La Esperanza del Hastío

Publicado: marzo 11, 2013 en Zopilotadas
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The Pathology of Nowhere

 

 

Resistir implica la conciencia de un hastío de algo en específico. Resistir es tomar una acción en contra de cualquier cosa, más allá del porqué y para qué (mismos que pueden variar de persona a persona, de grupo a grupo). En medio de los anestésicos de la sociedad actual, el concepto de resistencia se hace extraño y débil. Por un lado no hay motivos, ni objetivos claros (no hay gran lucha que nos radicalice, ni opresor demarcado al cual asesinar) que nos hagan desear romper con el status quo. Por otro lado, la subjetividad individualista que trajo el postmodernismo, además del boom del confort, hacen que el planteamiento de salir de los límites se nos antoje una especie de incomodidad equiparable a salir de cama en un día frío, lluvioso y feriado. Si a esto sumamos a la moldeada actitud de la actual generación hedonista, sin ideales y poco pensamiento crítico, que prefiere renunciar a los porqués existencialistas (esos grandes complicadores de la vida), en beneficio de los para qués funcionalistas e ideas de caridad asistencialista, es polémico afirmar, como haré yo, que aún es posible resistirse al sistema hoy en día.

 
Complicado. Difícil. Lento. Improbable. Si bien es posible darle todos estos calificativos a semejante intento de verbo, también es necesario salvaguardarnos de todo tipo de extremismos. No cabe duda que pensar en términos tan simplistas es atractivo por fácil (otro problema de la actualidad), lo que hace que negar la posibilidad de resistencia sea abandonarse a una sola chance, como si el mundo fuese escueto. Cosa que no es, por mucho que así lo diga Coca-Cola y todas las marcas del mercado que nos venden placer, confort e ideas de completitud y felicidad (en un doble mensaje que, también, nos evidencia como vacíos, superfluos e incompletos). El mercado es así, se vale de nuestros complejos para chupar toda la sangre posible, convenciéndonos de anestesiarnos con pensamientos de bienestar y realización relacionados a cuanto tiene uJust don'tno, y cuanto le falta por tener. Eso se suma a otras anestesias que, pese a la globalización, nos alejan de enfrentar realidades como la guerra y la hambruna, que están menos promocionadas, por los medios, que las películas ¿no nos enteramos antes sobre la nueva película de Iron Man, antes de informarnos de cómo continúa (o cómo empezó) la situación de la franja de Gaza? Esto no sorprende en una generación criada en la única creencia del individualismo, tan propio de la postmodernidad, que invita a la letanía: “Yo soy yo. No hay nadie como yo. Soy un hermoso copo de nieve.”, repitiéndola hasta la creencia y permitiendo la proliferación de un egoísmo extremista, que ayuda a poner velos a incómodas realidades ¿quién, que esté seguro de ser bueno, vería necesario cambiar? ¿Quién, que se crea feliz, completo y funcional, arriesgaría reflexionar sobre hambrunas y otras bajezas, a costa de su propia sanidad y funcionalidad? ¿Cómo se sale de una lógica tan centrada en lo que se cree cada quién que es su bienestar?

 
El hastío parece algo improbable en medio de tanta novedad. Nos bombardean con nuevas tecnologías, novedosos conocimientos, chismes, películas y demasiados etcéteras que brillan con esa obviedad cegadora que fulgura nuestros ojos. Sin embargo el hastío es ese fenómeno inevitable por el cual las cosas se presentan como brillosas. Se ha vuelto tan común, hastiarse, que cada día nos deben sorprender con cosas “originales”. El problema no está en que nos hastiemos, sino en que no nos lo admitamos y prefiramos seguir en aquella rutina tan conocida, en esa seguridad cálida que brinda creer en absolutismos.

 
Y los absolutismos son fuerzas que caen bajo el peso de sus inestabilidades. Incluso en algo tan obvio como la cicatriz que dejará la postmodernidad. La ruptura de la lógica moderna exige replanteamientos espirituales, renuncias tecnológicas y crisis existenciales. Es sabido que las formas de control del mercado, globalización y postmodernidad apuntan a alimentar vacíos. Juego peligroso, puesto que es el mismo vacío quién desemboca en una incomodidad e inconformismo que nos harían dudar de hasta el más abrumante absolutismo. Y es que la completitud, según Lacan, es imposible. Ningún humano, neurótico, está satisfecho, ni puede estarlo. Si la probabilidad del hacer y el azar lo permiten, esta insatisfacción empujará a la resistencia porque, más que creer, las personas disfrutamos de quejarnos y rabiar, o conformarnos pensándonos completos. Bien llevado, o explotado, se puede inflamar al fuego buscando quemar la apatía individualista de nuestra conformidad. Bien direccionado se puede hacer del hastío el motor, la excusa, para revolucionar la forma de pensar en la actualidad.

 

 

The Pathology of Nowhere

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