I. Prólegomenos a una historia

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Cartas a los Jonquieres me devolvió a la lectura de Cortázar tras cuatro años de llorarlo atrasadamente por morirse y dejarnos así, egoísta como la misma muerte. O egoísta yo, por reprochárselo, no lo sé. Siendo Los Premios lo último que había leído, esos cuatro años se vieron interrumpidos apenas por una breve remembranza de Las Ménades, cuento con el que coqueteaba releer pero que al final quedó en puro coqueteo.

Todo comenzó hace cinco años, debía presentar un trabajo para una materia de la universidad que consistía en analizar la estructura de personalidad de alguien famoso a quien admirásemos, y Julio fue el primero en venir a mi cabeza. Por supuesto que no fue el único, pero sí fue el primero y el último. Entonces me arremangué las flojeras, me sacudí la importancia de otras materias y me dediqué de lleno a leer biografías de Julio, análisis de su literatura, me di la tarea de leer y releer toda obra suya que poseyese, me conseguí documentales y grabaciones, entrevistas y todo aquello que me pudiese acercar a elaborar la biografía. No diré que hice un trabajo digno, pero sí diré que fue algo muy divertido acercarme a uno de mis escritores favoritos, e influencia en mi literatura, de aquella manera, una que a mi yo universitario de entonces le pareció como un trabajo mastodónico y que puso a Cortázar en un lugar más de ídolo que de humano. En vez de humanizar al hombre con esa tendencia a etiquetarlo todo que tiene la psicología, terminé por idolatrizar la vida del escritor como si hubiera una suerte de realismo mágico en ella.

Cartas a los Jonquieres me dio el placer de humanizar a Cortázar de la manera correcta. Como ya indirecteaba, el análisis psicológico arruina de alguna forma, contamina un poquito la magia de la literatura con los embates desalmados del análisis; disfrazados de buenoides los sistémicos caen en la trampa de la funcionalidad y los estándares moralistas disfrazados de cura, mientras que el psicoanálisis encrudece la belleza de las palabras cortazarianas con sus reales acertados y sus imaginarios tan palpables. Pero leerlo hablar con los Jonquieres es una de esas delicias que lo fuerzan a uno a extrañarlo al Julito y hasta llorar cuando lees que le dedica el Oso a los Jonquieres menores. En Cartas a los Jonquieres puede uno asistir al nacimiento de los cronopios y leer a Cortázar tan íntimo, tan intelectual, tan capaz de usar varios tonos, de hacer literatura incluso cuando no está escribiendo un cuento o una novela, verlo en la misma cotidianeidad que rompió en sus escritos, darse cuenta que él también escribía para poder lo que no podía.

Otro habría sido el trabajo si hubiera tenido acceso a este libro. Pero no fue así. En todo caso llegó para devolverme a Cortázar y olvidar los estragos del análisis psicológico, conocerle facetas nuevas a uno de los escritores que más influenció a mi escritura. Por eso presentó acá una versión con redacción revisada de la biografía que hice para el trabajo mencionado, y además incluyo el dichoso trabajo íntegro (es decir, sin corregir los horrores de mi yo hace años).

II. Historia del Gran Cronopio   

Julio Cortázar fue un famoso escritor que sacudió a la literatura al proponer nuevos estilos de escritura e, incluso, nuevas formas de entender las palabras. Esas son las palabras de un fanático que sabe que Cortázar fue importante por ser quien puso en el aire la cuestión de la literatura como un juego. La gente que lo conoció lo recuerda como un personaje sin igual, un ser que fascinaba al auditorio tan solo con mostrarse en el lugar, elocuente y erudito, de memoria milimétrica, Cortázar resultaba un hombre inolvidable. Como escritor fue descrito como un excepcional cuentista, novelista de vanguardia, poeta sensible, dramaturgo lleno de ideas, crítico original e iluminador, realizador de artefactos artísticos en forma de libro, que renovaron los criterios industriales de producción. Ya fue dicho: un escritor que proponía jugar con la literatura, más que otra cosa, por no quedarse estancado en una sola forma de narrar, intentando tener variaciones en su estilo.

Pero pongámonos biográficos.

Julio Florencio Cortázar nació en Bruselas, el 24 de agosto de 1914 a las tres y cuarto de la tarde. Hijo de María Herminia Descotte y Julio José Cortázar Arias, dos argentinos, residentes en Bélgica por cuestiones diplomáticas según los relatos oficiales, cuestiones de turismo según el mismo Cortázar y cuestiones familiares según el biógrafo Montes-Bradley. Bruselas se encontraba, en ese entonces, ocupada por los alemanes debido a la Primera Guerra Mundial, por dicha razón todo belga se transformaba instantáneamente en ciudadano alemán, pero (y no sin esfuerzo) José Cortázar logra que su hijo sea inscrito como argentino mediante un trámite consular. Los Cortázar habitan en Bruselas hasta el 2 de septiembre de 1915, fecha en la que se trasladan a Zürich, donde habitarían por espacio de 2 años, tiempo tras el cual se mudan a Barcelona, de donde Julio Cortázar guardará vagos recuerdos infantiles. Es esta la época en que Julio José deja el hogar, abandonando a sus dos hijos con su mujer y su suegra. Esto generó un rencor en la madre de Cortázar, que más tarde intentaría proyectar en su hijo e hija, pues se quedaba sola en una sociedad machista donde, según el mismo Cortázar, no podía desarrollarse como podría haberlo hecho sino conformándose con lo “honorable” para una mujer. La familia pasó por grandes apuros económicos durante mucho tiempo y la ausencia del esposo de doña Descotte pesó como muerte. Sin embargo se ha dicho que aquel padre “inexistente” (como lo nombró el mismo Cortázar), ese fantasma, reapareció mucho tiempo después, presentándosele a Julio para pedirle que eligiera un seudónimo para publicar puesto que se sentía incómodo con el hecho de que su apellido se convirtiese en famoso, esta es una variante a la afirmación de Cortázar según la cual no volvió a saber de su padre hasta la muerte del mismo. La variante también nos dice que Cortázar lo despidió de mala manera y desde aquel entonces solo firmó como Julio Cortázar, en una especie de venganza a los años de abandono. La figura ausente del padre es muy notoria en los cuentos de Cortázar, ya sea por la inexistencia de una figura paterna en los mismos o por el retrato de chicos solitarios o padres errados. La biógrafa Paciencia Otaña afirma que esa ausencia es gran culpable de la producción literaria de Cortázar y fuente inagotable de temáticas constantes, un vacío que funciona como clave de la obra cortazariana.

Para 1918 la familia Cortázar (menos el padre; sin embargo una variante nos indica que el padre abandonó a la familia en 1920) se trasladan para Argentina, instalándose en Banfield, una localidad del sur de Buenos Aires. En esta vivienda Cortázar pasó una infancia sin padre, rodeado de una madre mimosa con fuerte rencor contra su esposo desertor,  una abuela que lo fascina, una hermana un año menor que él y una tía inefable. A lo largo de su infancia, estas mujeres estaban encima de Cortázar impidiendo que saliese a la calle, o hiciese cualquier actividad riesgosa porcortazar miedo a que se rompiese un hueso o contrajese una gripe y esto, sumado a la facilidad con que el muchacho se enfermaba, lo hacía un niño bastante sobreprotegido. Es más, se sabe que el niño sufrió varias enfermedades entre las que se pueden mencionar asmas, fracturas y un surmenage (síndrome de fatiga crónica: es un tipo de depresión que bloquea al sistema nervioso; cuando una persona lo padece su cuerpo pierde el control, se desmaya, deja de reaccionar ante cualquier estímulo, incluso puede caer en shock, y parecer un “zombi”). Cortázar vivió una infancia llena de miedo y sobreprotección femenina que recuerda con un cariño inmenso, no solo por el ambiente suburbano que lo rodeaba, sino por esa niñez poblada de barriletes y dominada por el ingenio de juegos que le proponían el atlas Tesoro de la juventud, el Pequeño Larousse Ilustrado, lentes de aumento, insectos, tesoros de la cómoda de su abuela, perros, gatos y un loro parlanchín que repetía Cocó (sobrenombre de Cortázar) y Memé (sobrenombre de Ofelia, hermana de Julio), el mismo Cortázar diría: “Crecí en Banfield, pueblo suburbano de Buenos Aires, en una casa con jardín lleno de gatos, perros, tortugas y cotorras: el paraíso. Pero en ese paraíso yo era Adán.”. La relación con las mujeres de su familia fue muy íntima, especialmente con su madre por la cuál guardaba un cariño profundo y con quien nunca perdió contacto, incluso tras su partida a París.

En 1923, a los 9, realiza sus primero trabajos literarios que la familia sospecha como plagios. Esta suposición lo deprimió de sobremanera, haciéndolo sentir que el mundo era conspiración gigante contra un niño indefenso. Pese a dichas dudas, la madre considera a su hijo como un chico excepcional que debía recibir el doble de atención que algún chico normal. En esta época el niño leía demasiado y algunos médicos llegaron incluso a prohibirle al lectura, cosa que dejaba descorazonado a Julio; para no tener que prohibirle a su hijo la lectura que tanto adoraba, Herminia lo metió en clases de piano y trompeta; más tarde el gusto por estos instrumentos y el saxo lo conduciría al amor por el jazz. En estos primeros años adquirió conciencia de que era distinto  a los demás, no menos ni más, simplemente distinto. Estos primeros escritos, de la infancia de Cortázar, son textos inspirados sobretodo en Edgar Allan Poe y Julio Verne, Cortázar creía ciegamente en las palabras de los libros y en la realidad fantástica que estos le mostraban, y es a partir de esas realidades en las que creía fervientemente posibles, que escribe varios poemas y una novela.

En el transcurso de 1928 cursaría sus estudios en la Escuela Normal de Profesores Mariano Acosta, a la que calificaría de “pésima, una de las peores escuelas imaginables”. Se recibiría en 1932 como maestro de la normal que lo habilitaba para ejercer en el magisterio. Ya en estos tiempos Cortázar se sentía hastiado de vivir en Argentina y parecía no encontrar solución a su dilema (que más tarde retrataría en su cuento Un lugar llamado Kindberg). Es también este el año que descubre el mítico libro Opio de Jean Cocteau que cambiaría su modo de ver la literatura y le harían descubrir el surrealismo.

Para 1935 obtiene el título de profesor en Letras (que, según Cortázar, esto significaba que podía enseñar cualquier cosa, desde matemáticas hasta geografía), además de ingresar a la facultad de Filosofía y Letras; sin embargo abandonaría esta para poder ayudar en el hogar con los ingresos económicos. Es durante esta época que Julio escribía cuentos que no se animaba a publicar. Poco tiempo después, en 1937, sería destinado a un pequeño pueblo llamado Bolívar, del cual se marcharía dos años más tarde, el año 1939, con destino a otro pueblito llamado Chivilcoy. Es importante recalcar la angustia de Cortázar ante la perspectiva de vivir en ambos pueblos, donde se sentía abrumado y ahogado. A partir de entonces hasta el día que zarpó a París, vivió principalmente de la docencia, ayudándose con traducciones y trabajos de oficina que despreciaba, repartiéndose el tiempo de modo que pudiese leer con la voracidad habitual que le atribuían sus amigos, conocer gente pese a su fama de solitario y escribir sin esperanzas de ser publicado. Más tarde los habitantes de Chivilcoy le recordarían como aquél profesor joven con altura de basquetbolista, cara aniñada, que pronunciaba las “erres” como “egues” (debido a que Cortázar sufría de una condición conocida como dislalia), solitario, taciturno y que se pasaba horas leyendo libros de autores franceses en lugares públicos. En 1944, Cortázar se encuentra impartiendo una cátedra de Literatura Francesa en Cuyo, Mendoza y es por ese entonces que empezó a participar en actividades antiperonistas. Sin embargo, Perón ganaría las elecciones en 1945 y Cortázar entonces renuncia a esta cátedra, que consideraba demasiado politizada durante la época. En Mendoza, Cortázar conoce a Sergio Sergi, quien sería de entonces en adelante, gran amigo suyo. En 1946 se publica el cuento Casa Tomada en la revista Los anales de Buenos Aires dirigida por Jorge Luis Borges, quién había leído y recomendado fervientemente el cuento de Cortázar; este gesto de Borges no pasaría desapercibido por su fama de austero e irónico a la hora del elogiar a otros escritores. También publicaría un artículo sobre John Keats y colaboraría con varias revistas de la época. En 1947, también en Anales de Buenos Aires publicaría Bestiario.

En 1948 obtiene un titulo de traductor público de inglés y francés, superando en apenas nueve un meses una carrera de 3 años. Durante estos tiempos sacrificados sufre de creencias paranoicas sobre cucarachas en la comida, miedo Cortazar-785294paranoico que concluye con la creación del cuento Circe; este sería el año donde conocería a su primera esposa Aurora Bernárdez. Ya en 1949 publicaría Los Reyes, esta vez bajo su verdadero nombre; durante ese mismo año escribe una novela denominada Divertimento, publicada póstumamente en 1986,  que en cierta forma es un preludio a su famosa novela Rayuela. También, en 1950, escribe otra novela denominada El Examen, rechazada por el asesor literario, Guillermo de Torre. Cortázar también la  presentará a un concurso convocado por la misma editorial, sin éxito. Esta novela también será editada tras la  muerte del escritor, en 1986. Poco después Cortázar sería visto trabajando como gerente de la Cámara del Libro lo cual vino acompañado de ataques nerviosos que perturbaban su paz. Además de estos ataques neuróticos por la carga de trabajar en la Cámara del Libro, al tiempo que termina sus estudios como traductor público, se le suma su enorme disconformismo con el Peronismo de la época y el no poder escribir por lo ocupado que estaba. Todo esto impulsaría a Cortázar a realizar su primer viaje a Europa usando todos sus ahorros, en una estadía que se alargaría de 1949 a 1950.

Entonces llega 1951, que se convertiría en un año clave dentro la vida de Cortázar no solo por la publicación de Bestiario, sino porque obtiene una beca del gobierno francés y realiza un segundo viaje París, ya muy decidido a quedarse allí con tan solo una maleta con su ropa y un disco de jazz “Stack O’Lee blues”. De su temporada previa al viaje, Cortázar luego diría: “Por entonces, llevaba adelante una vida casi mínima, convencido de ser solterón irreductible, amigo de muy poca gente, melómano lector a jornada completa, enamorado del cine, burguesito ciego a casi todo lo que pasaba más allá de esfera estética”. Comienza a trabajar como traductor en la UNESCO que le brindó un salario fijo y viajes gratis alrededor del mundo con viáticos para cualquier gasto imprevisto y con un empleo como ese asegurado, empieza a desarrollar una vida en esa París que tanto había añorado. Sería en Europa donde se desarrollaría como el gran escritor que llegó a ser. Sobre este punto fue criticado más tarde, puesto que muchos críticos no encontraban la forma en que un Latinoamericano haya podido latinoamericanizarse estando en justamente en Europa, es decir lejos del idioma castellano; sin embargo se ha planteado que su genialidad se debió más a una evolución ideológica, él mismo diría: “Es paradójico, pero tengo claro que si no me hubiese instalado en París, jamás hubiera entendido bien a la sociedad en que me formé, ni comprendido la lógica de sus cambios políticos”. En 1952 se publicaría Axolotl en Buenos aires literaria. En 1953 se casa con Aurora Bernárdez, su primera esposa y para el año 54 realiza un viaje que influenciaría en gran parte en la creación del mítico personaje cortazariano La Maga. Cortazar publica Torito en Buenos Aires literaria y  continua escribiendo lo que luego serán las Historias de cronopios y de famas, que ya había empezado a escribir durante el 51. El 56 publica Final del Juego y el 59 Las Armas Secretas, donde aparece el cuento El Perseguidor; Cortázar dedicaría este cuento a Charlie Parker pues había nacido luego de que Cortázar leyese sobre la muerte del mismo, después declararía: “Fue una iluminación. Terminé de leer ese artículo (que anunciaba la muerte de Charlie Parker) y al otro día o ese mismo día, no me acuerdo, empecé a escribir el   cuento. Porque de inmediato sentí que el personaje era él (…) era lo que yo había estado buscando”. Es desde este cuento que Cortázar empieza a abordar “un problema de tipo existencial, de tipo humano”, que pasaría a ser ampliado en Los Premios (1960) y sobre todo en Rayuela. El año del 61 realizaría su primer viaje a Cuba, a partir de este momento se empezaría a manifestar un cambio en Cortázar al empezar actuar de manera más política, dado su aparente “letargo” en el tema hasta aquel entonces, desde ese entonces se convertiría en un devoto defensor de la Revolución cubana.

En el transcurso de 1963 se publicaría Rayuela, marcando un importante hito tanto en la historia de la literatura como en la vida de Julio Cortázar. La novela más famosa de Cortázar vendería 5.000 ejemplares en su primer año de publicación. Esto lo convertiría en una celebridad en el mundo, haciéndolo una importante figura pública, hecho que más tarde explotaría ya sea como portavoz de las demandas y necesidades de la izquierda latinoamericana o discutiendo repetidas veces con los opositores a Fidel Castro, en ocasiones para denunciar los crímenes de las 20071031elpepucul_19dictaduras y en sus últimos años para apoyar a la revolución sandinista. Pero esta fama no era muy de su agrado, ya sea por el constante acoso de sus admiradores o las innumerables entrevistas a las que se veía sometido. Por tanto desde 1965 pasa largas temporadas en su casa de campo en Saignon; Yurkievich diría a propósito de esto: “La fama era aplastante para él. Todo lector se sentía amigo íntimo, incluso gente que no lo conocía. Cualquiera podía, en cualquier momento, tocarle el timbre, enviado por Fulano o Zutano y entrar en su intimidad.” Tras ello se publicarían Todos los Fuegos el Fuego (1966),  La Vuelta al Día en Ochenta Mundos (1967) y 62, Modelo para Armar (1968). Esta ultima provocaría una reacción de puro desconcierto en la crítica ante la estructura peculiar de este libro. También publica Último Round (1969).

El año 1970, Cortázar viaja junto a su, ahora, concubina Ugné Karvelis a Chile para presenciar la ascensión al poder de Salvador Allende. La separación con Aurora Bernárdez había sido en buenos términos y seguirían manteniendo una estrecha relación amistosa. Ugné era una politizada traductora y mujer de época, muy alejada del estereotipo de mujer de letras que representaba Aurora. Tiempo más tarde publica Libro de Manuel (1973) y Octaedro (1974), ambos libros demostrarían lo comprometido que estaba Cortázar con las causas de la revolución izquierdista de Latinoamérica. El año 78 se separa de Ugné Karvelis, con la que sigue manteniendo una estrecha amistad. Ya para ese año emprende una relación con la que sería su tercera esposa Carol Dunlop, una mujer intelectual que le permitió seguir creyendo en la literatura como un juego. En los años siguientes Cortázar publicaría Queremos Tanto a Glenda (1980) y Deshoras (1982). El 24 de julio de 1981 Cortázar obtendría la ciudadanía francesa gracias a uno de los primeros decretos del gobierno socialista de François Miterrand. Este mismo año, por motivos de salud, tiene que ser internado en un hospital donde es diagnosticado con leucemia, cosa que Dunlop no le avisa por pena y temor a que su marido se deprimiese, al mismo tiempo que ella misma había sido diagnosticada con una condición terminal que Cortázar no había querido anunciar a su mujer para que esta no se deprimiese, creando así una situación irónicamente cortazariana. El año de la publicación de Deshoras (1982) muere su tercera esposa Carol Dunlop.

Al año siguiente aparece el libro Los autonautas de la cosmopista, escrito a cuatro manos con su ya fallecida tercera esposa Carol Dunlop; en este libro se narra un viaje de treinta y tres días entre París y Marsella a razón de dos parkings por día que la pareja había realizado. Los derechos de autor de este último libro los destina para el sandinismo nicaragüense. Este mismo año viaja a La Habana para asistir a una reunión del Comité Permanente de Intelectuales por la Soberanía de los pueblos de Nuestra América, y entre el 30 de noviembre y el 4 de diciembre viaja de vuelta a Buenos Aires, viaje que aprovecha para visitar a su madre después de la caída de  la dictadura y la asunción del gobierno del presidente Raúl Alfonsín. Hay que destacar que pese a que Cortázar, aun a la distancia, había luchado contra la dictadura en la Argentina y había sido fichado como un peligro “sacrificable” por la misma, las autoridades del nuevo gobierno ignoran su presencia, sin embargo el pueblo argentino lo recibe calurosamente, mucha gente lo reconoce en las calles. Este mismo año se publica Nicaragua tan violentamente dulce.

Hasta que, finalmente, un domingo 12 de febrero de 1984 Julio Cortázar moriría en París, su hogar desde 1951, por una leucemia crónica. Su muerte turbó profundamente al mundo cultural alrededor del globo pues había fallecido uno de los escritores considerados como de los más importantes de la lengua española, un intelectual como pocos y una personalidad que tenía tantos fans como una estrella de cine. Ese mismo día se llevaría a cabo un suceso inédito en Buenos Aires: una invasión de mariposas. Esto fue explicado como una oleada de calor de una zona rural cercana que originó esta migración tan peculiar y, ya después, este fenómeno no se repitió nunca más. Si bien en el momento nadie pudo relacionar aquella muerte con aquel suceso de lógica tan cortazariana, luego sería casi inevitable pensar en la invasión de las mariposas como acaso un tributo del mundo hacia su hijo ya muerto.

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III. Palabras finales

Y de nuevo Cartas a los Jonquieres, libro que actúa a modo de diario desde el 50 hasta el 81. Una biografía de Cortázar escrita por él mismo, pero no en ese sentido egotista de hablar de su persona sino en el de contar a amigos queridos qué acaecía en sus andares, durante una época en que la carta era el medio de comunicación transcontinental y el internet no había llegado a simplificarnos los problemas y, de paso, la imaginación. Cortázar, el Gran Cronopio, se presentaba CortazarPsikebacomo ese intelectual que uno asumía por encima de los meros mortales. Basta leer un libro, un cuento, un texto de él para saberse un bicho tuerto que recién está empezando a aprender a leer. Pero Cortázar no era esto, Cartas a los Jonquieres lo prueba. Cortázar era un hombre lleno de temores, como cualquier otro, que los exorcizaba en su literatura, misma que estaba contaminada por su inmensa inteligencia y cultura. Era un niño juguetón que se proponía ser travieso en cada que escribía. Era un ingenuo sentimental y de fácil creencia, como de pronta amargura. Era un humano. Uno noble e increíble, pero humano nomás. Y no por ello menos merecedor de nuestra idolatría.

IV. El trabajito psicológico

http://www.mediafire.com/view/64gjmbh9rcb4hm1/Julio_Flo…doc

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