Frases de Xavier Velasco I

Publicado: noviembre 8, 2013 en Inefable
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Diablo Guardián

  • El sepelio es el fin de la primera persona. Una ocasión pomposa donde unos cuantos ellos despiden a otro yo de su nosotros, a la vez que lo envían a otro ellos, más hondo e insondable.
  • Pero ¿qué no un cristiano de verdad humilde tendría que considerarse criado, antes que siervo?
  • Las mujeres que duermen con cerdos poco a poco se van haciendo cerdas.
  • Siempre quiso esconderse, volverse invisible.
  • Un día descubrió que escribir era una buena forma de transparentarse, de estar sin nunca estar.
  • Si en el recreo estaba escribiendo en lugar de jugar fútbol o basquetbol o bote pateado, ello al menos le daba a su aislamiento el decoro de la propia elección: estoy solo porque me da la gana.
  • Escribirlas era darse a una vida subterránea.
  • El amor: qué cosa tan prohibida.
  • ¿En qué clase de infierno se habría convertido su ya de por sí horrenda escuela si alguno entre todos eso extraños hubiese conseguido asomarse a sus cartas de amor?
  • Para los otros, su cuaderno era el símbolo de la soledad y el tedio, para él, era como cargar dinamita en la mochila.
  • Cada historia era un fracaso asegurado, pero en tanto duraba era más divertida que todos los trofeos concebibles.
  • Para escribir, es preciso poseer un detecto de mierda, innato y a prueba de golpes.
  • O tal vez con el propósito de llegar a ser lo suficientemente duro para escribir alguna cosa de la que luego no se avergonzara hasta los huesos. Ya no una historia larga, ni corta, ni en episodios, sino cualquier escrito que le permitiera el lujo de medirse en una cancha reglamentaria – periódicos, revistas, lo que fuera –. Una reseña, una opinión, una idea preferentemente demoledora.
  • No es difícil ser implacable cuando se ha crecido entre toda suerte de mimos y licencias.
  • Pig no subía a los hombros de gigantes para ver más lejos, sino para dinamitarlos.
  • Mamita tenía una ventaja sobre el resto del mundo: sabía perder.
  • Como que a esas edades casi todo te pasa.
  • Vivía intensamente amores imposibles de raíz.
  • Prefería eludir todas las probables amistades para mejor centrar sus esfuerzos en seguirlas de cerca, siempre desde una sombra segura, aunque febril.
  • Ciertas mentiras dejan de serlo apenas son creídas por quien las concibió.
  • Por más que el Sapo, el Muecas, el Kilos y el Mister apreciaran sonoramente la huella escrita de sus desvaríos, Pig concentraba todos sus esfuerzos en atrapar los ojos, los oídos, el alma de la Sopa: la primera mujer que descompuso el Detector de Faulkner.
  • Acurrucado en una timidez todavía inexpugnable, Pig hubiera querido llamarla por su nombre.
  • Lejos de enamorarse de ella, Pig estaba prendado de su propia creación.
  • Con esa mezcla de prepotencia y piedad por si mismo que suele proteger al inseguro del ridículo abierto.
  • ¿Desde cuándo los cobardones que hacen pedazos todo lo que escriben necesitan musas?
  • ¿Para qué le servían todas esas trincheras, además de garantizarle un aislamiento a prueba de calor humano?
  • Digo, soy lo que quieras, nomás llégame al precio.
  • ¿Para qué quieres un millón de dólares guardados en el clóset? ¿Cuándo has visto a una niña rica llenando cochinitos?
  • A veces divertirte es llorar con toda tu alma.
  • Nadie se toma el trabajo de armar esas ofensivas asesinas sin un perol de pasiones quemándosele dentro.
  • ¿Te has fijado en lo poco decorativa que llega a ser la verdad?
  • Y si uno se confiesa es porque le hace falta.
  • Además una nunca le confiesa al padre los pecados que piensa cometer.
  • Hay cosas que a los adultos no se les pueden contar. Tampoco cuando crecemos y nos volvemos adultos, pues para entonces ya hemos aprendido a arrepentirnos de haberlas pensado, creído, temido, y así las enterramos en el subsuelo de la memoria: donde nunca hay por qué rascar.
  • Las personas adultas se avergüenzan de su infancia como de su inocencia, y luego también de su juventud, porque lo más fácil y lo más cómodo y lo de mejor gusto es olvidar a tiempo lo que ya no se tiene.
  • Era como el dolor, que siempre llega pero siempre se va. Hasta que cualquier día nos vamos con él.
  • Imposible lograr cualquier aplauso sin antes empuñar bien alto una nueva cabeza chorreando hemoglobina.
  • Exagerar su vida inconfesable, mirarla de soslayo.
  • ¿Cómo darse completamente a la escritura, sin desafiar con ello al buen gusto imperante?
  • Porque hasta cuando sabes que no puedes confiar en nadie te topas con que tienes que confiar.
  • No es cosa de dinero, sino de inversión. El que más invierte tiene la palabra.
  • Los senos son como dinero, ninguno acepta que los necesita pero ninguno deja de pensar en ellos.
  • ¿Por qué la gente cree que llorando y quejándose de lo triste que es su vida va a merecerse cualquier cosa mejor?
  • Una le inventa nuevos nombres a la gente para apropiarse de ella. Nombres con los que nadie más les llama, solo tú.
  • Necesitaba un Dios a mi medida.
  • Pero jamás tocaba el tema de sí mismo: demasiado pequeño a sus ojos. Inoportuno, aparte.
  • Su merecido era: soñar el día entero con ella.
  • Mirándose a los ojos tímidos y triunfantes, como dos niños que recién ahogaron al bebé de la sirvienta.
  • O porque, como tanto se lo había dicho Mamita, su temperamento de hijo único lo emparentaba naturalmente con los chivos: animales habituados al gozo simultaneo de mamar y dar topes.
  • Y no quiso desear, pero deseó.
  • Saltar es como apostar: nadie te obliga, pero lo haces como si no tuvieras otra opción.
  • Negociar: virtud de creativo, pecado de creador.
  • Harto de soledad, listo para treparse en cualquier tren.
  • ¿Cómo hace una mujer para insertarte en su órbita sin siquiera verte?
  • A la gente le gusta ver sufrir a la gente.
  • Aferrarse a la inercia que los lleva a la catástrofe.
  • ¿Cuál era el atractivo que había hecho de la casi-bonita una hermosura?
  • Que con tal de seguir apareciendo conveniente a los ojos de Rosalba podía hacer verdad cualquier mentira, hasta el punto de él mismo creerla y defenderla cual sólo se defienden las intensas certezas.
  • La intensidad de una pasión se mide por la soledad que la precede.
  • Uno prefiere hablar con las estampas porque ellas no se ríen, ni se apiadan.
  • Vamos por la noche como las ambulancias, aullando para silenciar las carcajadas del Creador.
  • Aunque después, muy tarde, Pig terminase descubriendo que no eran tanto los monstruos quienes pedían comida, cuanto la soledad que por su cuenta los amamantaba.
  • ¿Cómo, si no en soledad, puede uno dar crédito y cuerpo al pavor por la nada?
  • Amamos de la única manera soportable: como si jamás fuésemos a morirnos.
  • El amor es lo más parecido a las mentiras. Justifica u opaca la razón, por derecho o torcido que parezca, no requiere de justificaciones.
  • Uno le cambia el nombre a las personas y a las cosas porque así las convierte en solo suyos.
  • ¿No es acaso el amor una asombrosa, y a veces milagrosa, conjunción de patrañas?
  • No te quiero, te codicio.
  • El amor es, como la vida y la ficción, estúpido.
  • A veces las mentiras más obscenas resultan preferibles a una verdad del todo detestable.
  • Cualquiera se habría carcajeado de mirar sus estúpidos rituales, que sin embargo eran lo único que tenía para defenderse de la nada: esa mustia perversa que primero se había transfigurado en Hombre Lobo y después en aquella urgencia convulsiva que le exigía a gritos llamarle por su nombre: amor.
  • Se elige ser feliz, besado, afortunado, aun en la certeza de que sucederá lo opuesto, igual que se le dice “que te vaya bien” a un enfermo terminal.
  • El diablo de allá abajo y el diablo del amor podrán ser parientes y en momentos socios.
  • Pues pasa que el amor – su presencia engañosa i su ausencia estridente – es capaz de mimar todas las tentaciones, y llegado el momento resistirlas, si es preciso.
  • Dar fe a lo improbable es saberse caído, presa dentro, cautivo de una irrealidad en la que solo resta sumergirse, y así andar por las calles con lo que el desdichado juzga una sonrisa imbécil ¿Cuántos santos y mártires han muerto en el cadalso con la sonrisa impresa por una fe impermeable a la desdicha?
  • Porque en el reino del amor sólo sabe quién cree, y lo demás no existe.
  • Se iría solo, como había llegado, como se van al diablo siempre los que esperan.
  • ¿Cómo vivir así, con la vergüenza de aguantarse las ganas de encajarle a la vida una pistola en el ombligo?

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