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De pasada leí el texto que se reproduce más abajo y no pude evitar preguntarme “¿Qué tan mal esta esto?”:

“En una isla estaban todos los sentimientos. Un día pasó un barco para salvarlos, todos corrieron. El amor como es el más amable e ingenuo, dio lugar a que todos subieran primero. Pero cuando él quiso subir, el barco ya se había marchado. El amor pidió ayuda, grito y nadie lo escucho… El amor comenzó a llorar, luego paso el “tiempo” y lo salvo. Cuando el capitán del barco se dio cuenta, volvió a buscarlo, pero ya era tarde… El amor ya no estaba. El tiempo se lo llevo”

A ver. Vamos por partes.

“En una isla estaban todos los sentimientos.” Creo que esa es una de las mejores descripciones del infierno que jamás podrán ser escritas. Lo malo es que en el texto no se lo enfoca de esta manera. En el texto sirve para meramente aludir a un imposible: todos los sentimientos antropomorfizados conviviendo en un espacio físico.

“Un día pasó un barco para salvarlos, todos corrieron.” ¡Qué barco más metiche que se mete a salvar a quienes no desean ser salvados! O ¿por qué correrían? Claro que ese es el sentido que puede ser captado por la construcción pobre de la frase. Lo que en realidad quiere decir es que los sentimientos corren hacia el barco, como desesperados por salir de ese infierno, terminar de una vez de convivir los unos con los otros. Odiadores de la compañía, amantes de la soledad. ¿Quién se anima a negar que los sentimientos son unos egoístas? O cuando menos unos egocéntricos.

“El amor como es el más amable e ingenuo, dio lugar a que todos subieran primero.” Esta es una de las concepciones más romantizadas (ergo humana) del amor. El amor no es amable. Siguiendo esa tendencia del antropoformismo diré que el amor es un niño sádico que tortura nuestras cabezas con sus juegos y se ríe ante cada intento que hacemos de ignorarlo. Incluso cuando hacemos las paces con él, nunca deja de ser ese verdugo en ciernes que busca el momento oportuno para mejor cagarnos el humor. Ingenuo: ¡Sí, claro! El amor no es una cosa horrible, como tampoco es un asunto hermoso. Es angustiante, trabajoso, es gozoso, es el más egoísta de los sentimientos (pues nadie comparte al ser amado), está lleno de satisfacciones, pero también de frustraciones, de sufrimientos condicionantes, de alegrías infinitas que se terminan muy pronto; el amor es demasiado enorme como para reducirlo a un algo cándido.

“Pero cuando él quiso subir, el barco ya se había marchado.” Esta parte esconde una verdad interesante. Si te tardas, si le das tiempo al tiempo, el amor se aburre y se va. La victimización del amor en este texto no deja ver al amor como el impaciente bastardo que se aburre fácil, que en realidad es. Si en un primer momento uno no mima al amor, lo más probable es que se vaya en cualquier otro barco que pase.

El amor pidió ayuda, grito y nadie lo escucho… El amor comenzó a llorar, luego paso el ‘tiempo’ y lo salvo. Cuando el capitán del barco se dio cuenta, volvió a buscarlo, pero ya era tarde… El amor ya no estaba. El tiempo se lo llevo.” A una gran mayoría le gusta pensar que el tiempo es una de las mejores soluciones a gran parte de los problemas en la vida. Y no hay como negar que, en ciertos casos, tienen toda la razón. Pero con el amor todo es diferente. Siempre. Si bien, a veces, permitirle al tiempo que arregle las cosas funciona, la mayor parte del tiempo eso solo causa sismas insalvables, metidas de pata que solo distancian. Quien ha amado sabe que el amor necesita de dos cosas para mantenerse estable: actos e insistencia. A eso hay que añadir que el amor es una diva exageradamente egocéntrica pero muy inteligente (rara combinación), quien se resentirá ante los distanciamientos temporales (mismos a los que secretamente nombrará como “abandonos”) y sustituirá sin mucho trámite a quien no le brinde un poco de su droga: atención.

Por supuesto que uno corteja al amor como mejor puede, o quiere, o sabe. Ello no significa que esté bien victimizarlo, o creerlo cándido, por ese antojo de querer disfrazar al amor de algo que nunca será: bonito. O en ese empeño de desprestigiarlo como algo que no es: horrible. El amor es terrible, es jodido, es cruel, pero eufórico. El amor no es simple.

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Rumi

Quisiera poder indirectearte sin que otras se sientan aludidas. Me gustaría poder dar rienda suelta a todas aquellas pasiones encadenadas que se desviven por ti, que te sueñan, que imploran por ser reconocidas y validadas. Sería agradable poder dejar el secretismo de publicar imágenes, frases, canciones, todas dedicadas a nadie pero siempre pensadas para que lleguen a ti. Son esas indirectas que siempre lanzo y que todo el mundo parece tomar como suyas. Obvio. Los cripticismos tienen la mala costumbre de ser abiertamente interpretables, y la gente tiene la horrible necesidad de encontrarse en las palabras de los demás. Pero las indirectas son la maldición de los romanticones amargados. Son como soñar sabiendo que no se debería. Reprimirse se vuelve fácil una vez que se acostumbra uno a las derrotas.

 
Pero es injusto darle ese enfoque. Incluso suena como una de esas quejas de gente molesta que no tiene nada mejor que hacer que lamentarse porque su vida apesta. Quizá en un punto si lo es, porque hasta en eso indirecteamos loGraham Greene, The End of the Affairs romanticones amargados. Por algún lugar tiene que salir nuestra frustración, así como nuestros sentimientos mal guardados. Es pura histeria. Si uno indirectea es porque se muere porque se descubra la verdad tras los velos en los que se oculta. Si yo te indirecteo tanto, es porque me gustaría que algún día pudieses ver a través de todo y descubras eso que no quiero decir, eso que susurro a gritos tan patéticamente. Que me veas a mi sin las máscaras que recubren mis acciones, pero porque tú te esforzaste por descubrirlo. Al fin y al cabo, las pasiones intensas anhelan ser correspondidas con más de lo que ellas dan. Y lo que yo quiero es que me veas con los mismos ojos con que yo te veo a ti: como a ese ser único, increíble, especial que colma mi mente en cada charla que tenemos, que me llena de drama, tragedia, euforia y risas con pocas palabras, que me llena de impaciencia con sus silencios y me hace desear ser interesante al menos un rato para poder estar a la altura de semejante giganta, de alguien que vive tan intensa y reprimida, tan sentida e ignorada, que se ama, que se odia. Tan intensa e imperfectamente humana que me maravilla.

 
Así son las cosas que por ti siento: intensas. Por cada sorpresa que me brindas, por todas esas palabras que salen de tu cabeza, por como las juntas y ese tu modo de eJohn Steinbeck, East of Edenxpresarlas, por todo lo que me dices que sientes y todas las cosas que callas, por tus amores que me despiertan celos ridículos, por tu distancia física y tu encierro emocional que apenas puede contener la mar de angustias, penas, inseguridades, cariños, deseos, anhelos y todas esas maricadas que a mí tanto me gustan. Y es una intensidad que tú, sin querer (y no creo que, si supieras, lo querrías), alimentas con cada ausencia, con cada silencio, con cada secreto, charla, imagen, canción, programa, video, sin notar que le das alas a tu amante más aguerrido y cobarde, a tu fanático más leal, a tu stalker más terrorífico, a tu amigo más incondicional, al único hombre que nunca hará nada para dañarte.

 
Pero esta indirecta ya se está tornando demasiado obvia. Este escrito es el peor ejemplo de histeriqueo que jamás he escrito pero, últimamente, hay tanto silencio que necesitaba romperlo aunque sea un poquito. Aun a riesgo de que lo leas y te asustes, aun a riesgo de que otras lo lean y se sientan aludidas erróneamente, o de alguna de esas mofas crueles que se hace a las cursilerías. No los culpo, incluso yo odio a las re malditas y predecibles cursilerías. Pero ni modo, no se puede negar lo que uno siente. Y de tanto callarlo cuando charlamos, al menos quiero darme el gusto de escribirlo. Pese a mis amarguras, a mi pesimismo y a mi inevitable mala costumbre de ser realista. Además que es la segunda semana que vuelvo a escribir, después de tanto tiempo, y quise que estuviese dedicado a ti. Aunque no sepas quién eres.

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