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En diciembre de 1941 salió el octavo número de All Star Comics, donde se presentó al mundo a la Mujer Maravilla. Entonces estábamos en la Era dorada del cómic, esa época en que  la industria del cómic recién comenzaba pero igual plantó sus raíces más sólidas mediante personajes que aun hoy son importantes, que mueven la cultura al generar modas. Sí, fue una era prolífica y joven donde vimos a coloridos – y no tan coloridos – hombres disfrazados con capas y spandex, hombres que se enfrentaban a supervillanos, ladrones, asesinos y hasta nazis, en revistas que se vendían, especialmente, a colegiales de siete a diecisiete años de edad. Esos fueron los tiempos que permitieron a la industria del cómic perdurar hasta el día de hoy, basándonos tanto en capital inicial como galería de personajes. Y claro que también fue una época en que predominaba el género masculino,  donde los personajes femeninos eran o una peste, o una damisela en apuros, o la versión femenina de algún varón, siempre segundona, nunca a la altura de nada más que de ser una posible esposa. Es en ese contexto que William Moulton Marston creó a la Mujer Maravilla.

Marston fue un psicólogo, inventor de un aparato que se utilizó en la construcción del primer polígrafo y un convencido de que la mujer era más honesta y confiable que el hombre, sin contar  más rápida,  precisa y trabajadora. Marston también creía que el cómic tenía grandes probabilidades educativas y quiso crear un personaje diferente, uno que no triunfase con puñetazos y a la fuerza, como todos los superhéroes de entonces. Y es gracias a la sugerencia de su esposa que hoy tenemos a la Mujer Maravilla, quien se unió a las heroínas de aquellos tiempos, como la Viuda Negra y Fantomah, entre unas pocas otras.

De repente Marston tenía a esta chica pin-up superpoderosa con la que podía cumplir todas sus fantasías. Verla dibujada en aventuras que escribía usando su arquetipo de mujer perfecta, mostrándola en todo su esplendor. Marston se considera feminista y no intentaba ocultarlo. De hecho lo predicaba en cada nueva historia, llegando a poner a un villano furioso de que las mujeres ayudaran en los esfuerzos bélicos, por ejemplo. Marston buscaba que la sociedad se diese cuenta de que pronto las mujeres se darían cuenta de su poder y escaparían al dominio masculino, tal como las amazonas de Temiscira, y esperaba poder influenciar a las niñas de aquella época para que sean fuertes, se sintiesen empoderadas y atractivas como la Mujer Maravilla. Y, bueno, tengamos en cuenta que mientras él hacía eso, Gardner Fox, escritor de la Liga de la Justicia , hacía a Diana la secretaria oficial del grupo de superhéroes . No está demás aclarar que Marston estaba furioso. Bueno, la cosa es que con todo y obstáculos, en tan solo seis meses después de su segunda aparición (Sensation Comics #1), la Mujer Maravilla se adjudicó, , su propio cómic.COVER_RUN_Wonder_Woman_by_AdamHughes

Casi bautizada como Suprema, la Mujer Maravilla era ese personaje al que Marston se las arreglaba para dejar atada – en una suerte de bondage – cada que podía. Ahora, recordemos que la intención original de Marston era la de crear un personaje que venciese todo con amor, que pese a tener la fuerza de Superman, aun pudiese ser tierna y sumisa, alegando que de esa manera podía reducir la violencia en el cómic sin que los lectores lo notaran, a la vez que conscientemente lanzaba imágenes y palabras que podían estimular a estos lectores sexualmente. Sí, Marston era un fanático no tan secreto del bondage y sostenía que la sumisión no solo era un fuerte elemento erótico, también era una hermosa virtud y la única forma en que la gente del mundo lograría la paz mundial.

La Mujer Maravilla que idealizaba su creador era poderosa y hermosa, una muchacha cuya presencia inspiraba en los hombres el deseo de la sumisión y la felicidad absoluta de estar esclavizados a alguien así de superior. Eso era  sumado a que Marston, no muy afecto a Hegel, intentaba entregar tramas envueltas en temáticas de justicia transformativa y el rol del arrepentimiento en la sociedad.

Todo esto generó el debate acerca de si Marston hacía esto por cachondo, o por estimular la cachondez de la juventud. De hecho, mucho se dijo al respecto, pero nada de eso lo distrajo de seguir escribiendo a la Mujer Maravilla, sea cual fuese el motivo por el que lo hacía, hasta su muerte el año 1947. Con Marston fuera de la viñeta, el feminismo del personaje bajó severamente, convirtiéndola en una sombra de lo que antes representó.  Ahí fue que le crearon el mítico jet invisible y añadieron otros elementos para mantenerla interesante, pero ya estaba transformada en una heroína clásica y menos interesante que la de Marston. Esta versión de la Mujer Maravilla tuvo vida durante la era de Plata del cómic, una época marcada por la creación de la Autoridad de Códigos del Cómic, nacida porque un par de giles le creyeron al doctor Fredric Wertham que los cómics depravaban a los jóvenes y los transformaban en delincuentes.

De repente la Mujer Maravilla era la sombra de quien antes fue su patiño – el piloto Steve Trevor – y estaba más preocupada del romance y la moda, en un cambio muy abrupto de una figura empoderada e independiente a todo lo contrario. Esto duró hasta 1958 cuando Harry G. Peter fue reemplazado por Ross Andru y Mike Esposito, quienes le dieron un origen revisado a Diana Prince y renovaron las cosas dando varios giros, entres ellos la explicación del Multiverso en la DC y que las diferentes Mujeres Maravillas vivían en universos alternativos. No sería hasta allá por el 73, durante la edad de Bronce del cómic   – tras sobrevivir a una extraña decisión de quitarle los poderes y regalarle una asistente china – que la Mujer Maravilla volvería a levantar el interés del público. En gran parte gracias a Gloria Steinem, quien impulsó a toda costa el retorno de la superheroína.

Los ochentas verían a Diana Prince retornar al status quo de la guerra. Steve Trevor vivía nuevamente y no fue el único retorno, junto a él llegaron otros viejos personajes de soporte como Etta Candy y el general Darnell. Es acá cuando la Mujer Maravilla estrenara el emblema WW en su pecho en lugar de su, ya, tradicional águila, más por temas comerciales y de mercadeo, pues se tenía que procesar al nuevo emblema como marca registrada. Pero no fue muy bien, las ventas eran bajas y en 1983 Dan Mishkin y Gene Colan trajeron de vuelta a Circe con la esperanza de que esto levantaría ventas. Capitularon y concluyeron el cómic en 1986 con el matrimonio de Diana con Steve Trevor; un final feliz que luego fue eliminado de la continuidad del universo DC. La editorial se estaba replanteando varias cosas y se valieron de la saga Crisis en las Tierras Infinitas, con la que borraron todas las versiones de la Mujer Maravilla y se alistaron para relanzar al personaje desde cero.

Este reinicio llegó el año 87 y puso a Greg Potter y George Pérez detrás de las bambalinas del cómic Wonder Woman. Bueno, en realidad Potter no soportaría la presión y renunciaría para el segundo número, dejando a Pérez a cargo del arte y la trama. Ahora,  si bien en temporadas tuvo ayuda de Len Wein y Mindy Newell, se le atribuye a él todo el éxito de su corrida de 62 números en el cómic.

1289749635675Como Marston en su época, Potter y Perez planificaron a esta nueva Mujer Maravilla como una feminista, además de añadir un contexto mitológico al mundo de Diana Prince. Aquí se establecieron otros cánones para Temiscira, la isla matriarcal, e hicieron princesa a Diana, enviada como emisaria al mundo del patriarcado. Esta versión de la Mujer Maravilla era lo que creo que Marston hubiera querido: excesivamente hermosa, con una eterna sonrisa y de un aire inocente debido a su corazón tierno (todo esto regalo de Afrodita), muy sabia en actos y palabras (por la voluntad de Atena), poderosa y fuerte como la tierra (gracias a Deméter), hermanada con el fuego (por la gracia de Hestia), capaz del vuelo y la velocidad mejorada (gracias a Hermes) y, además, una cazadora de poderosos instintos y unión con las bestias (cortesía de Artemisa). Hasta le dieron un disfraz con temática más patriótica que elegantemente justificaron en una historia que involucraba a la madre de Steve Trevor, (ahora envejecido y emparejado con Etta Candy para evitar que los lectores pensaran que se seguiría explorando la vida romántica de la Mujer Maravilla con Steve).

Pero lo más interesante de la época de Pérez no fue este retorno a la Isla Paraíso, sino como las aventuras de la Mujer Maravilla se enfocaron en las injusticias del Olimpo mientras se adaptaba a una vida, podría decirse, de inmigrante en un mundo nuevo y totalmente patriarcal, que hasta le extendía el reto de un idioma desconocido, bajo la que enfrentaba con la guía de unas vecinas, madre e hija, de nacionalidad griega que fungían de traductoras. Pérez mostraba a una Diana de aparente ingenuidad que, en realidad, era una guerrera bien entrenada, que entendía a la perfección temas de guerra, muerte y destrucción, optando por defender el orden bajo cualquier coste necesario. En sus tiempos se describía a esta versión de la Mujer Maravilla como una mujer con inteligencia, sentido compromiso y dedicación a la par de los de Batman, pero poseedora de muchos de los límites y poderes de Superman. Este cambio en su actitud resonó bien junto a todos los otros cambios en su contexto, esos cambios que le trajeron un aire nuevo a quien apenas descubría aquel mundo al que no estaba acostumbrada, donde la gente se apresuraba a llamarla superheroína y donde su ignorancia pasaba por ingenuidad, de tal forma que el contraste se formaba cuando se la mostraba en el rol de guerrera despiadada y brutal contra enemigos como Ares, Circe, Cheetah y, claro, Deimos.

Después de la aclamada era de Pérez, llegaría el dúo de William Messner-Loebs  (guionista) y Mike Deodato (dibujante), cuyo gran logro fue quitarle el manto de la Mujer Maravilla a Diana para dárselo a la pelirroja Artemis y, en un supuesto ardid para humanizar a Diana, hacerla trabajar vendiendo tacos en un local de comida rápida. Ya luego John Byrne seguiría ese recurso de darle el manto de la Mujer Maravilla a otra amazona, en este caso la misma madre de Diana, Hipólita, en una intrincada trama de viaje en el tiempo y ascensos divinos que retornó al canon a la Era Dorada de la Mujer Maravilla, alegando que esa era la mismísima Hipólita (#omaigá). Después, Eric Luke sería el encargado de otorgarle un giro más existencial a Diana, pero solo logrando dejarla más parecida a Superman. Por suerte esto duró hasta que llegó la genial etapa de Phil Jimenez,  con dibujos que evocaban a Pérez y una Mujer Maravilla fuerte, independiente, sabia, leída y poderosa, que no solo salvaba el mundo sino que se daba tiempo de ser activista de los derechos de la mujer alrededor del mundo. Esta visión de Jimenez serviría de antecedente a lo que más tarde hizo Greg Rucka con la genial villana Veronica Cale (cuyos métodos la harían una temible adversaria en estos tiempos) y su enfoque político y moderno que mandó a los silver oldies a “freír monos”.

Por esos tiempos se empezó a cocinar la trama de Crisis Infinita, la cual usaría a la Mujer Maravilla para romper un tabú del universo DC. Diana le rompería el cuello a Maxwell Lord (que, bueno, se lo merecía) haciendo lo que Batman y Superman no se animaban a hacer y por lo que, luego, ellos y el mundo, la repudiarían como una asesina a sangre fría. Sus actos generarían un efecto domino en las psiques de sus compañeros de equipo quienes, tras una sucesión de eventos, dejarían a la Mujer Maravilla sola y con su patria transportada a otra dimensión. La historia de Inifinite Crisis es importante, sí, pero no en el desarrollo de la Mujer Maravilla, sino en cómo unió la versión de Pérez con la versión de la Era Plateada, mostrándonos que Diana podía solucionar las cosas haciendo lo que fuese necesario aunque nadie lo quisiese hacer, viendo más allá de los tabúes de sus compañeros.

Para entonces los fanáticos estaban cansados de la irregularidad del cómic y la llegada de Gail Simone para encargarse del título solo estabilizaría las cosas a medias mientras Dan DiDio (enemigo número uno de los cómics y editor ejecutivo de la DC) le devolvía al cómic su numeración tradicional. Llegó el número 600 donde colaboraron nombres importantes como Geoff Johns, George Pérez, Phil Jimenez y Amanda Conner en un número que funcionó más como un tributo. Con todo esta temporada en los cómics no generaría especial atención en los lectores hasta su cancelación, el 2011, junto a muchos de los títulos más importantes de la DC, quienes a apuntaban a lo que ahora se conoce como los Infames 52.

En este enésimo relanzamiento del universo entero de la DC las cosas no salieron bien, al menos en temas de venta y aceptación de los lectores. Pero, curiosamente, el reboot de la Mujer Maravilla fue una de las mejores cosas que le pasó al título desde George Pérez o Phil Jimenez. Poderosamente escrito por Brian Azzarello y dibujada por Cliff Chiang, esta versión trajo muchas de las mejor escritas historias de la Mujer Maravilla, que fascinaron a los lectores por el giro oscuro y horrorífico que Azzarello le dio al personaje y sus aventuras. Diana ya no era la misma de antes y esto lo remarcó Azzarello cambiando el origen del personaje de ser una figura de arcilla que tenía vida gracias a la magia, a convertirse en la hija natural de Hipólita y Zeus. Esta historia llenó las páginas del primer arco argumental del cómic y dejó a los lectores satisfechos, deseosos de más. Y eso mismo obtendrían de Azzarello, pues pronto brindó  otros arcos argumentales donde veíamos a Diana inmersa en un mundo cada vez más rico en mitología y personajes secundarios interesantes en un cómic oscuro, poético y visualmente fascinante que atrapa por su poesía y complejidad.

Desde la Era Dorada del cómic que la Mujer Maravilla ha sido un personaje muy popular e icónico, particularmente para el movimiento feminista. Diana hasta tuvo una exitosa serie de tres temporadas donde Lynda Carter interpretó a una heroína más parecida a las versiones de Marston, con algo de la de Pérez (aunque es más correcto decir que la de Peréz tiene algo de Lynda Carter) y, actualmente, es encarnada por Gal Gadot.

A la Mujer Maravilla se la ha interpretado de varias formas y desde numerosos ángulos. Muchos lectores y lectoras se identificaron con la propaganda americana que el cómic exhibió durante la Segunda Guerra Mundial, otros la seguirían por la trama y actitud balanceada que Pérez le tumblr_muorc8Id3s1qfn8gbo1_500supo dar, solo superado por Azzarello y su horror poético, mientras que otros se irían más por la sensualidad con que fue retratada por los muchos artistas que la dibujaron desde su creación. Sea cual fuere el caso, lo importante es que, de una forma u otra, quedó asentada en nosotros como modelo de fortaleza femenina, un ejemplo de que la mujer moderna puede sobrevivir y triunfar en el mundo monopolizado por el género masculino. Y era, es y será, refrescante saber que mientras Superman fue creado como un ardid de ciencia ficción para batallar contra el sentimiento de impotencia, y Batman fue ese detective escapado de los cómics pulp para probar que sin ser invulnerable se podía patear traseros,  la Mujer Maravilla no fue creada con los mismos conceptos e intenciones no le debe todo a la Segunda Guerra Mundial, ni a batallar contra estereotipados enemigos de Estados Unidos, sino a ser un ícono para la mujer. Que hasta el filme de Patty Jenkins, no fue bien representada en cine y televisión.

Y todo esto nos remonta a Elizabeth Holloway, la mujer que inspiró la mayoría de los aspectos de la Mujer Maravilla y que le sugirió a su esposo, William Marston, que el héroe que creaba tenía que ser heroína. Holloway y Marston eran tan progresistas para su época, que sus vidas privadas le costaron la reputación académica a Marston. Todo ello contribuyó a que la presencia de la Mujer Maravilla haya sobrevivido incluso a los periodos de malos escritores. Todo este proceso con que Marston quiso reeducar a la juventud terminaría con su muerte y la renuencia de la DC de contratar a su obvia sucesora y esposa Elizabeth Holloway, que no podemos decir que fue un error pero basándonos en la baja calidad que tuvo el cómic hasta la llegada de Peréz, creo que nos gustaría pensar en todo lo que una mujer como Holloway podría haber logrado con una mujer como Diana. Pero ni modo, todo por lo que había luchado Marston con su personaje desapareció en las manos de Robert Kanigher, primer sucesor de Marston, y tuvimos que esperar a que George Pérez le devolviera la gloria a este personaje. Actualmente seguimos luchando para que la Mujer Maravilla sea bien representada en cualquier medio en que se les ocurra colocarla y hasta ahora las series animadas van ganando por goleada. La pregunta que perdura es si es que la versión encarnada por Gal Gadot logrará mostrarnos lo que la Furiosa de George Miller y Charlize Theron nos mostró, haciendo honor a este gran personaje de la DC.

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