Sentimientos Naúfragos

Publicado: noviembre 15, 2013 en Zopilotadas
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De pasada leí el texto que se reproduce más abajo y no pude evitar preguntarme “¿Qué tan mal esta esto?”:

“En una isla estaban todos los sentimientos. Un día pasó un barco para salvarlos, todos corrieron. El amor como es el más amable e ingenuo, dio lugar a que todos subieran primero. Pero cuando él quiso subir, el barco ya se había marchado. El amor pidió ayuda, grito y nadie lo escucho… El amor comenzó a llorar, luego paso el “tiempo” y lo salvo. Cuando el capitán del barco se dio cuenta, volvió a buscarlo, pero ya era tarde… El amor ya no estaba. El tiempo se lo llevo”

A ver. Vamos por partes.

“En una isla estaban todos los sentimientos.” Creo que esa es una de las mejores descripciones del infierno que jamás podrán ser escritas. Lo malo es que en el texto no se lo enfoca de esta manera. En el texto sirve para meramente aludir a un imposible: todos los sentimientos antropomorfizados conviviendo en un espacio físico.

“Un día pasó un barco para salvarlos, todos corrieron.” ¡Qué barco más metiche que se mete a salvar a quienes no desean ser salvados! O ¿por qué correrían? Claro que ese es el sentido que puede ser captado por la construcción pobre de la frase. Lo que en realidad quiere decir es que los sentimientos corren hacia el barco, como desesperados por salir de ese infierno, terminar de una vez de convivir los unos con los otros. Odiadores de la compañía, amantes de la soledad. ¿Quién se anima a negar que los sentimientos son unos egoístas? O cuando menos unos egocéntricos.

“El amor como es el más amable e ingenuo, dio lugar a que todos subieran primero.” Esta es una de las concepciones más romantizadas (ergo humana) del amor. El amor no es amable. Siguiendo esa tendencia del antropoformismo diré que el amor es un niño sádico que tortura nuestras cabezas con sus juegos y se ríe ante cada intento que hacemos de ignorarlo. Incluso cuando hacemos las paces con él, nunca deja de ser ese verdugo en ciernes que busca el momento oportuno para mejor cagarnos el humor. Ingenuo: ¡Sí, claro! El amor no es una cosa horrible, como tampoco es un asunto hermoso. Es angustiante, trabajoso, es gozoso, es el más egoísta de los sentimientos (pues nadie comparte al ser amado), está lleno de satisfacciones, pero también de frustraciones, de sufrimientos condicionantes, de alegrías infinitas que se terminan muy pronto; el amor es demasiado enorme como para reducirlo a un algo cándido.

“Pero cuando él quiso subir, el barco ya se había marchado.” Esta parte esconde una verdad interesante. Si te tardas, si le das tiempo al tiempo, el amor se aburre y se va. La victimización del amor en este texto no deja ver al amor como el impaciente bastardo que se aburre fácil, que en realidad es. Si en un primer momento uno no mima al amor, lo más probable es que se vaya en cualquier otro barco que pase.

El amor pidió ayuda, grito y nadie lo escucho… El amor comenzó a llorar, luego paso el ‘tiempo’ y lo salvo. Cuando el capitán del barco se dio cuenta, volvió a buscarlo, pero ya era tarde… El amor ya no estaba. El tiempo se lo llevo.” A una gran mayoría le gusta pensar que el tiempo es una de las mejores soluciones a gran parte de los problemas en la vida. Y no hay como negar que, en ciertos casos, tienen toda la razón. Pero con el amor todo es diferente. Siempre. Si bien, a veces, permitirle al tiempo que arregle las cosas funciona, la mayor parte del tiempo eso solo causa sismas insalvables, metidas de pata que solo distancian. Quien ha amado sabe que el amor necesita de dos cosas para mantenerse estable: actos e insistencia. A eso hay que añadir que el amor es una diva exageradamente egocéntrica pero muy inteligente (rara combinación), quien se resentirá ante los distanciamientos temporales (mismos a los que secretamente nombrará como “abandonos”) y sustituirá sin mucho trámite a quien no le brinde un poco de su droga: atención.

Por supuesto que uno corteja al amor como mejor puede, o quiere, o sabe. Ello no significa que esté bien victimizarlo, o creerlo cándido, por ese antojo de querer disfrazar al amor de algo que nunca será: bonito. O en ese empeño de desprestigiarlo como algo que no es: horrible. El amor es terrible, es jodido, es cruel, pero eufórico. El amor no es simple.

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