellos son otro tema a tratar y el papel se me acaba.

 

 

Paciencia

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La oficialidad está ahí para hacernos creer que dentro las entrañas de la civilización no se esconden mecanismos violentos no menos espeluznantes que una película snuff. Cuando salimos, cada día, de nuestros hogares rumbo al inevitable cumplimiento de la rutina (o deber, como le dicen en círculos más militarizados), de repente no notamos la cantidad de velos que se nos impone en orden de no notar el nivel de primitivismo con que funcionamos. Nos convencen de que el mundo funciona como un reloj suizo y que solo los degenerados son aquellos que hacen sus chanchadas para afear al mundo.

 
Las carnicerías están llenas de testimonios a ello ¿no es, acaso, muy cómodo que la carne nos llegue ya troceada y bien muerta, en lugar de llegarnos vivita y coleando? ¿no serían mayoría los vegetarianos si para comer carne tuviésemos que, repentinamente, conseguirnos al cerdo y matarlo con nuestras propias manos? Y no solo eso, damos por sentado que si la sociedad no se cae es porque los sistemas legales y de control son los buenos de la película que nos mantienen a salvo de cualquier Guasón o Nefastófeles que pudiese aparecer.

 
La ilegalidad avala la legalidad ¿cómo si no podríamos pintar al “bueno” de blanco y al “malo” de negro? Necesitamos de esa dualidad donde lo correcto es algo que merece ser preservado por encima de todas las cosas. Y si bien hay normas y reglas que apuntan a causas dignas, incluso nobles pero sin hipocresía, hay otras que son como eufemismos: maneras de delinquir pero dentro los rangos oficiales de la legalidad. Esto permite que veamos a famosos ladrones narrar sus fechorías en los medios de comunicación (otros agentes del eufemismo).

 
“Es nuestro deber, como ciudadanos, denunciar cualquier falta, aunque quien la haga sea un amigo mío” me dijo un amigo muy querido, un poco recuperándose de los efectos del delicioso licor frutado que venden en estos lares, un poco sacando las uñas por las convicciones que mueven su mundo. Postulaba, mi amigo, que cada quien debe poner su granito de arena para Es fácil callar a un policia por Daniel Uriaque el mundo sea un lugar mejor. Y si bien yo apoyo completamente la lucha por un mundo más justo (aunque, a ratos, equitativo suena mejor), debo decir que no se puede decir esas palabras (y encima creerlas) sin una carga candorosa en el propio fuero interno.

 
Incluso me atrevo a llamarlo ceguera. Pero una voluntaria, de esas en que uno se pone solito la venda antes del fusilamiento. Y no nos culpo, después de todo en país de ciegos, el tuerto se arranca el ojo sano. Ninguno de nosotros podría vivir en la sociedad si estuviésemos totalmente conscientes de cuanta matufia se orquesta por detrás. Nos gusta ver a nuestras autoridades como personas justas, dignas de ser seguidas e incapaces de las atrocidades que los reos han cometido. Incluso cuando los pintamos como la misma estafa de siempre a la que nos vemos sometidos ¿no es esa una forma más de legimitizar? Asimismo, preferimos pensar que el reo se está pudriendo en la cárcel y no está jugando billar mientras ve los partidos de la Champions durante una orgiástica parrillada en que tanto policías y ladrones se olvidan que la gente se cree el cuento del bueno y el malo.

 
Se dice que la necesidad tiene cara de hereje. Pero eso solo se dice desde una oficialidad religiosa. Lo cierto es que la necesidad es la única regla universal y, a veces, la excusa más utilizada. Todo “bueno” y algunos “malos” terminan por justificar sus medios con tan bella coartada. De alguna manera sentimos lastima por el “bueno” que tiene que traficar con los “malos”, pero del “malo” nos indigna que tenga acceso a ciertas comodidades que quienes son culpables de crímenes grandes contra la sociedad no merecen. No defenderé a criminales, ni sus crímenes puesto que no soy de esos que se creen que en el fondo somos todos “buenos”, aun peor no soy de quienes defienden lo indefendible. Pero tampoco, y por lo mismo, podría callarme ante la satisfacción de quienes se creen “buenos” por creer que el sistema es justo, que la sociedad no es una juntucha de hipocresías y mentiras que nos venden en orden de evitar el desorden. No es uno más “bueno” por hacer gala de sus eufemismos, así como tampoco lo es por creer los de los demás.

 
Lo importante es entender que “buenos” y “malos” somos todos. Siempre, y al mismo tiempo. Podemos convencernos que nuestros caminos son menos chuecos que otros, pero en el fondo todos actuamos en las mismas áreas grises morales y legales. Si los pensamientos nos condenasen, ningún infierno podría dar cabida a tanto huésped de sus calabozos. Habría, también, que entender que el candor de los “buenos” no siempre trae consecuencias positivas para todo el mundo. O que no todo acto maligno es castigado, por mucho que se lo haya denunciado.

 
Es cierto que para vivir en paz se tiene que recurrir a un entuertamiento voluntario. Pero de ahí a enceguecerse para creernos el cuento del bien y del mal, es demasiado. Podrá ser más simple, más cómodo lanzarnos a condenar a quienes rompen las normas de manera tan obvia y reprochable, o incluso a quienes no cumplen con ciertos requisitos tontos de la tan mal llamada “normalidad”, pero no caigamos en la trampa de creer que todo lo que brilla es de oro o, que es lo mismo, que todo aquel que se viste de “bueno” o de “malo” necesariamente lo es.

 

Foto por Niki Nickey (Nicole Llanos)