Publicado originalmente en la Revista Gorila

Entre los fanáticos de Spider-Man hay uno de esos debates que encontramos en todas partes: el del huevo o la gallina ¿quién fue primero? ¿cuál quieres para cenar? No importa el enfoque, siempre será un debate inútil donde lo único que saldrá a la luz son las preferencias de cada debatiente y, siendo sinceros, no nos llevarán a nada. Pero, admitámoslo: es tremendamente divertido. Con ese espíritu, los fanáticos siempre nos andamos preguntando ¿Tobey o Andrew? Y solo esa pregunta nos detiene por días enteros mientras acaloradas discusiones se desarrollan, amistades se pierden, viudas son creadas y, bueno…es de nunca acabar. Por varias semanas solo se escuchan las recriminaciones de los malos perdedores, resuena el eco de los argumentos tardíos que gritamos por la mañana siguiente ya que solo se nos ocurren cuando llegamos a nuestras casas, luego de un pesado día de discutir y discutir y discutir, pues al parecer un mejor Spidey cinematográfico no puede ser definido.

Antes de empezar seré sincero al confesar que yo soy del #TeamAndrew, pienso que fue mejor Peter y mejor Spider-Man, además que sus películas me gustaron más. Pero en medio de toda la sangre y vísceras con las que uno tiene que lidiar cuando llega el tercer día de discusión, pues se me ocurrió que quizá era hora de que alguno de nosotros se anime a darle una mirada más neutral. Y no se preocupen, no saldré con que gana Nicholas Hammond o el mejor Spidey es Christoper Daniel Barnes, eso sería perder el tiempo de manera monumental. Así que ahí va. Spidey contra Spidey ¿cuál fue el mejor Spiderman del cine?

PARTE I: Tobey, tu amigable vecino bailarín.

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Cuando Spider-Man se estrenó el 2002 no pensábamos que sería el heraldo de una época llena de películas de superhéroes. Desde el 99 que nos llegaban Batmanes y Supermanes que causaban revuelo y alborotaban a los fans pero no sería hasta el estreno del Spider-Man de Sam Raimi que Hollywood le vería el negocio a las películas de superhéroes. No era para menos, no solo rompió récords de taquilla sino que visualmente era uno de los más grandes triunfos en el cine de acción y suspenso gracias a las escenas de Spidey peleando o balanceándose por los cielos de Nueva York que nos dejaron complacidos y sorprendidos, con ganas de mucho más. Y Tobey estuvo a la altura del reto de hacerse un creíble Hombre (que) Araña con la ayuda de todos estos efectos, CGI y etcétera. Punto para Tobey. Nunca es fácil ser el primero en hacer algo así, quizá Tobey no lo sabía pero estaba estableciendo el parámetro que tendría que seguir todo otro actor que encarnara a Peter Parker.

Por suerte, para Tobey, contaba con la ayuda de un director muy experimentado en cine de acción y aventura: el legendario Sam Raimi, que antes nos había fascinado con Evil Dead y Army of Darkness, y que se hacía cargo de un proyecto que casi tuvo a David Fincher como director, hasta que este renunció porque el estudio no deseaba hacer una versión sobre La Noche que Murió Gwen Stacy como era el plan de Fincher (off-topic: sí, yo también quisiera ver eso). Raimi se hizo cargo de un guión que se venía haciendo desde los ochentas y le quitó pesos extras y detalles que lo hacían sentir muy sobrecargado de villanos (¡oh! ¡la ironía!) e historias de orígenes que entre James Cameron y David Koepp habían ido poniendo en todo el tiempo que estuvieron trabajando con la historia. Raimi se enfocó en el Duende Verde y en aprender a usar efectos por computadora, porque el gran Sam salía de su zona de confort, que son los efectos reales y fabricados a mano, para traernos la historia de Spiderman. Lo que tienen que entender de todo esto es que habían muchas cosas nuevas siendo experimentadas, cosas que después nos traerían un universo cinematográfico bien construido de la Marvel pero que entonces no era más que un sueño loco al que aspiraba Kevin Feige. Como dije, Tobey no lo sabía entonces pero él, junto a Hugh Jackman, eran una suerte de base para todo esto, el borrador de lo que Feige moldearía, después, en Robert Downey Jr. y Chris Evans.

Todo esto significa que Tobey no pensaba que su actuación era tan importante, para él era solo un trabajo más, de un personaje que nunca antes había leído y que aceptó solo porque disfrutó el guión, en otras palabras y no puedo decirlo de otra manera: lo hizo muy bien pese a, y justamente por, que nadie, ni siquiera él mismo, tenía demasiadas expectativas sobre el asunto. Y sí, los geeks, los nerds y todo tipo de fanáticos teníamos, efectivamente, las expectativas en alto pero tampoco teníamos un punto de comparción ni existía tanta presión como la hay hoy en día. Tobey, sin presión ni expectativas, más que darle su propio enfoque al Hombre Araña captó lo que su director quería, le dio una profundidad emocional a su personaje que Raimi había visto a Tobey hacer antes en The Cider House Rules y, esto lo digo en el mejor sentido posible, ese es el estilo Maguire, todos sus papeles tienen cierta fragilidad e ingenuidad conflictuada por personas o eventos que él no puede controlar y los actúa de manera muy parecida. Raimi quería el tipo de personaje que Maguire sabe hacer y Tobey hizo un gran trabajo porque no estaba interpretando tanto a Peter Parker y Spider-Man como a cualquier otro papel que le pudieran dar. Por eso es bueno remarcar que mucho de ese crédito del Spidey de esta trilogía de películas se lo debemos más a Sam Raimi, ávido lector y coleccionista de cómics, a diferencia de Maguire, que supo traer fragilidad a un héroe, cosa que no era muy pensada en ese entonces, pues en la pantalla grande, y en la chica también, los más grandes ejemplos de superhéroes era el intocable de Superman y el infalible de Batman. Ambos personajes muy divertidos, pero que en cierto punto podemos spider-man-reboot-sdccllamarlos aburridos por predecibles. Spidey no es así y Sam Raimi lo interpretó muy bien, dio buenas directrices que Maguire cumplió con mucha efectividad. Ok, bueno, exagerando un poquito en sus expresiones y sus escenas dramáticas, sí, pero igual lo hizo bien. Hoy nos burlamos de la actuación de Tobey, sea con memes o recordando el infame baile de la aún más infame película sobre Spidey: El Hombre Araña 3 y curiosamente aquí se aplica una frase muy famosa de la competencia: “o mueres un héroe o vives lo suficiente para convertirte en el villano”. Y eso le pasó a Tobey, su buena interpretación se volvió ridícula. Si en la primera nos dieron un buena película, en la segunda nos dieron una excelente película, la tercera de pleno apestó en todos los aspectos y hasta en los que no, vuélvanla a ver y se darán cuenta que sí apestaron.

Ahora, Tobey siempre actuó bien, pero en estas películas dependía demasiado de su director y de lo que le dijeran que hiciese y eso no extraña mucho de una persona que no conocía nada del superhéroe al que iba a encarnar y que solo lo conoció antes de la segunda película (lo cual explicaría lo tremendamente increíble que es Spider-Man 2). Pero parte de lo que hizo memorables tanto al Spidey de Maguire como al de Garfield son los actores secundarios. Las películas de Raimi tuvieron grandes aportes por parte de sus actores, en especial William Dafoe, Alfred Molina, Rosemary Harris y J.K Simmons, este último un grande como J. Jonah Jameson a tal punto que Marc Webb no quiso tomar el riesgo de recastearlo y terminó por eliminarlo de su versión del Hombre Araña ya que sabía que ningún fan aceptaría a otro que no fuera J.K. Simmons y Webb buscaba alejarse de todo lo que estuviera relacionado con la versión de Raimi. Mi punto es que todos estos actores le dieron más calidad a la película y en el proceso ayudaron a que el Spidey de Tobey sea buenísimo, pues el entorno también es importante. Los personajes de apoyo ayudan a que la historia tenga más sentido y fluidez, a que la trama principal se mueva a buen ritmo y a mantenernos entretenidos en el proceso. Porque hay un momento en que te cansas de ver llorar a Peter y, por suerte, puedes distraerte de ello en Norman Osborn u Otto Octavius, incluso en la tierna y aguerrida tía May o en la comedia que se nos brinda a través de J. Jonah Jameson. Pero, así como tenían un buen reparto para hacer un mejor Spidey, Maguire y Raimi a lo largo de sus tres películas también tuvieron ciertos personajes que fueron arruinados, como Harry Osborn o Gwen Stacy, incluso la propia Mary Jane ya que a nadie le convenció del todo Kirsten Dunst en este papel, por cosas como ponerla en la mítica escena del puente de Nueva York y hasta hay quienes se quejan de la escena del beso por estar muy parada en la línea de lo cursi y lo romántico (a mí no me miren, esa escena me parece genial), u otras cosas como que no cayó bien que volvieran a Flint Marko un sensiblon o, bueno, casi todo lo que la 3 nos dejó. Pero más allá del reparto y del director, enfocándonos solo en Maguire, admito que las más grandes quejas sobre Maguire suenan tontas. Es cierto, lo suenan. Pero bien pensadas no lo son. Hay cierto sentido en quejarnos de un Peter Parker demasiado callado, muy tímido y silencioso. Sí, sé que Peter en los cómics es así. Sí, he leído todo Amazing Spider-Man y, también, Ultimate Spider-Man, no estoy hablando por hablar. Peter puede que sea callado y tímido y silencioso, pero no tanto. Este enfoque de fragilidad que tenía Maguire le quitó al personaje una de sus caracteristicas más importantes: los malos chistes para combatir el miedo, quintaesencia del personaje. Y sí, sé que el Spidey de Tobey a veces lo hace, pero es que es tan intensa su fragilidad que, además de que no lo hace tanto, cuando lo hace no siempre lo sentimos.

Algo que sí debo remarcar es que hay una evolución muy genial de Spidey/Peter Parker, porque cada película de Raimi se trata sobre el crecimiento, así que no podía faltar la evolución del personaje que, lamentablemente, en el gran cuadro se pierde pues estos cambios son más notorios en todos los demás y no tanto en Peter. Claro, eso antes de la famosa escena del club de jazz que no sólo tardaron ocho días en filmar sino que el mensaje que Raimi quizá quiso comunicar se perdió en la ridiculez de un Tobey Maguire que pasó de ser angustioso y calladito a ser incómodamente arrogante. La poca notoriedad de su evolución hizo que su cambio debido al simbiote se sintiera forzado, ridículo y risible por ese salto súbito de niño obediente y educado cuyo único pecado es tener algo de culpa en la muerte del tío Ben a…bueno…eso.

Sí, Tobey hizo su trabajo y lo hizo bien. Tuvo la suerte de un reparto genial, un director maravilloso y dos guiones que respetaban el camino y la evolución de un superhéroe. Además Tobey encarnó a un Spider-Man más basado en el Spiderman clásico de la Era de Plata del Cómic, con ciertos toques modernos. Su Spidey era un alma vieja con mucha carga nostálgica que todos los fans acérrimos, o más antiguos, disfrutaron por, justamente, esa nostalgia que transmite. Nos gusta el Spider-Man de Tobey Maguire y Sam Raimi no solo porque fue el primero sino porque su caracterización apuntaba a despertar sentimientos por él que se amparan en el velo de la nostalgia de los fanáticos. Y en aquellos que no conocían nada de Spidey, tenían una historia sencilla y bien caracterizada, divertida y llena de accion y colores y por eso era un reto muy difícil  para Marc Webb y Andrew Garfield superar a este Spidey, tanto que, y adelantando un poco de la parte dos de este artículo, el que la logró fue Garfield y no Webb.

PARTE II: Andrew, tu vecino hipster hecho al cool

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Y llegamos a Andrew, el hipster que el mundo condenó como demasiado cool y que muchos fanáticos de Maguire odiaron por motivos obvios. Pero, antes de hablar de Andrew y su actuación como Spidey es necesario hablar un poco de Marc Webb y sus películas.

El 2012, cincuenta años después de la primera aparición de Spider Man en Amazing Fantasy #15 y diez años después del estreno de la primera película de Spidey dirigida por Sam Raimi (de la que hablé en la PARTE I) nos llegó The Amazing Spider-Man, dirigida por Marc Webb y protagonizada por Andrew Garfield, un film que, antes de morir, Roger Ebert calificó como el segundo mejor de todos los de Spider-Man, siendo el mejor la segunda entrega de la trilogía de Raimi. Pero lo cierto es que las dos entregas de Marc Webb tienen muchas fallas, tanto a nivel de historia como en realización. Webb era director de videos musicales y en su currículo en la pantalla grande solo tenía una increíble prima opera muy romántica, cruda y divertida en su propio estilo. Webb no era a quién querían los fans y muchos aun sostienen que fue una pésima elección para dirigir. Lamentablemente no puedo negar que en cierto modo tienen razón, pero en cierto otro no. Webb no tenía muy claro lo que quería hacer con Spider-Man, aun sí tenía bastante claro lo que quería hacer con Peter Parker y como resultado tuvimos una hermosa y tierna historia de un muchacho asustado y debilucho que tiene que aprender a manejar un gran poder con responsabilidad. El problema fue que justo por ese enfoque más centrado en Peter, muchos otros elementos fueron mal manejados y generó lo peor de estas películas: la exagerada concentración en el romance hasta el punto de hacernos sentir viendo One Tree Hill, en dos películas que tienden a pecar de blandas y que pese a estar llenas de pequeños guiños y maravillosos detalles, estos no alcanzaron a distraer al público de que a ambos filmes les faltaba algo, les sobraba otra cosa y cuyas inconsistencias le costaron la aprobación de una gran mayoría de su público.

Lo más triste es que el guión original de Roberto Orci y Alex Kurtzman para la segunda entrega de Webb solucionaba muchas de las imperfecciones y agujeros en la trama de las que tanto se quejaron los fanáticos, y por X o Z motivo no se los hizo tal como fueron escritos. Pueden culpar a Avi Arad por ser un productor tan…problemático, que insistió tanto en los cambios que afearon la película, o pueden alegar que a Webb le faltó habilidad como director para lograr llevar a la pantalla un guión como el que tenía entre manos. En realidad no importa, las películas ya salieron y por muy divertidas, entretenidas, malas o buenas que les puedan parecer lo cierto es que están falladas. De poco valió que Webb usara menos CGI que Raimi para dar más realismo a la película, o que esta no fuera filmada en digital o tantos pequeños detalles que no pondré acá para no alargar demasiado el artículo. El punto es que Webb estaba muy condicionado por: 1) Avi Arad, 2) su propia inexperiencia y 3) las películas de Raimi. Tanto así que cometió demasiados tropiezos que nos quitaron de las manos la chance de una película que lograse la épica y casi imposible tarea de superar a Spider-Man 2 como mejor película del trepamuros. Lamentable. Pero ahora avoquémonos a lo que vinimos: Andrew Garfield como Spidey.

Imaginen a un fanboy, no uno cualquiera quizá, pero si a uno que tuvo la chance de ser su superhéroe favorito y se metió con alma, vida y corazón a lograrlo. Andrew Garfield era este fanboy que creció leyendo Spider-Man, quién, como nosotros, quedó emocionado con las películas de Raimi y que cuando se puso por primera vez el traje de Spidey no se aguantó y se puso a llorar de la mera emoción. Ahí ustedes dirán: “eso debe ser inventado” pero se están perdiendo el punto. Ninguna mentira aterriza lejos de la verdad y por lo que uno puede ver en las entrevistas de Garfield (el actor, no el gatito) es fácil intuir que ama al personaje genuinamente y que creció con él. Además, si pueden emocionarse con la WWE, las promesas de un político o los anuncios de la Blizzard y no con Andrew siendo un fanboy con el sueño siendo cumplido, entonces están fallando en algo poco relevante de la vida pero igual maravilloso.

Sin embargo, ser un fanboy no te asegura ser un buen actor o un buen lo que sea, puede que incluso te ciegue a experimentar cosas nuevas o te ponga tanta presión que termines por arruinarlo todo y es, justamente, esto lo que le da puntos a la actuthe_amazing_spider_man_by_biggreenpepper-d5d5gefación de Andrew: el tipo estaba emocionadísimo, demasiado metido en su papel pero en ningún momento perdió el balance de su performance, por estar haciendo uso de sus propias ideas tanto como las de su director. Y ese profesionalismo es algo loable porque cuando algo que amamos está involucrado tenemos más propensión a perder la cabeza. Nomás vean a un buen fanático de fútbol viendo los últimos minutos de un partido donde su equipo está perdiendo por un mísero gol. Es de temer. Webb supo ver que Andrew, pese a ser un actor desconocido, tenía mucho potencial y no estaba muy quemado por otros roles. Era un riesgo, efectivamente, pero pagó bien porque resultó ser un riesgo fresco, gracioso e innovador, que los críticos amaron y que hasta el mismo Stan Lee dijo preferir por encima de Maguire. Pero nada de esto alcanza para convertirlo en mejor Spidey que Tobey, porque por más que, cómo fanáticos, queramos que alguien que sabe sobre Spider-Man sea Spidey siempre existirán otras manos que lo torcerán un poco a otras direcciones que las que los fanboys queremos, porque el cine no se trata de representar los cómics tal y como salieron, eso sería aburrido. El cine debería apuntar a crear versiones alternas de la historia original, cuidando de lograr cierto balance. Y, repito, Andrew lo hizo bien en ese sentido.

Ahora, el mismo Webb admitió que sus películas eran más sobre los orígenes de Peter Parker que los orígenes de Spider-Man y eso se lo puede ver en la interpretación de Andrew, quien representó a un adolescente de verdad, más cerca a la esencia de lo que significaba el personaje de Peter Parker en los cómics de Ultimate Spiderman y fue por esa cercanía a ese universo, y su búsqueda de diferenciarse al Peter Parker de Raimi, que obtuvimos un Parker más temperamental, discutidor y arrogante, pero eso también permitió que tuviese el toque burlón que Maguire no tiene. Dejenme aclarar que esto tampoco lo hace un mejor Spidey y, en realidad, jugó un poco en su contra. Lo bueno fue que, por fin, obtuvimos a un Peter que diseñaba tecnología avanzada y no solo respondía bien a preguntas del doctor Connors, pues el de Garfield es un Peter que demostraba su impresionante intelecto e inteligencia sin dejar de ser un nabo y, sí, admitámoslo de frente, un hipster hecho y derecho con un peinado ridículo. Un hipster adolescente, nabo e inteligente que no importaba que quisiese parecer cool, igual no era aceptado por sus compañeros. Y es que ambos, tanto Tobey como Andrew, fueron losers pero el de Garfield lo mostró con más elementos, diferente óptica y sin escenas de baile. El Peter asustado de Andrew hace bromas y se pone arrogante sin nunca perder la intensidad de su carisma mientras se desempeña bien en coreografías de pelea genialmente diseñadas, que contienen poco CGI y que generan una sensación más vertiginosa a las partes donde Spider-Man entra en acción. Hasta en cómo se comporta Peter después de ser mordido encontramos elementos más propios de una araña, pues Andrew se dio la molestia de estudiar el comportamiento y movimientos de estas para prepararse para su papel y los guionistas le siguieron el juego poniendo detalles de ese estilo a lo largo de la película. El punto es que el chico se esforzó, pero eso aun no alcanza para nombrarlo mejor Spidey ¿o me equivoco?

Algo que ambas sagas comparten es que contaron con un gran elenco de apoyo. Pero allá donde William Dafoe y Alfred Molina triunfaron, Rhys Ifans, Dane Deehan y Jamie Fox solo empataron. No es posible negar que el Spidey de Maguire tuvo villanos mejor interpretados, incluso si elevamos a Jameson a calidad de un villano buena onda. En el caso de Andrew, hay que vanagloriar a tres de su elenco de soporte: Martin Sheen y Sally Field por un lado, y Emma Stone por el otro. El tío Ben y la tía May siempre han sido una parte muy importante de la identidad tanto de Peter Parker como de Spider-Man y si bien Rosemary Harris cumplió su papel a la perfección junto a Maguire, la tía May que interpretó Sally Field es igual de perfecta pero en otro estilo. ¿Cómo explicarlo? A ver, olvidemos por un minuto lo falladas que están las películas de Webb y pensemos en el tono que quisieron poner: muy Batman Begins, muy The Dark Knight, muy oscuro en el modo en que se critica que no es al Universo Cinematográfico Marvel y que el Universo Cinematográfico DC es demasiado. En las películas de Webb tenemos un punto medio, entre oscuro, tierno y gracioso que se diferencia muchísimo del tono alegre, esperanzador con momentos de oscuridad y mucho drama de las películas de Raimi. Webb es más realista y emocional mientras que Raimi es más cálido y eso se nota muy bien en ambas tía May. Sally Field nos entregó una tía May conflictuada, frágil dentro su fortaleza, consciente de los secretos de su Peter de una manera más obvia y más temprana, además de representar muy bien a una figura materna y cariñosa para un adolescente atribulado. La relación del Peter de Andrew con su tía May sirve como respiro emocional y cómico al tono realista y angustioso de la película. Tal vez por eso generó una división entre fans que la adoraron y fans que no sabían qué pensar cuando Sally se mandaba líneas muy cliché. Eso significa que Rosemary Harris fue mejor tía May, pero tampoco podemos quitarle mérito a la muy buena actuación de Sally Field. Así como Martin Sheen, que sin decir las míticas palabras: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, nos transmitió el sentimiento de la frase con su mera actuación que resuena en ambas películas y no solo a nivel trama.

Y eso nos trae al segundo punto más fuerte de Garfield: Emma Stone. Porque si bien el carisma y los chistes del Spidey de Andrew nos gustan, de las películas de Webb rescatamos la forma en que exploran más la relación de Peter con Gwen sin reducirla a un interés romántico o damisela en apuros como fueron reducidas Kirsten Dunst y Bryce Dallas Howard. No entró solamente en juego la química entre Andrew y Emma que derivó en su romance fuera de cámaras, sino que Emma Stone es una buena actriz y su actuación en estas películas brindaron una Gwen Stacy que es más una compañera de Peter, que lo ayuda, lo soporta y lo apoya sin ser segundona, manteniendo su independencia como personaje y hasta mostrándose más eficaz o inteligente en ciertas situaciones. Pese a toda la ñoñez del romance, Stone nos dió a una Stacy de armas tomar, decidida e inteligente y ***spoilers*** su muerte es lo que más nos marca y duele de estas películas ***fin de spoilers***. El personaje de Emma Stone y su interpretación refuerzan todos los puntos fuertes de Andrew y ayudan a ilustrar el punto principal por el cual Andrew podría quedar como el mejor Spidey: Peter es un cobarde que obtiene poder y su historia nos muestra cómo alguien sin poder, al obtenerlo, puede vivir sin ser corrompido.

Garfield nos dio un buen Spider-Man y un genial Peter Parker, nos trajo buenas películas pese a que los productores, guionistas y director no estaban a la altura. Andrew peleó donde muchos actores se rinden y la peleó como nadie. Lo que quiero decir es: Andrew fue un Spidey demasiado bueno para sus películas.

TL;DR: Andrew fue un Spidey demasiado bueno para sus películas.

PARTE III: El Maravilloso Hombre Araña es…

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Andrew Garfield. Pero antes de que los miembros del #TeamTobey salten a rasgarse las vestiduras déjenme aclarar un par de cosas. Andrew podrá ser el mejor Spidey, pero las mejores películas son las de Tobey Maguire Sam Raimi, pues nada ni nadie puede borrar el hecho de que Spider-Man 2 es la mejor de todas las películas de Spidey, y que el viaje de superhéroe de Tobey fue mejor planificado, además que su actuación no solo estuvo bastante bien sino que fue la primera, la que puso todos los parámetros para todo futuro actor que encarne al Hombre Araña. Por eso no puedes decir que Maguire no es genial, eso es cierto, pero tampoco puedes encerrarte en insistir que lo es solo porque sí o porque sus películas son geniales (excepto la tres, no puedo remarcar eso lo suficiente) o porque no te cae Andrew. Bueno, puedes pero don’t be a douche.

Ambas sagas apelaron a metas distintas y se centraron en diferentes aspectos de un solo personaje. En las dos versiones ves lo que implica transformarse en Spidey, pero la de Webb explora mucho más a lo que significa ser Peter Parker y no lo limita a una escena a lo compilación ochentera. Claro que, tampoco se vuelve un exceso romántico que hasta meloso puede llegar a sentirse, en especial en la segunda película de Webb. Y es por eso que el debate perdura, porque muchas veces confundimos lo que pensamos de las películas con sus protagonistas y en este particular caso tenemos una trilogía que contó con un gran director, capaces guionistas y una actuación buena de Tobey Maguire, enfrentando a dos películas muy falladas pero que contaban con un actor que interpretó a un Peter que ya es un héroe antes de ser mordido, cuyos poderes (como la adolescencia) no hacen más que moverle el piso, que no son más importantes que la muerte de su tío o sus padres y que tiene que reencontrarse a sí mismo mientras se descubre como Spider-Man, evitando convertirse en otra cosa, más que Peter Parker, en el trayecto.

Y sea cierto o no lo que acabo de escribir, todavía tengo un argumento más a favor de Andrew. Actuó muy bien, se metió en el personaje, hizo su tarea, fue profesional y, siendo esto lo más importante, empezó a separarse del proyecto cuando se decepcionó por la manera en que se saboteó al guión original de The Amazing Spider-Man 2. De muy mala manera, eso sí. Como todo buen fanático se puso caprochoso y furioso e hizo tremendo papelón, pero le reconozco la pasión, a su favor diré que solo alguien que de verdad ama al personaje haría esa clase de peleas, que se parecen mucho a las de: quién fue primero ¿el huevo o la gallina? y, bueno, así es como hemos llegado hasta acá.

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