Contamínese

Publicado: octubre 23, 2014 en Zopilotadas
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Detrás del miedo se esconde la verdad, porque todo aquello que tememos nos recuerda a esa realidad incómoda de la que escapamos como pirofóbicos en llamas. Puede tratarse de muchas cosas en el vasto espectro que tiene el reino de lo terrorífico, pero sea lo que sea, es algo que refleja algo muy intimo, tan nuestro que ponerle colmillos o cubrirlo de sangre resulta más cómodo que mirar a los ojos del vacío dentro nuestros seres.

Pero habría que dejarnos de joder, habría que aprender a abrazar el miedo y consumirlo hasta acostumbrarnos a su amargo sabor, hasta pillarle el gusto a mirarle las cuencas vacías a la muerte. Piénselo, por un rato piense en las probabilidades que ello le abriría en su vida. Sin importar quién sea usted, podría dejarse de mamadas y, de una buena vez, cumplir con todas las cosas que no ha estado haciendo. “Claro, muy fácil decirlo” estará pensando “de seguro este cabrón no sigue su propio ofensivo consejo”, no voy a decirle que no pero tampoco le diré que sí; solo le diré que ambos (usted, lector, y yo, escritor) somos unos pendejos por asumir tanto. En todo caso, déme un gustito, ya sé que me dió por llamarlo pendejo y, hasta quizá, jodido, pero deme gustito en reflexionar esto que le escribo porque, admítalo, si aun no ha hecho ciertas cosas no es por falta de tiempo, de dinero o de ganas, no, ambos sabemos que hay un cobarde dentro suyo, o una cobarde. En realidad no es que importe su género, lo que importa es que es usted un cobarde genérico y haría mejor en ahorrarnos tiempo y de una vez admitirlo.

Pero ¿quién puede culparlo? ¿Acaso la vida es sencilla como para no tener que valerse de la cobardía solo para seguir vivo? ¿No es el miedo algo que nos inculcan diferentes adultos cuando no somos más que niños? ¿No lo inculcamos nosotros en otros niños, casi como completando el círculo? Es cierto, admitamos que el miedo es útil, nos da límites que nos alejan de peligros intensos que es posible no podríamos soportar, pero es, también, la excusa perfecta para quedarnos quietos hasta que la inercia decida mandarnos, de todos modos, donde tanto temíamos ir.

Entonces ¿por qué no dar el salto? ¿Por qué no cerrar los ojos al borde del precipicio? ¿Por qué no zambullirte cuando no sabes nadar? ¿Qué tiene el re maldito monstruo de cien cabezas que no podamos aprender a tolerar? De acuerdo, tiene colmillos filosos, garras ensangrentadas, un aire de duda y terror que inunda nuestros pulmones, nos quita la respiración y nos hace temblar, seguros de que pronto nos iremos al otro lado mirando esos ojos vacíos donde podemos ver la oscuridad que nos reclama, la verdad detrás nuestros miedos que no queremos enfrentar, ni aun cuando el monstruo ya está a punto de devorarnos. Sí, todo eso. Y más.

Pero repito: déjese de joder. El monstruo siempre nos agarra, el miedo no es una excusa y no alcanza la vida para casi vivirla, hay que contaminarse del terror y estar a punto de casi morirnos siempre que se pueda.

Blankets_62

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