Archivos para junio, 2013

Chuck Palahaniuk, lullaby

Chuck Palahaniuk, lullaby

Respira. Toma confort en el hecho de que al menos alguien te apoya, vive la vida sin mucha noción de hacia dónde vas, y metete en una universidad – cara o barata – para aprender algo que te defienda del mundo real. Déjate convencer – por tus padres, hermanos, amigos, tíos, etcéteras – de estudiar algo lucrativo, algo en lo que habrá empleo para cuando salgas al frío mundo exterior y real, donde sin dinero no hay Edén.

Estudia como puedas y sal en el menor tiempo posible. Esfuérzate, no importa si es que lo haces yendo temprano y cada día a clases, o faltando a todas y cada una de ellas,  u organizando todas las fiestas, incluso puedes optar por destruirte los ojos y nervios para graduarte con honores. Créeme, seas fiestero o estudiante dedicado no importará en lo absoluto. Al salir se reducirán tus méritos, o falta de ellos, a la palabra “egresado.

Convéncete de que no odias la carrera que alguno de tus padres te forzó a tomar, o la que tú elegiste tontamente para complacer a quien sea salvo a ti. Enfrenta tu primer empleo, tu primer jefe, tus primeros compañeros de trabajo y tus primeras tareas con el mismo agrado y pasión con que los intolerantes a la lactosa prefieren beber leche cuando pueden beber jugo de limón. Levántate cada mañana para largarte al cadalso donde sueñas despierto con todas las cosas increíbles que podrías hacer con tu vida si no tuvieras que vivir. Muérdete el labio mientras tu empleo te exige cosas para las que nadie te preparó, ahógate en frustración por cada hora que pasas haciendo algo que te aburre o detestas, cuando podrías estarte muriendo de hambre hastiado de, cuando menos, ganas de continuar.

Cásate con una chica a la que no soportas porque sientes que es lo mejor que podrás lograr, convéncete de que el amor existe y que el amor solito todo lo puede, todo lo logra, todo lo aguanta y, luego, observa a tu relación derrumbarse bajo el peso de lo imposible e insoportable. Búscate una amante cuando la mirada de tu esposa ya ni disimule su aburrimiento u odio. Ignora a tus hijos pues no son más que el recordatorio de que un día elegiste al éxito por encima de lo anhelado.

Constrúyele un altar al dinero que te ha traído hasta aquí. Vende todo lo que puedas de tu vida, sueños, ideas y pensamientos, y compra una casa, mucha ropa de marca, un infaltable auto de último modelo, las quichicientas pulgadas de una tele que apenas usas, una computadora destinada a siempre quedar cada vez más y más obsoleta. Como tú, que ya notas las arrugas y la pesadez, que ya te invade una flojera existencial, que sientes que la vejez es un abismo inefable. Compra juventud con grotescas cirugías estéticas que fuercen a tu cuerpo a convertirse en una asquerosa imitación a lo Barbie. Corta tus párpados, chupa tu grasa, aumenta pechos, rejuvenece las huellas del tiempo y asegúrate que, nunca jamás, nadie mire tu cuello delator, o las manchas de las manos y todas esas características que el cirujano no puede alterar.

Ríndete. Termina tu vida recordando a tus lamentos y durmiendo con tus frustraciones. Acuéstate en tu cama de un chillón de dólares, producto de todo el trabajo que nunca disfrutaste, olvídate de la presencia de tu pareja mientras sueñas con tu ex amante, con quien no tuviste el coraje de escapar. Llora en silencio cuando algún cáncer te anestesie con pura agonía y te aleje de esta vida maldita, mientras no terminas de entender por qué tanta frustración si nunca hiciste lo que querías, fuiste funcional y decente por sacrificar tus locuras y aventuras, te manejaste con todo el tino del mundo pero nunca con el tuyo. Te tragaste lo que detestabas y lo que deseabas no lo pudiste ni probar. Fuiste hijo del sistema y su funcionalidad y te olvidaste de pensar. Muere en pleno lamento. Respira. Vuelve a empezar.

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qotsa

Pasaron seis años desde que Queens of the Stone Age invadió al mercado con un álbum nuevo. Y las expectativas eran muy altas. Me apresuraré a decir que de alguna manera el disco no decepciona, pese a que dejó a muchos con un sabor a poco. Decepcionados, quizá, por los tempos conocidos que formulan ritmos que, a primer oído, suenan a viejo. No olvidemos que Era Vulgaris dejó a más de un fan decepcionado por no aportar mucho al crecimiento musical de la banda. Sensación que quizá se repita, para el fan casual, al escuchar …Like Clockwork, aun cuando no podrá estar más equivocado.

No mentiré: el albúm es difícil de procesar. No necesariamente por la complejidad en la combinación de los instrumentos, o el manejo de tiempos, o los amagues de cambios rítmicos y los quiebres descorazonantes que contribuyen al ambiente del álbum, ya de por sí trágico. Es por todo eso, a lo que se le suma el trasfondo que se fue formando en estos seis años de espera. Yendo desde Joshua Homme hospitalizado, pasando por la banda retocando en vivo el primer álbum en busca de inspiración, la depresión que ayudó a Homme a componer este disco, los artistas invitados cuyo meros nombres alcanzan para una erección musical – Dave Grohl, Trent Reznor, Sir Elton John, el retorno de Nick Oliveri (aun cuando sea solo un invitado), la sexy Brody Dalle, James Lavelle, Alex Turner, Jake Shears, Alain Johanes, Mark Lanegan y Jon Theodore (quién se une como el nuevo baterista de la banda) – ante su sola mención.

...Like Clockwork

El disco empieza con una especie de calma. Con los instrumentos ascendiendo en medio de un ritmo lento para los parámetros de Queens of Stone Age, casi como un anuncio, dada la familiaridad de la tonada, que se siente  diferente en relación a lo que seis años antes había sido Era Vulgaris. Keep Your Eyes Peeled, primera canción del álbum, es más una afirmación que una introducción. Es la manera peculiar de la banda de decir “este disco no es nada nuevo, pero el feeling será totalmente lento, nostálgico y casi depresivo”. Mientras la guitarra avanza intempestuosa, la batería marca un ritmo acelerado al melancólico bajo, y la voz de Homme lanza gritos que podrían sonar a dolor, si no se adivinara una suerte de lamento más propio del desesperado. Las partes calmadas tras la explosión del nudo solo están ahí para relajarnos antes del próximo tema.

I Sat By The Ocean empieza más vertiginosamente, recuperando esa onda alternativa que caracteriza a la banda en sus conciertos y manejándose en una estructura más propia del primer álbum, pero fuertemente influenciada por todos los discos que lo siguieron. Para cuando Homme grita “Silence is closer” la música ya se ha disparado, sin siquiera acelerarse y sin exagerar mucho ese sobresalto. De nuevo, y esto será algo recurrente, se siente una especie de nostalgia, de tristeza en las tonadas y los liricos, en medio de ese caos de instrumentos, que se baten en duelo con una guitarra, causando una sensación de que esta canción – la mejor del álbum en mi opinión – te hace implosionar un poco.

El tono oscuro se profundiza en The Vampyre of Time and Memory con Josh Homme haciendo de increíble hombre banda para una balada en potencia. La canción va progresivamente de una tristeza melancólica hacia una más violenta y contenida.

If I Had a Tail rompe este ambiente, dejado por su track predecesor, sin perder el ritmo pero si variando la velocidad de la batería – que de Joey Castillo pasa a Dave Grohl –  otorgándole un papel más sucio a las guitarras. La canción se apoya en un verso-coro-verso furibundo, que no admite que se le baje el tono, permitiendo solo amagues de querer ir más lento. Como una especie de histeriqueada agresiva y muy obvia, pero no por ello menos maravillosa.

Tras unos lamentos distorsionados, y una ligera y rítmica introducción, la guitarra de My god is the Sun – primer tema revelado d3f8d29fdel disco – inicia a la canción más propia de los antiguos tiempos de Queens of The Stone Age. No que el disco sea una total reinvención, ni siquiera está muy alejado a lo que el Rated R y el Songs for the Deaf establecieron en la historia, y significaron en la mitología de esta banda. My God is the Sun suena como a una explosión ligera y acelerada en donde los fans de los inicios de esta banda encontrarán una brizna de frescura, colmada de sonidos ya masticados. No por nada fue el single con que el álbum se dio a conocer.

Acompañados por un casi invisible Trent Reznor, los Queens of the Stone Age empiezan Kalopsia con un silencio plagado de un susurro extraño que da pie a un ritmo lento, contaminado de angustia. La canción es mentirosa, pues promete calma desde su génesis y luego un quiebre derrumba toda estabilidad en lamentos y más lamentos. Oscuridad, como toda canción en este disco. Lo curioso de Kalopsia es que ya a estas alturas uno debería estar cansado de tanta oscuridad y tan poca novedad en los ritmos, pero es justamente en Kalopsia cuando termina uno de entender que efectivamente existe novedad en este disco y sus estructuras musicales, sea para un oído inexperto o experto. Además que la canción sirve para terminar de aceptar que el tono del disco es definitivamente oscuro de una manera muy distinta a la que Homme nos tenía acostumbrados. Más cercano a Mosquito’s Song que a Sick Sick Sick en términos de oscuridad para Queens of the Stone Age.

Ya Fairwather Friends – con la reina de las reinas, sir Elton John ayudando con el piano y su voz – es una linda distracción. Acelerada, pero nunca perdiendo el tono ni las ligeras experimentaciones rítmicas. Sirviendo, eso sí, como puente al tono más alegre de Smooth Sailing que esconde a unos liricos propios de un autodestructivo que se aferra a una última esperanza. Todo esto actúa elucubrando el ambiente ideal de falsa sensación de bienestar – con un subtexto demoledor en las palabras – que hacen que la violencia de I Appear Missing sea muy arrolladora.

Me gusta pensar que I Appear Missing es el momento al  que todas las otras canciones apuntan. Como si hubiesen sido compuestas para crear un sentimiento en quien las escucha, uno que solo encuentra su catarsis en las tonadas casi ófricas,dsfgd salvajes, reprimidas y depresivas que no redefinen el sonido de Queens of the Stone Age, pero sí el estilo. Ya la canción homónima del álbum queda como un cierre necesario a ese pequeño viaje que es …Like Clockwork.

Es obvio que oídos bien entrenados escuchan claramente las intervenciones de cada uno de los artistas invitados. Pero para oídos poco conocedores como los míos la cosa es muy distinta. Lo cual me permite afirmar que uno de los atractivos del disco es que es muy propio de Queens of the Stone Age. Pese a todas las estrellas invitadas que contribuyen en este disco, ninguna de sus presencias sobresale para apropiarse de las respectivas canciones en las que se unen, y el disco sigue siendo muy propio de la banda que lo toca. Eso es, sin duda, un triunfo entre tanto famoso y excelente músico. Al mismo tiempo que la sutileza de los cambios en la música denota a una banda más madura, mejor producida y que se niega a unirse al montón de bandas comunes que apuestan por algo de electrónica en sus melodías para subirle el volumen a sus ventas. Los de Queens of the Stone Age son meros roqueros, vieja escuela experimentando con la melancolía. Sacándole el dedo a la moda imperante.

Una buena forma de ponerle calificativos al álbum sería nombrarlo como una melancólica reformulación de lo antiguo. Con …Like Clockwork, Queens of the Stone Age se afianza como una de las bandas de rock más grandes de los tiempos, que hace las cosas a su manera – a la Homme, podría decirse – y que no se contenta con simplemente lanzar su música, sino que promociona al mismo con increíbles videos que cuentan con el arte de Boneface. Con miembros que han pasado por las filas de The Mars Volta, que militan aun en The Dead Weather o Them Crooked Vultures – ambas bandas casi perfectas – o que se mantienen en movimiento, con proyectos extraños que hacen girar a la música. Todo esto trae, definitivamente, la promesa de un futuro increíble, no vendido a la moda y que siempre tendrá una manera sutil de innovar. Los críticos expertos le han dado desde cinco a cuatro estrellas a este álbum. Yo solo diré que se ha convertido en mi favorito de Queens of the Stone Age y que vale la pena darse el gusto de escucharlo una y otra vez, sin que nunca aburra.

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Les dejo el video increíble video con el arte de Boneface y fragmentos de las canciones de …Like Clockwork.

Rumi

Quisiera poder indirectearte sin que otras se sientan aludidas. Me gustaría poder dar rienda suelta a todas aquellas pasiones encadenadas que se desviven por ti, que te sueñan, que imploran por ser reconocidas y validadas. Sería agradable poder dejar el secretismo de publicar imágenes, frases, canciones, todas dedicadas a nadie pero siempre pensadas para que lleguen a ti. Son esas indirectas que siempre lanzo y que todo el mundo parece tomar como suyas. Obvio. Los cripticismos tienen la mala costumbre de ser abiertamente interpretables, y la gente tiene la horrible necesidad de encontrarse en las palabras de los demás. Pero las indirectas son la maldición de los romanticones amargados. Son como soñar sabiendo que no se debería. Reprimirse se vuelve fácil una vez que se acostumbra uno a las derrotas.

 
Pero es injusto darle ese enfoque. Incluso suena como una de esas quejas de gente molesta que no tiene nada mejor que hacer que lamentarse porque su vida apesta. Quizá en un punto si lo es, porque hasta en eso indirecteamos loGraham Greene, The End of the Affairs romanticones amargados. Por algún lugar tiene que salir nuestra frustración, así como nuestros sentimientos mal guardados. Es pura histeria. Si uno indirectea es porque se muere porque se descubra la verdad tras los velos en los que se oculta. Si yo te indirecteo tanto, es porque me gustaría que algún día pudieses ver a través de todo y descubras eso que no quiero decir, eso que susurro a gritos tan patéticamente. Que me veas a mi sin las máscaras que recubren mis acciones, pero porque tú te esforzaste por descubrirlo. Al fin y al cabo, las pasiones intensas anhelan ser correspondidas con más de lo que ellas dan. Y lo que yo quiero es que me veas con los mismos ojos con que yo te veo a ti: como a ese ser único, increíble, especial que colma mi mente en cada charla que tenemos, que me llena de drama, tragedia, euforia y risas con pocas palabras, que me llena de impaciencia con sus silencios y me hace desear ser interesante al menos un rato para poder estar a la altura de semejante giganta, de alguien que vive tan intensa y reprimida, tan sentida e ignorada, que se ama, que se odia. Tan intensa e imperfectamente humana que me maravilla.

 
Así son las cosas que por ti siento: intensas. Por cada sorpresa que me brindas, por todas esas palabras que salen de tu cabeza, por como las juntas y ese tu modo de eJohn Steinbeck, East of Edenxpresarlas, por todo lo que me dices que sientes y todas las cosas que callas, por tus amores que me despiertan celos ridículos, por tu distancia física y tu encierro emocional que apenas puede contener la mar de angustias, penas, inseguridades, cariños, deseos, anhelos y todas esas maricadas que a mí tanto me gustan. Y es una intensidad que tú, sin querer (y no creo que, si supieras, lo querrías), alimentas con cada ausencia, con cada silencio, con cada secreto, charla, imagen, canción, programa, video, sin notar que le das alas a tu amante más aguerrido y cobarde, a tu fanático más leal, a tu stalker más terrorífico, a tu amigo más incondicional, al único hombre que nunca hará nada para dañarte.

 
Pero esta indirecta ya se está tornando demasiado obvia. Este escrito es el peor ejemplo de histeriqueo que jamás he escrito pero, últimamente, hay tanto silencio que necesitaba romperlo aunque sea un poquito. Aun a riesgo de que lo leas y te asustes, aun a riesgo de que otras lo lean y se sientan aludidas erróneamente, o de alguna de esas mofas crueles que se hace a las cursilerías. No los culpo, incluso yo odio a las re malditas y predecibles cursilerías. Pero ni modo, no se puede negar lo que uno siente. Y de tanto callarlo cuando charlamos, al menos quiero darme el gusto de escribirlo. Pese a mis amarguras, a mi pesimismo y a mi inevitable mala costumbre de ser realista. Además que es la segunda semana que vuelvo a escribir, después de tanto tiempo, y quise que estuviese dedicado a ti. Aunque no sepas quién eres.

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Numerar lo Incontable

Publicado: junio 10, 2013 en Zopilotadas
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Jailón: Persona de mucho dinero que tiende a ser creído, derrochador y siempre intenta ir con las nuevas tendencias de la moda. Tienen una jerga y tono de habla especiales.

 

Ponerle un porcentaje a la jailonería es una pequeña forma de suicidio ¿a quién le gusta reconocerse en una palabra que se usa como insulto? Mucho menos ponerle un número a ese oprobio, que en el fondo es tremendamente cómodo. No es posible negar que el jailonismo va de la mano de una agradable sensación de bienestar y de poca necesidad de hacer las cosas uno mismo. Algo así como soñar despierto y dormir soñando. No lo digo en forma negativa, tarde o temprano todos vemos la realidad y su crudeza, pero si asevero que ser jailón permite, no necesariamente implica, encerrarse de las crudezas del trabajo, el mundo, la vida y todos esos incómodos etcéteras ¿cómo no querer ser un poquito jailón si esto implica no vivir torturado por vivir?

 

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Identikit de una fiesta jailona (?)

El primer número que viene a mi cabeza es 60%, un poco por querer ser realista pero sin vender mis muchos ideales de justicia izquierdosa y cinismo crítico. Pero sé que es una burda mentira, pues soy de los primeros en aferrarse a los artificios de la comodidad, es fácil ser crítico e implacable si la infancia ha sido fácil y lujosa. Ya con esto en mente me pongo un 80%, como cifra que evidencie mi gusto por lo cómodo, por gastar en cosas innecesarias pero placenteras, por ir a un café caro o al cine más seguido de lo que me permite el bolsillo y, claro, por a veces, meterme a hacer malabares económicos para poder compartir con ciertos círculos sociales míos. Es darse gustos extravagantes para un estudiante, como solo querer comprar libros en físico porque leer en computadora apesta. Pero 80% es una cifra que olvida que mi hablar no es tan jailón, que frecuento lugares y personas “under” más por el gusto de su compañía que por una especie de búsqueda de lo exótico y que, finalmente, me muevo en todos los jailonismos haciendo trampa. Sea estafando a los demás para que se dignen a salir de sus comodidades, manipulándolos para que se convenzan que el café es mejor en la Virgen de los Deseos y no en la Terraza, mintiéndoles sobre un lugar de moda para llevarlos donde su sentido común vomita de asco.

 
Ser jailón es aparentar, es ser arrogante, es ser ingenuo, es gastar sin más límite que el del dinero paterno, es creerse mejor, es creerse en Estados Unidos y no en Bolivia, es ser cómodo, es histeria, es ser limitado, es ser hipócrita, es no querer ver más allá de lo que se le ha enseñado que es bueno, es este rechazo a todo aquel que no es como uno, que no habla como uno, que ni huele como uno, que no se ve como uno. Y muchas de estas cosas son comunes en un ser humano, más allá de lo jailón que pueda ser.

 
Ponerle un porcentaje a mi jailonería se ha probado como un reto. No sé si es porque puedo verlo desde el criticismo de la intelectualidad, o por pura negación puesto que jailón es un término connotado como insulto. En el fondo sé que soy jailón a ratos, es decir cuando gasto sin medida, cuando me rindo a mis extravagancias, cuando me doy el lujo del ocio y muchos etcéteras. Pero, también, sé que tengo otro lado más explorador, aventurero, más consciente del mundo que me rodea y de las vicisitudes del día a día. Sé que este otro lado sabe disfrutar y excederse sin extravagancias ridículas, o económicamente asesinas. Prefiero poner punto final diciendo que mi porcentaje de jailonismo es tan dinámico, que sería de poca visión darle una cifra fija.