Posts etiquetados ‘Absolutismo’

Dicen que las mejores ideas ocurren (o se van por) aquí.

 

– “Por eso sé que puede ser vencido. Porque es un fanático. Y el fanático siempre está ocultando una duda secreta”

George Smiley, de Tomás Alfredson

 

Si les das tiempo suficiente, las discusiones o debates llegan a un punto de acuerdo mutuo.   Sea en las opiniones o en los mismos desacuerdos, puede verse como ambos debatientes, que antes no concordaban con algo de manera venenosamente elegante o visceralmente brutal, llegan a un punto en que no pueden negar que han descubierto un punto en común. Lo divertido son las maneras en que se lidia con esto, hay quienes logran convertir al otro a su punto de vista y otros que ignoran estos parecidos mediante la simpleza de la negación o el relativismo forzoso (esa manera peculiar de rendirse sin ceder) y, de todos modos, se empeñan en destrozarse mutuamente bajo el velo de decirse lo mucho que están de acuerdo con el otro, haciéndose amiguitos con la falsa paz del “Son puntos de vista”. Tristemente los primeros son jodidos que quieren ser admirados, cuando menos que se consideren sus verdades como absolutas, y los segundos son o flojos, o hipócritas, o apáticos, o quizá se dieron cuenta que la verdad es que ambas posiciones son mentiras porque toda verdad es una mentira que alguien eligió creer.

Lo que recibimos como educación (ese paso por las instituciones del colegio, la universidad o sus variantes, donde se nos enseña a encajar en la sociedad y lo que esta dice del conocimiento) es el producto de las investigaciones que la humanidad ha llevado a cabo durante milenios, mismas que se han actualizado a través del tiempo. Teorías han reemplazado a otras, verdades han sido declaradas mentiras pues otras verdades les quitaron el trono, modos de pensar se han considerado obsoletos y otros han fallado en retratar fenómenos de la realidad.

El meollo está en que la realidad es algo demasiado grande para lo que el humano la pueda abarcar en su totalidad. Si bien hay aproximaciones como la física, la matemática y otras ciencias, ellas solo pueden abarcar ciertos límites, e incluso son ellas mismas quienes dicen que necesitan mejorar sus alcances y definiciones para poder comprender mejor lo que Es la realidad (un “es” con mayúscula, un “es” absoluto, la última definición de lo que es el “es”), y es así como un tiempo se daba por sentado que X era Z, mas hoy en día se sabe que Z no es X, sino que en realidad es Y. Lo gracioso es que en el futuro puede que se diga que Z es, fue y siempre será R. El humano se ampara en absolutismos para poder salir adelante,  para que el terror de la incertidumbre no lo destruya, por eso se inventa verdades  y cree en ellas, para que la desesperación de admitir que es tan solo un moco triste no lo mate.

No se equivoquen. Una cosa es que ustedes crean que deseo provocar a alguien con estas cosas, otra es que lo haga solamente por eso. Si la gente vive feliz en su verdad, bien por ellos. No seré yo quien los saque de la belleza de sus absolutismos (es posible que ni yo, ni nadie, quizá, pueda) puesto que no hay muchas maneras de probar que lo que creen no es así, solo existen formas de comprobar que puede no serlo. Si lo que quiere uno es intentar llegar a aproximaciones de verdad tendría que dedicarse a la epistemología y morir deprimido.

Pero es que ahí que está la gana de adscribirse a una verdad. Probarla. Meterse a una corriente específica, designada, comprobada y aprobada que permita aproximarnos a una verdad que nos de la chance de sentirnos poseedores del Conocimiento Absoluto. Por muy torturado que te sientas, aun te queda el consuelo de creer que sabes más que los demás. Y puede pasar, no se niega que, en efecto, sepas más en ciertas esferas del conocimiento pero eres un pobre pelotudo en otras y no alcanzas a ver como a otras personas les funciona ser simples religiosos, o personas supersticiosas, o científicos y filósofos que se aprenden de memoria párrafos enteros de pensamientos ajenos, o tantas cosas de entre demasiados etcéteras. Y te sientes superior, aun cuando ambos están al mismo nivel.

¿Cuál es la mejor manera de manejar la tensión que ocurre cuando tu verdad, sustentada por tus mentiras, es confrontada por la verdad de los otros, sustentada por sus propias mentiras? Quizá eso depende de quienes confronten sus opiniones. Efectivamente hay gente que ha de tomar su argumento de forma dogmática y no analizará ni propondrá nuevos puntos de vista, pero siempre hay un punto de crisis, quizá cuando encuentra similitudes, quizá cuando sus verdades tiemblan ante los argumentos de las otras verdades que, para cada uno de nosotros, por supuesto, son mentiras.

Todo es mentira, así como todo es verdad. Todos estamos en lo correcto (pues en la vida diaria todos aplican diferentes filosofías y estrategias, diferentes pensamientos y métodos y les sirven, de alguna manera el método más científico puede ser tan útil como el misticismo más fantástico) y todos estamos equivocados (pues según cada línea del pensamiento son los otros quienes se equivocan, quienes no llegarán a la verdadera plenitud, a quienes tendría que salirles las cosas mal pues lo hacen de la manera equivocada y obtienen, sin embargo, los mismos o, a veces, mejores resultados). Quizá cada línea de pensamiento ha identificado una verdad pero no por ello lo es, simplemente es lo que quisieron llamar verdad o, si se quiere, lo que ellos pudieron comprender de, lo que desean que sea, LA Gran Verdad.

Y nunca la identifican. Parten de la premisa de que buscan una aproximación a la misma y, a partir de ello, llegan a conclusiones absolutistas, no pueden pensar en una idea de verdad inalcanzable al objeto cognosente podría decirse que para todos hay verdades pero nunca sabremos si lo son por el mismo hecho de pensar que pueden no serlo, o que todo es una mentira. La cosa está en que tan bueno eres en defender tus absolutismos, tu ilusión de completitud. No olvidemos un punto importante: la certeza. Los humanos viven en la Creencia, confundiéndola con la Certeza. Si es que hay, o no hay, una verdad última es una cosa que está más allá de los esfuerzos humanos: es un simple “no lo sé”, o un escueto “que se yo”… y por eso el humano elije ampararse en su creencia creyéndola certeza, incluso todo lo que digo precisamente aquí, o lo que sea que concluyó quien sea que haya leído estas palabras, son formas de lidiar con esa angustia de no poder aprehenderlo todo, con la imposibilidad del conocimiento absoluto, con el poco control que tenemos sobre la realidad, nosotros, los reyes y reinas de la creación.

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Especulemos con la imagen

Hay inseguridades que pueden terminar por asesinar lo que nos queda de valientes. Pero, eso sí, las inseguridades son madres de muchas dudas y más de un arrepentimiento. A las inseguridades no se les puede decir “FUCK YOU” así nomás, pues incluso al hacerlo se asoma un pequeño atisbo de reconocimiento de la propia mentira, después de todo no es fácil reconocer las flaquezas en uno mismo y tutearlas con la convicción del deseo de ustearles. A las inseguridades se las tiene arraigadas en algún lugar del ser, se ocultan en plena vista cizañando a las creencias, dinamitando los egos, ocultándose en las certezas y bien protegidas por mentiras que desearíamos que fueran verdades. Una persona, como tú o como yo, es esa que va por la vida verborreando extensos monólogos internos, preguntándose si debió comerse la torta del desayuno antes o después de vomitar, desvelándose por alguna frase malintencionadamente inocente que alguien dijo, repitiendo las palabras de un rechazo, incrédulos ante las aceptaciones, decididos ante sus apariencias pero de nuevo desinflados frente al espejo. Las inseguridades son como los desconsuelos, no se van sin dejar huella.

O cicatrices, si se prefiere el drama. Como sea que se lo llame, es una impresión fuerte el recordar cosas que no hicimos bien o no hicimos para nada solo para ponernos a mirar al suelo (algunos por segundos, otros por minutos) para dedicarnos a sabotear con alguna memoria estúpida, o un pensamiento disfrazado de sentimiento, nuestra regalada gana de hacer algo. Mustios o arrogantes nos apartamos de actos para ceder a los insultos de alguna inseguridad de turno. Arrepentidos nos largamos a odiarla a la Inseguridad (pues siempre hay un iluso que cree que hay una sola, así como está el necio que se cree libre de ellas) y a disfrutar de sus hijas, las dudas y su prima, el Arrepentimiento.

Por supuesto que hay quienes se amparan en la deliciosa femme fatale, la Mentira. Esos que se sienten tan seguros que, aun así, dudan de que alguien pudiese romperle la crisma a sus creencias. Si nos movemos en la lógica de la patraña social, pues obviamente somos todos perfectos copos de nieves, únicos, luminosos, comunicativos y completos. No es que critique a la mentira, sería imposible dado que es la misma mentira la que nos permite continuar con nuestras vidas, pero intentando nombrar a la verdad diré: “todos mienten, y sabemos que nos creemos nuestras mentiras.” ¿Quién mejor que uno mismo para venderse la Más Gran Patraña del Mundo? Hay quienes, con tal de ignorar a sus inseguridades, se compran Chocolates Calientes para el Alma y lo beben con esa forzosa lentitud de no un, si no EL Secreto (a gritos) que les da Paz a sus Vidas, sensación de que nada anda mal, que Dios o Alá o Quién Corresponda los mueve como lindas marionetas. Los humanos preferimos vivir en la mentira de la completitud, en el engaño de la creencia absoluta ¿Quién puede culparnos? ¿No es el mundo un Real tan atemorizante que necesitamos escudarnos en mentiras imaginarias, en símbolos omnipotentes que nos salven de la Verdad con muchas otras verdades? ¿No es verdad que si ese Jesús de la biblia hubiese dicho “que lance la primera piedra quien esté libre de inseguridades”, Magdalena habría perecido 2 minutos más tarde sin más trámite?

Es cierto que la gran mayoría dirá que las inseguridades son algo “malo”, que los inseguros nunca llegan a Roma o alguna sandez de esas. Lo cierto es que tendemos a etiquetar de “bueno” o “malo” muy rápidamente. Hay inseguridades que pasan por prudencia, así como hay inseguros que posan como calculadores. Es un error saltar a etiquetar a las inseguridades, después de todo ¿hay algo absoluto en la vida? ¿Es correcto decir que mi verdad es la tuya y la de todos los demás? ¿O simplemente nos gustaría, pues así lo creemos, que todos pensasen como pensamos? ¿Es tan imperdonable algo como dudar de uno mismo? ¿Puede un humano alcanzar omnipotencialidades sin metamorfosear a las mentiras en verdades? Entonces ¿por qué nos torturan tanto nuestras inseguridades? Simple. Son ellas las que se encargan de limitar el alcance de las mentiras que lanzamos sobre nuestro ego. Pero esa es mi mentira, digo mi Verdad.