Posts etiquetados ‘Sentimiento’

Rumi

Quisiera poder indirectearte sin que otras se sientan aludidas. Me gustaría poder dar rienda suelta a todas aquellas pasiones encadenadas que se desviven por ti, que te sueñan, que imploran por ser reconocidas y validadas. Sería agradable poder dejar el secretismo de publicar imágenes, frases, canciones, todas dedicadas a nadie pero siempre pensadas para que lleguen a ti. Son esas indirectas que siempre lanzo y que todo el mundo parece tomar como suyas. Obvio. Los cripticismos tienen la mala costumbre de ser abiertamente interpretables, y la gente tiene la horrible necesidad de encontrarse en las palabras de los demás. Pero las indirectas son la maldición de los romanticones amargados. Son como soñar sabiendo que no se debería. Reprimirse se vuelve fácil una vez que se acostumbra uno a las derrotas.

 
Pero es injusto darle ese enfoque. Incluso suena como una de esas quejas de gente molesta que no tiene nada mejor que hacer que lamentarse porque su vida apesta. Quizá en un punto si lo es, porque hasta en eso indirecteamos loGraham Greene, The End of the Affairs romanticones amargados. Por algún lugar tiene que salir nuestra frustración, así como nuestros sentimientos mal guardados. Es pura histeria. Si uno indirectea es porque se muere porque se descubra la verdad tras los velos en los que se oculta. Si yo te indirecteo tanto, es porque me gustaría que algún día pudieses ver a través de todo y descubras eso que no quiero decir, eso que susurro a gritos tan patéticamente. Que me veas a mi sin las máscaras que recubren mis acciones, pero porque tú te esforzaste por descubrirlo. Al fin y al cabo, las pasiones intensas anhelan ser correspondidas con más de lo que ellas dan. Y lo que yo quiero es que me veas con los mismos ojos con que yo te veo a ti: como a ese ser único, increíble, especial que colma mi mente en cada charla que tenemos, que me llena de drama, tragedia, euforia y risas con pocas palabras, que me llena de impaciencia con sus silencios y me hace desear ser interesante al menos un rato para poder estar a la altura de semejante giganta, de alguien que vive tan intensa y reprimida, tan sentida e ignorada, que se ama, que se odia. Tan intensa e imperfectamente humana que me maravilla.

 
Así son las cosas que por ti siento: intensas. Por cada sorpresa que me brindas, por todas esas palabras que salen de tu cabeza, por como las juntas y ese tu modo de eJohn Steinbeck, East of Edenxpresarlas, por todo lo que me dices que sientes y todas las cosas que callas, por tus amores que me despiertan celos ridículos, por tu distancia física y tu encierro emocional que apenas puede contener la mar de angustias, penas, inseguridades, cariños, deseos, anhelos y todas esas maricadas que a mí tanto me gustan. Y es una intensidad que tú, sin querer (y no creo que, si supieras, lo querrías), alimentas con cada ausencia, con cada silencio, con cada secreto, charla, imagen, canción, programa, video, sin notar que le das alas a tu amante más aguerrido y cobarde, a tu fanático más leal, a tu stalker más terrorífico, a tu amigo más incondicional, al único hombre que nunca hará nada para dañarte.

 
Pero esta indirecta ya se está tornando demasiado obvia. Este escrito es el peor ejemplo de histeriqueo que jamás he escrito pero, últimamente, hay tanto silencio que necesitaba romperlo aunque sea un poquito. Aun a riesgo de que lo leas y te asustes, aun a riesgo de que otras lo lean y se sientan aludidas erróneamente, o de alguna de esas mofas crueles que se hace a las cursilerías. No los culpo, incluso yo odio a las re malditas y predecibles cursilerías. Pero ni modo, no se puede negar lo que uno siente. Y de tanto callarlo cuando charlamos, al menos quiero darme el gusto de escribirlo. Pese a mis amarguras, a mi pesimismo y a mi inevitable mala costumbre de ser realista. Además que es la segunda semana que vuelvo a escribir, después de tanto tiempo, y quise que estuviese dedicado a ti. Aunque no sepas quién eres.

tumblr_mo6s2kkP3C1qz6f9yo1_500

Anuncios

“All that’s left is the proof that love’s not only blind but deaf”

The Artic Monkeys, Fake Tales of San Francisco

El sentimiento más nefasto tiene que ser ese llamado “enamoramiento”.  Hay quien dice que es discutible si algo así como una infatuación romántica puede ascender a los rangos de un sentimiento, pero yo digo que solo los soberbios y arrogantes tienden a jerarquizar las posiciones de lo que debería ser o no llamado un sentimiento, al fin al cabo ¿no es sentimiento una palabra más abstracta pero aun así similar a emoción? ¿Quién dijo que enamorarse es mejor que excitarse o, lo que es igual, que el sentimiento es superior a la emoción? Pero más allá de esa discusión, y por fines prácticos, quedémonos con que enamorarse es un sentimiento al que vengo a clasificar como nefasto. Y eso porque, sin duda alguna, no hay cosa más angustiante que enamorarse.

No nos confundamos, es posible que haya quienes lean esto y salten, con esa predecible pequeña rabia de quién se siente atacado, pero solo saltarán por esa costumbre a romantizar las emociones, esa creencia que el amor es a primera vista. Siempre he odiado esa pinche frase: “Amor a primera vista”, uno no va por ahí elevando a cualquiera, con quien se cruce por la calle, de extraño a amado, solo porque le gustó como le quedaba la minifalda o porque es alto y apuesto ¿se podría negar que esa ligereza con que nombramos al amor no es otra cosa que excitamiento? Sin ir muy lejos, amor es algo que ocurre después del enamoramiento, no es el enamoramiento mismo.

Hay quienes salen de sus casas, un día X o Z, y caminan con la certeza de la normalidad y es ahí que cuando menos lo esperan, pero si lo desesperan, que ven un par de buenas piernas o unos ojos fulgurantes y sienten un intenso malestar por el estomago (o más abajo si nos sinceramos), caminan confundidos con sus certezas temblando hasta que encuentran una cara amiga y después de cumplir con famoso contrato social van y le sueltan “Oye, Fulanito creo que estoy enamorado”. Ya después de verbalizarlo, todo se divide entre los que sin darse cuenta aceptan que ello no es más que el imperioso deseo de su genitalia y los otros que se lanzan a soñar los sueños más alocados de romances y otros infiernos. Es curioso como algo como el encontrar a alguien atractivo puede convertirse en un viaje tan romantizado. Eso se ve cuando a los primeros se les empieza a confundir en la cabeza si están con ganas o si es que quieren tener a quien miraron solo por conquistar o ser conquistados, y también se ve cuando los segundos eliminan todo resquicio de la persona que miraron y se crean una nueva, enterita y parecidísima pero pensada para ser algo tan imposible como la perfección hecha persona.

Llamar enamoramiento a este proceso no es más que una justificación. Al enamoramiento se lo reviste de amor con la excusa patética de poder escapar al tabú del deseo sexual, sin darnos cuenta que caemos en la mentira de forzarnos a exaltar a un paroxismo injusto, si no insulso, a algo tan común como la superficialidad de la atracción física. Enamorarse no es más que interesarse en otra persona por algún motivo indefinible, enamorarse no es más que brindarle más atención a alguien en comparación a los demás, enamorarse no significa haber sido tocado por el destino. Enamorarse está exento de amor.

Amar ocurre en otro momento, un “te amo” se escapa cuando algo se mueve en uno pese a que hemos visto lados oscuros de una persona (y no hablo de esos lugares donde no llega el sol), el amor no se fundamenta en el romance, ni en la atracción, pero no está exento de ellos.

“Todo enamoramiento nace de una elección fraudulenta” dijo Xavier Velasco en Puedo Explicarlo Todo. Frase que toca ciertas venas importantes del asunto. Todos alguna vez hemos pensado en la inevitabilidad del amor, creímos que uno se enamora inevitablemente, sin nunca saber cómo o de quien o en qué momento. Lo cierto es que si bien uno no controla de quien se siente atraído, hay un momento breve en el que nos dejamos llevar por una elección shakesperiana: ¿Enamorarse o no enamorarse? Que en sí es preguntarse: ¿Joderse o no joderse? Midiendo esa disposición a que lo racional pierda poder, rendirse a la salvajía de esos sentimentalismos ilusorios que la televisión (gran chivo expiatorio) se ha encargado de reforzar. Joderse al revestir una linda vista en ese único ser elegido por el destino al que quisieras llamar: “amorcito”, embatiendo a ciegas y sin saber porque, con oídos sordos a los defectos o las dudas propias, manejando sin frenos al peñasco del romance.