Al Diablo todo el mundo lo trata de usted cuando se lo encuentran, pero a sus espaldas no escatiman en los insultos más abyectos y denigrantes que puedan encontrar. Como si desde su limitada omnipotencia el Diablo no pudiese escucharlos convertirlo en el villano de la película, apoyando ciegamente a los, por contraposición, buenos. Acostumbrados a esa cruzada contra el mal, los creyentes de las religiones judeo-cristianas, y quizá otras más, se empeñan en que desprecies al Diablo; lo convierten en el enemigo de la humanidad, el portador del Mal Supremo (en mayúsculas, para mayor drama) que nos arrastrará por gana y gusto al infierno, donde la pasará bomba torturándonos, durante algo tan largo como la eternidad, con las cosas más asquerosas y dolorosas. Torturas que están más allá de lo que sea que la capacidad humana pudiese imaginar. Y, por supuesto, es probable que estén en lo cierto.

Hay muchas chances de que el Diablo sea tan malo como lo pintan, o incluso peor. No por nada se le teme, ni en vano se le ha puesto en esa posición de truhán, no olvidemos que todo villano (que se respete) busca alterar el orden triunfante. Lo cuestiona y lo desestabiliza con sus actos, haciendo que aquellos que viven en ese dichoso orden tiemblen aterrados de que se acabe el idilio y despierten del sueño/pesadilla que es su orden bien amado. El caos, o una promesa de caos, eso representa la malignidad del Diablo. ¿Quién nos ha pintado al Diablo así? ¿Quién, que lo haya conocido, podría venir a desmentirnos, o confirmarnos, semejante imagen? ¿Acaso fue el mismísimo Dios aquel que, motivado por quién sabe qué, nos introdujo esta imagen nefanda del portero del inframundo? ¿O fueron los hombres quienes, sesgados por un asombro al cual nombraron terror, testificaron en su contra? ¿Quién fue el primero en esconderse en las faldas de Dios al sentir el calor de las llamas infernales? ¿O acaso el Diablo se buscó su fama concienzudamente? ¿Se habrá dado cuenta que los humanos tienden a recordar al villano con más pasión de la que jamás podrán atribuir a la memoria de los héroes? ¿Lo forzaron a ser quien es solo por mera estrategia de marketing? ¿Habrá atinado a notar que se necesitaba del otro extremo? ¿Será Dios su amo o su rival? Hay demasiadas preguntas, pero ninguna respuesta. Algo sí es seguro para quienes se meten al baile de las creencias: es el Diablo quien siempre fue maligno. Siempre ese villano despreciable y nefando. Pero constante, como casi nadie en las mitologías y creencias que ha sustentado el hombre a traves de su historia. No necesitamos ver más allá de Dios, ese bipolar, que primero fue un cruel y vengativo padre, y luego decidió convertirse en el amoroso y comprensivo castigador.

Con Dios nunca se sabe. Si bien los creyentes se amparan en su amor, también lideran vidas guiadas por esas leyes que separan lo bueno de lo malo, resienten al perdón pues nunca saben, más allá de la fe, si es que lo han obtenido, y buscan evitar las tentaciones del maligno para ganarse su pequeño pedazo de cielo. Poseedores del libre albedrío, se eligen como los hijos de Dios y renuncian a la quimérica libertad absoluta (pues nadie, creyente o no, la tiene) para aferrarse a las normativas que instituciones humanas traducen de los comandos celestiales. Y el Diablo siempre maligno, siempre villano, nunca cambiando, el eterno torturador y tentador; el Diablo nunca se da por vencido en su cruzada contra el Alfa y el Omega. Superado, venido a menos, despreciado y limitado, el Diablo pelea una guerra que muchos darían por imposible, y lo hace sin tirar jamás la toalla. Con nuestra amargura y tormento como objetivos principales, el Diablo nunca nos pierde de vista, así mientras todos le temen al abandono de Dios, pocos se dan cuenta que es peor cuando hasta el Diablo nos desampara.

¿Qué pasaría si aquellos que creen encuentran algo peor que el Diablo? ¿Qué es lo que diría el Pastor acerca la oveja que desea ser poseída por Satanás para dejar de sufrir tanto? ¿En qué punto de la fe lo infernal se vuelve un consuelo? Y ante todo ¿Cómo hace Dios para juzgar y castigar sin que lo equiparen al Diablo? De nuevo: preguntas sin respuestas, cuando menos respuestas sesgadas por las creencias. Mejor invoquemos al Diablo, pues Dios es tímido y solo habla con sus escogidos, y preguntémosle que piensa.

comentarios
  1. Greengo dice:

    Al pobre Diablo lo han venido tratando como a un revoltoso desde que trató de darle conocimiento al hombre, la ley de Dios siempre parece orientada a mantener a la Humanidad a oscuras, y todo el que trate de echarle una luz al Universo es tachado de “rebelde”, “maloso” y “satánico”. Pobre bicho, es como apedrear al profesor del pueblo.

  2. Elizabeth dice:

    Ustedes lo que están locos todos

  3. Aro dice:

    Tu pregunta es lógica, en tanto que se nota que no sabes mucho al respecto. Las cosas son como se las ven, el diablo es el Dios de esta tierra y por lo tanto su maldad sin rienda da por igual a todo aquel constituido dentro de este mundo. No se dejen engañar tan facil, Dios solo presta su atención al que se la pide, y no se preocupen el Diablo también, pero el tiene una letra chica que pagaras con sufrimiento. Y el sufrimiento lo padeces en vida, nada de escribir “un pagare” y me torturas en el infierno cuando me muera, lo pagaras mientras vivas, el Diablo es el prestamista mas caro.
    La realidad es que, cuando el diablo dio a conocer la decicion entre el bien y el mal, le enseño a hombre a decidir si cumplir la buena función en su roll como persona, o se degradaba en malas intenciones y disfuncionalidades al punto de hacerlas cotidianas, como esta gente que va matando por la vida como si fuera normal y/o un hobie digno

    • omnicida dice:

      Me encanta tu seguridad, cualquiera diría que Dios y el Diablo son tus cuates. Pero, más allá de eso, me gusta la perspectiva del infierno en vida y la del libre albedrío como una eleccion entre el bien y el mal, porque la primera suena más plausible que uin infierno y la segunda le devuelve al responsabilidad al humano en luigar de cargarla a cualquier deidad…pero por otro lado la vida no solo es bien y el mal, o roles funcionales o dsifuncionales.

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